ene 15 2013

Carne trémula: Un paso adelante

La frescura, transgresión y profesionalidad de Pedro Almodóvar no son las mismas que al comienzo de su carrera. Su genialidad, seguramente, sí lo es. Antes oculta por la falta de experiencia; ahora suelta y desbocada. Todo artista sufre una clara evolución en su obra a medida que va creando. Se madura. Si tuviesemos que buscar un punto de inflexión entre el Almodóvar primero y lo que ha llegado a ser, con casi toda seguridad, tendríamos que pararnos en Carne trémula. Es la película que define un cambio sustancial entre una etapa y otra, entre las primeras pruebas en distintos aspectos de su cine y lo que es ahora. Por esta razón ya es una película importante. Pero, además, es uno de los mejores títulos del director manchego.
Almodóvar escribió el guión junto a Ray Loriga y Jorge Guerricaechevarría, siendo el germen la novela de Ruth Rendell. Seguramente, por ello (por partir de un texto escrito anteriormente) los giros argumentales son menos bruscos o rebuscados y la coherencia narrativa es algo distinta que en los trabajos anteriores. El azar es uno de los ingredientes fundamentales de este libreto y es una pena porque la confianza en este recurso es exagerada y algunos encuentros, algunas casualidades, resultas forzadas. Pero, en general, el texto tiene buen tono, frases inteligentes, humor muy de Almodóvar y un remate que resulta verosímil. No hay que hacer un esfuerzo exagerado para dar credibilidad a la película.
El arranque es fascinante. Penélope Cruz, Pilar Bardem y Alex Angulo llenan la pantalla con el prólogo emocionante, divertidísimo y anunciador de otra de las particularidades de Carne trémula: Madrid es un protagonista más que Almodóvar mira y enseña con devoción.
La cámara se mueve, durante todo el metraje, con elegancia. Y no deja de moverse; su ir y venir es constante; los planos de todo tipo se alternan en un intento de búsqueda de nuevas tonalidades. Del plano picado a los primeros planos indagando en la psicología de los personajes. Parece bailar al son de la música de Alberto Iglesias que presenta una partitura calmada, arrebatadora. Destaca, también, el tema que se inserta en la banda sonora original interpretado por Chavela Vargas, Somos.
Como de costumbre, la dirección que realiza Pedro almodóvar con los actores y actrices es fantástico. En especial con los secundarios. Ángela Molina está inmensa, guapa, cautivadora, graciosa, creíble y contenida. José Sancho interpreta el que, tal vez, sea el personaje más áspero de todos los trabajos de Almodóvar. Defiende el papel con astucia y una profesionalidad impresionante. Cuando aparece en pantalla se intuye algo grande. Ya he dicho que Penélope Cruz, Pilar Bardem y Alex Angulo, en pocos minutos dejan boquiabierto a cualquiera.
Sin embargo, los principales no terminan de cuajar en sus papeles.Una fría y apática Francesca Neri pasa como de puntillas cuando su papel es de enorme importancia. Y Liberto Rabal está muy por debajo de lo que se podía esperar. Da la sensación de estar en una clase de la escuela de interpretación ensayando una escena. Si tienes al lado a Javier Bardem la cosa se multiplica. La película se estrenó el año 1997. Ya han pasado unos añitos. Y Bardem ya apuntaba maneras. Almodóvar le lleva por el camino perfecto y el actor hace lo que tiene que hacer. El resultado es una interpretación estupenda.
Las escenas de sexo están rodadas con una elegancia y sensibilidad abrumadora. Van envolviendo todo y el clima de tono erótico se puede palpar en su tranquilidad. Un momento de disfrute para cualquier espectador.
Carne trémula mezcla la tragedia griega, el drama moderno y el thriller. El tono en varias fases se acerca al cine negro. Y Almodóvar hace constantes guiños al mundo del cine. Reinventa una escena de Luis Buñuel (aparece en Ensayo de un crimen) y las referencias a Hitchcock o King Vidor, por ejemplo, son muy claras.
Peliculón. Un culebrón que rebosa cine, que apesta a buen cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


mar 19 2011

El Gran Vázquez: Una historia y un personaje

El Gran Vázquez es una deliciosa película de Óscar Aibar que protagoniza Santiago Segura.
Manuel Vázquez fue uno de los dibujantes de tebeos con más talento del siglo XX. Las Hermanas Gilda, Anacleto o La familia Cebolleta son algunos ejemplos inolvidables para muchos españoles.
Estética de tebeo y tonos sepias en la imagen envuelven una trama muy divertida que deja aparecer, en momentos determinados, la animación para reforzar el punto de vista desde donde se narra y que no es otro que el del propio Vázquez. El personaje se va desarrollando entre situaciones disparatadas que forman parte de una vida llena de miserias, de éxito, de bancarrota, de cárcel, de muchas esposas, de más hijos, de carreras delante de los acreedores y de una rivalidad aplastante entre dibujantes. Santiago Segura cumple con su interpretación y el resto de los actores y actrices ayudan a que podamos ver al personaje principal, especialmente el que interpreta Álex Angulo.
No se trata de una gran película, pero sí se puede decir que el buen rato está asegurado. No vemos grandes alardes técnicos aunque tampoco se echan en falta porque la cosa no lo necesita. Vemos un mundo muy particular construido por un ser humano que nunca quiso convertir su talento en un potro de tortura. Vázquez, igual que su personaje de tebeo, era un moroso, un timador y un vividor. Sabía que era el mejor dibujando y poniéndose el mundo por montera; sabía que el dinero sólo sirve para gastarlo y que el vivo está mientras el muerto ya no se entera de nada. La película es deliciosa por muchas razones. Primero por el homenaje que representa a un artista genial. También lo es por esa acidez en los diálogos que se convierten en una enorme montaña rusa que lleva al espectador de la risa a la carcajada y que no le permite un respiro para fruncir el ceño aunque piense en su propio mundo. Y también porque muchos se ven en el personaje, en lo que quisieran ser aunque muy pocos estuvieran dispuestos a reconocerlo. El mundo a tus pies sin que el dinero o cualquier preocupación estén por encima. Muy tentador. Además, El Gran Vázquez, incluye algún ingrediente que falta en muchas películas: quiere ser cine, quiere hacer pasar un buen rato al espectador con inteligencia en su planteamiento, evita contar absolutamente todo para que los detalles (lo que queda por debajo de lo narrado) aparezca ante los ojos de cada cual.
Una película muy entretenida y que pega el asiento de la ficción. Sin tragedias, sin explosiones, sin grandes alharacas. Con una historia. Con un personaje entrañable.
© Del Texto: Nirek Sabal

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sep 13 2010

Muertos de risa: La envidia mata

Recientemente, Alex de la Iglesia ganó el León de Plata a la Mejor Dirección y el Mejor Guión en el Festival de Venecia por su película más personal (o eso dicen los críticos que la pudieron ver) hasta la fecha: Balada triste de trompeta. Bien, no voy a hablar más de ella, pues aún no se ha estrenado (de aquí a Diciembre queda mucho), pero sí voy a hablar de la que, en mi opinión, es la película más oscura e íntima de su carrera: Muertos de Risa.
Nino y Bruno trabajan en un bar de mala muerte, Bruno (un Gran Wyoming espléndido) es el dueño y Nino (Santiago Segura en su línea) es un cantante que más que cantar, suelta gallos y le apasiona Nino Bravo. Por desdichas del destino, su bar acaba entre llamas, y definitivamente arruinados. Estamos en plena época de los 70, donde la televisión empezó a jugar un papel importante en todos los hogares españoles como un medio para reunir a la familia alrededor de este aparato a través de diversos programas de entretenimiento, música, noticias y humor y se buscaba sorprender a las masas con cualquier personaje histriónico sacado de vaya usted a saber. La historia de Nino y Bruno comienza cuando se encuentran con un manager de poca monta(Alex Angulo, soberbio) que monta espectáculos. Dicho manager ve en ellos potencial para el humor así que decide conseguirles una actuación en un local que deja bastante que desear, pero abarrotado hasta los topes. Bruno, seguro de sí mismo, lleva la batuta cantante y parlanchina. Nino, inseguro por sus complejos, no consigue acordarse de ningún chiste. Asi que el primero, en medio de la actuación, y sin perder los papeles, le propinará una bofetada por el noqueamiento de Nino en el escenario. Un golpe de efecto es lo que decide el futuro de nuestros dos payasos. Un golpe de suerte. Ambos conseguirán la cima del éxito (con ironía de bofetada incluida), y llegarán hasta los límites más oscuros e insospechados para satisfacer sus propios egos.
Es una película en la que el humor negro está presente en cada momento, en cada fotograma o línea de guión, sus personajes acaban envueltos en una espiral de envidias y locura entre ellos mismos, incluso se ponen a luchar por el orden de sus nombres en los espectáculos, por el dinero, por las mujeres y un largo etcétera llegando a las manos, pasando por el ataque psicológico y culminando con un fuego cruzado apoteósico. Es un retrato de la España actual, de ayer y de siempre, de lo que hay entre bambalinas, de lo que hay detrás de esa cara sonriente y apacible de cada uno de nosotros, porque lo que en realidad somos es una jauría de envidiosos y acomplejados, unas marujas, un país de pandereta, no hay más que ver la tele o nuestro día a día y es que como dice Bruno en un momento dado…’’Me acabo de dar cuenta que he dedicado toda mi vida a putearte’’, hay gente así, en cada esquina, al lado nuestro, incluso los que no pensamos que son tal; y Alex de la Iglesia lo deja patente en cada obra suya, es su marca, siempre hablará de la envidia en sus películas, del miedo a aceptarse uno mismo, de hecho, su siguiente creación fue La Comunidad (con Carmen Maura, muy grande), otra de esas grandes películas del cine español que hay que ver.
Pasando al plano técnico, destaca una buena dirección de actores, un guión simplemente brillante en el que cada línea es un guiño al espectador, una fotografía bastante destacable, un diseño artístico notable (pues pasan casi tres décadas), y una banda sonora compuesta por Roque Baños que le va como anillo al dedo.
En definitiva, es una de esas películas que no han hecho mucho ruido, quizás porque no fue bien vendida en los medios, o porque, para ser sinceros, a más de uno se le atraganta porque se verá reflejado en algún momento del metraje; pero de toda la filmografía de este director, fue y sigue siendo su obra más completa y personal. Y yo le envidio.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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