abr 6 2012

El sabor de las cerezas: En los límites de la realidad

Las buenas películas, las buenas novelas, los buenos cuadros o las buenas esculturas, siempre esconden algo. Sólo en el momento en el que el observador se da por enterado de eso la obra toma una dimensión única. Lo inolvidable es, siempre, lo que requirió una interpretación. Obra y sujeto se funden por siempre jamás.
Si hay una película de esas que se conocen como lenta, si hay una película en la que debemos poner a funcionar los cinco sentidos, si hay una película que logra con casi nada construir un universo intenso, si la hay, se titula El sabor de las cerezas. Habrá muchas parecidas, incluso iguales, pero esta no podrá colocarse un escalón por debajo de las demás.
Un hombre ha decidido suicidarse. Lo único que necesita es alguien que compruebe su muerte para que le entierre a continuación. Busca a alguien que esté dispuesto a realizar el encargo. Irá encontrando individuos que le amenazarán pensando que la propuesta es otra, que se negarán por miedo, por aferrarse a lo escrito en los libros sagrados, o por tener otras obligaciones. Incluso alguno pondrá como excusa que eso no sabría hacerlo. Sólo uno le dice que le parece bien, pero que mejor sería que no lo hiciera.
Abbas Kiarostami mueve la cámara sin obligaciones excesivas para llevarnos junto al personaje principal por caminos de tierra (no abandona este punto de vista excepto en las secuencias finales que ya no tienen nada que ver con la acción), para descubrir la cartografía de un pueblo como otro cualquiera y en el que se repiten lo que podemos encontrar en cualquier lugar del mundo. Repasa con acierto la condición humana. Y recuerda que el mundo reposa sobre las cosas pequeñas.
Además, añade el director algo sensacional. Logra colocar al espectador en el límite entre la realidad y la ficción. Eso ocurre al final de la película. Muestra la grabación del equipo de rodaje mientras se realizan pruebas de sonido. Y descubrimos, entre el polvo del camino, algo inquietante que nos obliga a replantearnos todo lo que hemos ido viendo.
La película fue ganadora de la Palma de Oro en el Festival de Cannes el año 1.997. No es de extrañar porque, con unas limitaciones técnicas importantes (seguramente arrastradas por un presupuesto ajustado) la película logra, más que de sobra, un objetivo difícil y maravilloso.
No hay versión traducida al castellano, es decir, hay que verla en su idioma original. El persa. Por supuesto, esto es una delicia puesto que la película no pierde un gramo de intensidad y sentido.
Ni una nota musical. No es necesario Ya suena el polvo.
Magnífica película. De las buenas de verdad.
© Del Texto: Nirek Sabal


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nov 16 2011

El viento nos llevará: El mundo entero en un rato

Hay películas en las que parece que no pasa nada. La trama es eso que conocemos como lentita, las imágenes parecen sosas y vacías, los diálogos llegan a sonar superficiales. Todo parece que pasa sin remedio, que el espacio que nos separa de la pantalla nunca podrá recorrerlo nadie. Pero, sin embargo, allí estamos sentados, sin pestañear; interesados en esa falta de movimiento; en ese parón que sufre el mundo durante hora y media. Porque en la pantalla sucede eso que todos los días vivimos en el mundo; porque apreciamos que la realidad se mueve al ritmo que ella marca. La cadencia de la vida ni siquiera la marca el reloj. Mirar la imagen del mundo que llega desde la lírica nos paraliza porque sentimos que la equivocación de nuestra mirada es peligrosa, mortal.
Abbas Kiarostami es un director importante. De mirada original, repetitiva, meticulosa. Lo que debería ser la mirada de cualquier ser humano. No juega a contar historias alejadas del objetivo único del relato que no es otro que explicar el mundo. Se arrima a un pequeño trazo de la realidad y ordena la totalidad de un cosmos desconocido y, sobre todo, mal interpretado. Abbas Kiarostami es un director que podrá gustar mucho o poco, pero es un tipo que sabe lo que hace.
El viento nos llevará es una de sus películas. Excelente. Para muchos aburrida e insoportable. Para muchos la muestra patente de que puede hacer cine (buen cine) sin grandes presupuestos, sin tramas espectaculares o un reparto estratosférico.
La película se desarrolla entre todo un conjunto de elementos contrapuestos. La modernidad llegada a Siah Dareh (kurditán iraní) desde occidente enfrentado a un ambiente rural y arcaico. Las bondades de la naturaleza frente al error continuo de los aparatos modernos. Las carreras, las prisas frente al paso del tiempo que, aunque lento, es continuo. La imposibilidad de retratar la realidad a pesar de intentar modificarla artificialmente porque esa realidad tiene sus propias reglas y son eternas.
Un grupo de rodaje llega al pueblo para grabar el rito funerario propio de esa zona y creencia. Una mujer está a punto de morir aunque parece que nunca llega el momento. El realizador corre de un lado a otro intentando imprimir una velocidad al mundo que nunca alcanzará. Salvo que el mundo así lo quiera no hay nada que hacer. Nunca veremos a su equipo condenado a estar fuera de foco como buena parte de lo que ocurre -por ejemplo, la anciana moribunda o el rostro de la muchacha que vive en el sótano de su casa. Porque el mundo es tal cual. Aunque lo deseemos no podremos mostrar lo que quiere mantenerse oculto o lo que se nos resiste sea por lo que sea, sea lo que sea. Un niño, una vecina que da a luz niños sin inmutarse, el médico que no quiere especializarse para no limitar su campo y poder atender a cualquiera (este es el sabio que el director enseña en todas sus películas disfrazado de lo que toque), serán, todos ellos, compañeros de viaje del realizador. Este se enfada con casi todo, pero, finalmente, acepta las cosas como son; entiende el poema que él mismo recita y que termina con el verso que da nombre a la película. El viento nos llevará consigo. Entiende que la vida es un momento, es efímera; que el tiempo no para y nos llevará a todos sin excepción (la escena final lo resume muy bien cuando el protagonista lanza un hueso encontrado en el cementerio al río y este lo lleva a no sabemos dónde). Pero para ello hay que esperar. Es la espera lo que da el entendimineto. Es la espera el tema de la película. El poema de Forough Farrokzad es este:
En mi pequeña noche
¡Ay!
El viento tiene una cita con las hojas de los árboles
En mi pequeña noche
Amenaza la ruina
¡Escucha¡
¿Oyes la corriente de las tinieblas?
Yo miro distante esta felicidad
Apegada estoy a mi desesperanza
¡Escucha!
¿Oyes la corriente de las tinieblas?
Algo atraviesa la noche
La luna está roja y agitada
Y sobre este techo que a cada instante parece derrumbarse
Las nubes aguardan enlutadas
A derramar sus lágrimas
Un instante.
Y después nada
Detrás de esta ventana tiembla la noche
Y la tierra deja de girar
Detrás de esta ventana algo desconocido
Esta pendiente de nosotros
¡Ah!, tú, verde, todo verde,
Pon tus manos como un recuerdo encendido
En mis manos amantes
Y como un cálido sentimiento de existencia
Confía tus labios a las caricias de mis amantes labios
El viento nos llevará consigo
Kiorastami se apoya en las repeticiones para dejar claro que el mundo puede pasarse si quiere, puede hacerlo a pesar de los deseos de cada individuo. Repetición de secuencias en las que sólo cambia un detalle, planos fijos que congelan una acción muy lenta. Y se apoya en los colores del campo, en los insectos, en pequeños detalles. La naturaleza es la reina de la película. Frente a ella teléfonos y vehículos que no funcionan bien ni cuando deben hacerlo. De todo ello, de esa imposibilidad de captar la realidad como no es, nos deja esta película, un excelente ejemplo de buen cine, de un lenguaje poético construido sobre lo cotidiano.
Es mejor ver la película en versión original. Con la traducción pierde mucho. Además, es igual lo que digan los personajes. Es el mundo el que habla y ese lenguaje lo entiende cualquiera. Presten atención, eso sí, al discurso que tiene el médico. Es fantástico. Y disfruten la fotografía.
© Del texto: Nirek Sabal


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nov 15 2010

Copia certificada: Las dos parejas de Pompeya

Copia Certificada es la primera incursión en el cine europeo del director iraní Abbas Kiarostami, protagonizada por la lineal Juliette Binoche y el barítono Willian Shimell (una de las mejores voces de la lírica actual). Un escritor inglés James (Willian Shimell) se encuentra en la Toscana presentando un libro sobre las copias en el arte. Durante la presentación coincide con una galerista Ella (Juliette Binoche). El interés de Ella por James aparece desde el primer instante que le ve. Con la excusa de su tienda de arte y el libro escrito por James sobre el valor de la copia, la galerista le invitará a visitarla. Durante el dia que pasan juntos, inician una relación extraña en la que simulan ser un matrimonio del que ambos ambos se sienten profundamente insatisfechos, en la que ella reclama una mayor atención del supuesto marido que dedica todo su tiempo al trabajo,debiendo encargarse ella sola del cuidado de un supuesto hijo común. Durante la jornada en la que discurre la película, se plantea qué ocurre con el amor, con el matrimonio, si los sentimientos siguen perdurando pese al tiempo, sobre si se renuevan, mueren o mutan para, tras una crisis en el supuesto matrimonio, llegar a la conclusión de que no pueden estar uno sin el otro . Y ello porque, en definitiva, el matrimonio se sostiene en el tiempo asumiendo que todo cambia, que los sentimientos evolucionan, pero que la conciencia y la voluntad de continuar juntos es lo que hace que la unión permanezca. No sé si esto último es realmente el mensaje de la película en cuanto a las relaciones personales, al matrimonio y al compromiso de dos que unen sus vidas, pero esa es la idea que a mí me transmite. Sin embargo, bajo esta primera idea directa que la película muestra subyace otro tema distinto que, a mi parecer es el auténtico, el que de verdad interesaba a su director, el valor de la copia, de lo que no es original. ¿Vale más una buena réplica que un mal original? El titulo ya nos indica la temática, pero la complejidad del film hace que nos perdamos en esa idea y nos recreemos sólo en la que es meramente anecdótica.

Una película muy compleja pese a que aparentemente es de una sencillez abrumadora. Si la desligamos de las dos ideas que he mencionado (las relaciones perdurables y el valor de lo que no es original, de lo repetido) parece la historia de dos tarados que se inventan una vida que no tienen. Hay un tercer elemento que es fundamental en esta película y que sólo el cinéfilo o el que tenga verdadera memoria cinematográfica y que conozca los clásicos puede llegar a relacionar. Copia Certificada no tiene demasiado sentido si no la ponemos en relación con la película que allá por los años 50 rodó Roberto Rosellini. Me refiero a Te amaré siempre protagonizada por Ingrid Bergman y George Sanders. Solo a partir de la interrelación de estas dos filmaciones podemos entender la de Kiorastami y hacia dónde nos quiere llevar, no podrán evitar pensar que el centro de la película de Abbas Kiarostami es precisamente la de Rosellini. Las escenas, aunque en distintos contextos, son de contenido muy idéntico, una verdadera réplica.
Me explicaré. En la original, Te amaré siempre, Rosellini nos hablaba del amor, sobre el reconocimiento del compañero de vida por encima del hastió momentáneo que las parejas sufren. Esto lo explicaba a través de la historia de los Joyce. Un matrimonio británico que se trasladaba a Italia, para vender una villa que han heredado. Se plantean un viaje de placer pero, en cuanto salen de Londres y llegan a Italia ambos empiezan a experimentar un cambio vital en su relación, empiezan a sentirse como dos extraños. La incomunicación e indiferencia termina por instalarse entre ellos. Acabarán cada uno por su cuenta; ella quiere visitar monumentos, los lugares deliciosos que imagina encontrar; por el contrario, el quiere divertirse con unos amigos en Capri. La relación se torna imposible y en una discusión deciden divorciarse. Un amigo común les invita a visitar Pompeya, una propuesta que no pueden rechazar, lo que hace que, de mala gana, se trasladen hasta aquel lugar. Allí, mientras siguen instalados en su crisis personal descubren los restos de una pareja que quedo sepulta bajo la lava del Vesubio. La conmoción que ambos sufren al ver aquellas personas que permanecerán eternamente unidas crea una fuerte impresión en la mujer. Posteriormente, el vehículo en el que viajan queda atrapado entre las personas y los Joyce desconcertados bajan del vehículo viéndose arrastrados por la multitud hasta que se pierden. Es en ese momento, cuando uno queda sin el otro, al albur de un estado que no controlan, se vuelven a necesitar.
Pues bien, Copia Certificada es la réplica de esta magnífica película de Roberto Rosellini. El mal rollo que se genera entre los cónyuges de Rosellini es el mismo que fingen o recrean los de Abbas Kiarostami; la necesidad de atención que Ingrid Bergman reclama es la misma por la que Binoche batalla toda la película; la impresionante escena en la que el matrimonio de Rosellini tropieza con la pareja fundida en lava y deja a la mujer estupefacta ante la representación de la unión amorosa de dos hasta el final, es similar a la que siente Elle (J. Binoche) frente a la escultura de una mujer que reposa sobre el hombro del amado; el traslado a Pompeya se sustituye por la excursión a un pueblo de la Toscana. Los paralelismos, por no decir la copia, es total y la finalidad, creo yo, generar precisamente el debate sobre la bondad de la copia.
No creo que Abbas Kiarostami quisiera hacer una simple réplica actualizada, un remake adapatado de aquel film, sino que precisamente lo que quería era hacer era una copia que se viera como tal, no mejor que la película original (sinceramente no lo es), sino que nos acerque a la idea de la copia en sí misma, de la reproducción y de la repetición del todo. La línea argumental, si bien es distinta de la original Viaggio a Italia anda a la par.
Una película, como digo, muy compleja. No me ha gustado la sobreactuación de Juliette Binoche quizá porque no consigue transmitir nada. El aspecto físico de descuido con el que la caracteriza el director no me gusta tampoco. Sin embargo, no puedo decir lo mismo de Willian Shimell. Deben tener en cuenta que es la primera película que protagoniza, lo suyo es la opera y al parecer lo pasó francamente mal en el rodaje por la inseguridad que le generaba protagonizar esta película a lado de Binoche. Sin embargo su interpretación de británico estirado, que se cree por encima de todo, en posesión de la distancia que permite medirlo todo ,sin involucrarse ni sufrir; lo borda.
Una película dificil de digerir. Si no se ve relacionándola con la de Rosellini puede que pierda gran cantidad de su interés. De esta relación creo que se debería avisar o, al menos, hacer un guiño, para que el espectador encontrara la relación y dotase, a partir de ello, de un cierto sentido a determinados momentos de la película. Sin conocer la conexión creo que la película queda a medio gas. Pese a todo, estéticamente es una película preciosa, intimista, recreada en el detalle (el permanente pelo despeinado de Ella, en contraste con el siempre correcto James, esos labios pintados con un rojo intenso como la sangre que la protagonista pinta en atención al hombre que tiene frente a ella y termina limpiando en un gesto de renuncia, mil detalles para no perderse). La fotografía esplendida en un entorno encantador en contraste con la dureza de la relación que los protagonistas mantienen a lo largo de la filmación. El paisaje de la Toscana siempre es agradecido y luce como en pocas ocasiones en esta película ciertamente extraña.
Podría concluir que es una película excelente si quisiera dármelas de intelectual que rasca por encima de lo evidente y calificarla de perfecto debut del director iraní en el cine europeo pero, saben qué ocurre, que ni soy una intelectual, ni tengo un buen día. Hoy para colgarle la estrella de peliculón había que currárselo mucho. A pesar de ello, se la recomiendo como un ejercicio mental y como curiosidad. Eso sí vean primero Te amaré siempre de Roberto Rosellini y así le encontrarán la sustancia a la de Abbas Kiarostami.
© Del Texto: Anita Noire

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