jul 6 2010

Identity: Pestiño psicológico

Por más que lo intento no puedo con algunas cosas. Que me hagan perder el tiempo es algo que me irrita. ¿Por qué alguien que quiere contar que un tipo está como una regadera tiene que contar una historia disparatada, mentirosa y aburrida?
John Cusack, Ray Liotta y Amanda Peet, entre otros (da igual quienes sean porque demuestran muy poco talento al interpretar sus personajes) protagonizan Identidad. Una serie de personas coinciden en un motel de carretera. Alguien se los va cargando, poco a poco. De vez en cuando nos cuentan cómo se desarrolla una vista extraordinaria del juicio a un perturbado que será ejecutado al día siguiente. El sujeto se ha cargado a una serie de personas de forma brutal. Y la película, en realidad, nos cuenta esos crímenes. Pero sólo lo sabemos al final de la película. El asesino se carga a sus víctimas pensando que va acabando con las múltiples personalidades que él mismo ha desarrollado. Vale. Esto significa que el director, un tal James Mangold, nos quiere enviar un mensaje profundo y verdadero. Los asesinos son muy asesinos y tener múltiples personalidades es un horror. Impresionante. Para ello monta un lío enorme, deja algunas pistas para el espectador que no las encontraría ni el mismo, oculta lo fundamental y equivoca el suspense con escamotear información para acabar con una explosión de ingenio (ni pizca, se lo aseguro) que deja con la boca abierta a todo el que mira. Por supuesto, tenemos una noche tormentosa, un niño, mucha sangre y cantidad de indicios que hacen culpable a cada personaje. Un paquete de narices.

Desde muy pronto la película ha dejado de interesarme. Más o menos desde el segundo minuto. Y se preguntarán sobre el porqué no he dejado de ver este tostón. Pues porque me lo habían recomendado. Un aficionado a este tipo de películas. Afirma que el género tiene en sus genes este tipo de cosas, que no se podría hacer este cine sin eso a lo que llamo trampas. Y yo digo que no, que eso es un error y conformarse con muy poco. Esto es como intentar justificar una novela de Agatha Cristie al compararla con El Halcón Maltés de Dashiell Hammett. Cada cosa es lo que es. Puede gustar más o menos, pero eso no hace de las cosas mejores o peores. Identidad es un pestiño. Guste más o guste menos. Porque la tesis que maneja no da de sí más allá de enunciarla, porque los actores están extraordinariamente mal, porque el guión está escrito con el culo, porque la fotografía es esa gran desconocida, porque los decorados debieron comprarlos en un todo a cien y, sobre todo, porque para pasar un mal rato gratuito ya tenemos los telediarios. Un gran pestiño.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 1 2010

Memento: Recordando que somos mortales (Memento Mori)

La psicología del ser humano es fascinante y muy compleja. La películas que la abordan son fascinantes y muy complejas (las buenas) o un tostón inaguantable y estúpido (las malas). No suele haber término medio. Memento de Chistopher Nolan es de las buenas. De las muy buenas, muy fascinante y muy compleja.

Leonard Shelby (Guy Pearce) sufre una enfermedad que consiste en no poder generar recuerdos inmediatos (para los más curiosos apunto que se llama amnesia anterógrada, aunque me parece un detalle sin importancia puesto que si la enfermedad se denominase Putisteius Almodabile no cambiaría nada de nuestra percepción). Cada mañana despierta sin saber dónde está, pasados unos minutos no recuerda lo que ha ocurrido poco antes.

Teddy (Joe Pantoliano), Natalie (Carrie-Anne Moss), Sammy Jankis (Sthephen Tobolowsky), la señora Jankis (Harriet Sansom Harris), Catherine Shelby (Jorja Fox) y algún otro, son personajes que van construyendo a nuestro protagonista. Además de un perfil psicológico muy atractivo que yo no sé explicar (si tenemos por aquí algún especialista que deje un comentario por si nos enteramos de algo) la película es un ejemplo maravilloso de la ruptura lineal en la narración y una lección magistral de cómo el espectador se ve envuelto en la propia trama y en su diseño final.

La película narra tres cosas al mismo tiempo. Por un lado la historia de Sammy Jankis y su esposa. Leonard, el protagonista, va contando lo que le ocurrió a ese hombre (padeció la misma enfermedad que él ahora) y a su mujer. Las secuencias se presentan en blanco y negro, la narración es lineal, pero fragmentada ya que nos la presentan en distintos momentos de la película. Vale. Más secuencias en blanco y negro. Leonard intenta explicarse qué le pasa, qué ocurrió desde ese día que aparecen muertos en su vida y pierde la posibilidad de tener memoria inmediata. Leonard es Leonard. Narración lineal. Secuencias en color. Leonard cree seguir siendo él mismo aunque ya no lo es. El director nos lleva a ese momento en que él cambia fundiendo las dos historias. Porque, mientras las secuencias en blanco y negro van hacia delante en la trama, las que se presentan en color retroceden en el tiempo. Y se repiten para explicar lo anterior. Así hasta llegar a ese momento en que el Leonard en blanco y negro se convierte en el Leonard de colorines. Eso de contar al revés la historia y de repetir escenas hace que el espectador tenga que esforzarse por cuadrar las distintas partes de la acción. O se hace ese esfuerzo o no entiende nada de nada.

Leonard apunta todo para tener pistas sobre sí mismo, sobre lo que le pasa. En papeles. O tatuándose la piel. Son anotaciones difusas. El comportamiento de los personajes (de todos) también lo es. No sabemos qué pasa, qué creer, hasta bien avanzada la película.

Finalmente, lo que nos dicen es que el futuro de las personas se dibuja desde el pasado y que si ese pasado se distorsiona, el futuro cambia radicalmente. De hecho, la película intenta mostrar esto narrando desde las causas la historia de Leonard siendo Leonard (permitan esta licencia) y desde las consecuencias lo que nos presentan en color (Leonard ya no es el mismo).

La vida de cada uno de nosotros depende de nosotros mismos si queremos que así sea. Ese es el verdadero mensaje de la película. Es verdad que tenemos la venganza como vehículo para contar la historia, el tiempo es importante en la trama, la identidad personal o la memoria y su papel en la vida. Pero todo eso es un apoyo (sólo un apoyo) para desarrollar una tesis sobre la posibilidad de ser de un modo u otro.

Puede parecer (ya sé que sin ver la película no hay quien entienda una palabra de lo que he dicho) que la película es una especie de tortura para el que la ve. Nada más lejos de la realidad. Es interesantísima, divertida y mantiene un ritmo narrativo espectacular.

Echen un vistazo a Memento si no lo han hecho ya. Vuelvan a disfrutar de este peliculón si tienen ocasión. Y no olviden que ustedes no tienen ninguna obligación que no sea atender a lo que les cuentan, que no es su trabajo sacar conclusiones. Lleguen al final con tranquilidad, sin entrar en un juego que les proponen por si quieren ustedes meterse a detectives, un juego sin solución desde dentro. Sólo desde la butaca de casa la tiene. No se dejen embaucar.


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jun 12 2010

El escritor: Cine y literatura. Mano a mano.

Dice el propio Roman Polanski que “la novela es el guión”. Quizá por eso el novelista Robert Harris no dudó en enviarle su libro El poder de la sombra (The Gosth), después de que fracasara el intento del director de llevar al cine otra de sus novelas. Pompeya.

En alguna otra entrada de este mismo blog se habla sobre la dificultad de trasladar a lo visual, a la pantalla, todo lo que es posible encontrar en un texto escrito. Pues bien, Roman Polanski no sólo lo consigue sino que, en ocasiones, es capaz de transmitir muchísimo más que lo que la novela o guión de origen pueden trasmitir al lector.

Contaba Harris en una entrevista, que trabajar con Polanski en la preparación del guión de cada una de las escenas fue como volver a escribir la novela, pues se detenían en cada una de ellas, las analizaban, las reescribían, las pulían, intentando no perder la propia estructura del libro y desechaban, mejoraban, cada una de ellas, trabajando conjuntamente. Dice Harris que este trabajo tan concienzudo consiguió que la película saliera mucho más reforzada que la propia novela.

Cuenta el novelista, con motivo de la elaboración del guión de esta película, que descubrió que él y Polanski compartían una misma manera de entender la narrativa (en su caso) y la construcción de escenas (en el caso del director),  pues ambos coincidían en entender que frente a la exhibición personal del autor/director  que puede caer en la tentación de crear artificios espectaculares, debe hacerse primar la historia, los personajes y la coherencia entre todo ello.

Me gusta esta manera de pensar, de crear, tanto sea para escribir como para dirigir una película de cine.

Con El escritor nos enfrentamos a una película de tintes propios del cine de Hitchcock. Un escritor (Ewan McGregor) recibe el encargo de terminar las memorias  del antiguo Primer Ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan). En un inicio no le seduce nada la idea, pero acabará aceptando el encargo. Su antecesor fue un colaborador del Primer Ministro que muere en un accidente mientras realiza el trabajo. Él debe trasladarse a la mansión en la que vive Lang junto a su esposa, Ruth (Olivia Williams) y su ayudante personal, Amelia Bly (Kim Cattrall); una isla en la costa este de Estados Unidos, en pleno invierno, con un tiempo absolutamente turbulento. Nada más instalarse en la isla,  un antiguo Ministro del gabinete de Lang le acusará de autorizar la captura ilegal de sospechosos de terrorismo y su posterior entrega a la CIA para que los torture. Estos hechos son crímenes de guerra. La polémica que se genera a partir de la noticia, atraerá a periodistas y manifestantes hasta la isla. El escritor, no se mantendrá ajeno a esta noticia ni a las consecuencias de la misma.

Un interesante thriller político que, algunos han querido ver como un paralelismo con el propio ex -Primer Ministro Tony Blair, pero que el propio escritor de la novela se ha encargado de desmentir, explicando que esa idea bullía en su cabeza desde hacía más de quince años.

Polanski consigue crear un escenario gris, lúgubre que acompaña como nada la sucia trama que nos cuenta. El mal es el centro de este film y el director consigue transmitírnoslo perfectamente. El escritor, ese que no tiene nombre, es un magnífico observador y esa caractarística llega perfectamente al espectador.

Una película técnicamente perfecta. Con un argumento político que, si bien inicialmente puede despistar, engancha desde un primer momento. Y, en el centro de todo, un montón de folios escritos, recogidos por un elástico que, sin quererlo, contiene la cara del mal.

Una buena película. No se les ocurra levantarse de la silla hasta llegar al final. Fíjense bien y ya me dirán quien gana ¿el bien o el mal?

©Del Texto: Anita Noire


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mar 2 2010

Testigo de Cargo

Creo en pocas cosas, en muy pocas. Una de las pocas que tengo coincide con otra de Fernando Trueba. Ambos afirmamos que Bill Wilder es Dios y una de las pruebas que lo demuestra es (también lo afirmamos ambos) “Testigo de cargo”.
Esta tarde, en casa, hemos preparado unas estupendas tazas de café, bajado la persiana del salón hasta dejarlo en penumbra, nos hemos sentado en el sofá, y tras contar: uno, dos, tres, he apretado el botón de “play”. Comenzaban una hora y cincuenta y dos minutos de buen cine, de buena trama judicial que, supongo que debido a la deformación profesional de esta casa, es disfrutada de lo lindo.
“Testigo de cargo” es una obra maestra del cine de suspense. En Londres aparece muerta una viuda millonaria. El presunto asesino, Leonard Vole (Tirone Powell), un hombre sin oficio ni beneficio, de afable carácter, a quien la viuda en cuestión conoció poco antes de morir, hereda su fortuna, lo que le convierte en el único sospechoso del asesinato. El nudo de la película se encuentra en la celebración del juicio en el que la brillante intervención del astuto abogado Sir Wilfrid Robards (Charles Laughton)es espectacular por su despliegue de inteligencia y conocimiento procesal. Como figura contrapuesta al inicial histrionismo de los personajes de Vole y Robards, nos presentan a la calculadora esposa de Volde (Marlene Dietrich), quien mantendrá hasta el final la intriga sobre su posición ante el Tribunal.

Debo reconocer que esta película consigue que esté sin parpadear durante muchos minutos. Es una película inteligente, muy entretenida, divertida por sus golpes de humor increíbles dentro de una trama de suspense tan acusado. La intervención de Laughton es espectacular y la de Marlene Dietrich, a mí en particular, me mata, pues ella es la verdadera testigo de cargo. Un final inesperado, sorpresivo, que no sólo deja a los personajes del film totalmente descolocados, sino que desbarata las tesis que maneja el propio espectador Sólo debo ponerle una pequeña pega, el final, que si bien es sorpresivo, es, también, poco coherente con el hilo argumental.
Ahora bien, que nadie se lleve a engaño, el que espere ir a un Juicio y encontrar ese despliegue de oratoria, medios, y conocimientos del medio va aviado. Lo que en la película se ve nada tiene que ver con nuestro sistema judicial. Pero ese es otro tema.
En cualquier caso, si quieren ver cine del bueno, del que les tendrá pegado en la silla durante casi dos horas, no dejen de pensar en “Testigo de Cargo”, salvo que tengan peligro de urticaria al ver cine en blanco y negro.
Ah! Y disculpen, el final de la película ni mentarlo, ya en la propia cinta se sugería no contarlo a nadie. En la campaña publicitaria de la película, se afirmaba que los actores rodaron el filme sin las últimas páginas del guión o incluso que la Casa Real Británica, que disfrutó de un preestreno privado, había firmado un contrato comprometiéndose a no desvelar el final. Así que ya saben, si les da por verla y comentarla con los suyos, chitón sobre el final.
© Del Texto: Anita Noire


feb 27 2010

La fuerza de los que no están. Rebecca.

De vez en cuando me gusta volver a Manderley para perderme entre los muros de una mansión que contienen los secretos inconfesables de un personaje, Maximillian de Winter (Laurence Olivier) y la imperante personalidad de Rebecca, significando ambos el ninguneo de la joven mujer que aparece en la vida de Maxim. Una mujer que no tiene nombre (Joan Fontaine), que vive a la completa sombra de la mujer muerta en extrañas circunstancias y a la sombra de un esposo atormentado que vive sumido en el recuerdo de su primera esposa. Rebecca, una presencia gigante en toda la película que no se ve, que no se oye, pero es sin duda el personaje principal de la película, el que atormentará a De Winters y convertirá a la sosa, juvenil y dulce “sin nombre” en una mujer decidida, cuyo objetivo final será poner fin al recuerdo de Rebecca para que su matrimonio alcance la felicidad que la presencia de la difunta Rebecca les dificulta.
Espectacular la presencia de la ama de llaves, la Sra. Danvers, convertida desde el primer momento en la férrea defensora de la figura de Rebecca, la verdadera Sra. De Winters. El inmovilismo y la desazón todo en uno para evitar la desaparición de la figura de Rebecca.
De Winters, la imagen del esposo permanentemente afligido, torturado por la muerte de su esposa, contrapuesta a la realidad de un hombre que odiaba profundamente a su esposa, Rebecca, por la vida de corrupción y engaño a la que ambos habían sucumbido por mor a no perturbar la sociedad en la que viven. Una sociedad en la que ambos, encarnaban la imagen del matrimonio y vidas perfectas.
Rebecca es una impresionante, siniestra y desasosegadora historia de amor y de odio, ambientada en un terrorífico paisaje, con una atmosfera absolutamente densa que llega a asfixiar, no sólo a los personajes, sino al propio espectador. Rebecca, una película oscura, inquietante, donde la presencia de una personalidad arrolladora, que no aparece jamás, llenará todos y cada uno de los minutos de esta historia que Hitchcock plasmó magistralmente, consiguiendo hacer comprender al espectador lo que trascienden algunas personalidades brutalmente enormes.
Hitchcock, como siempre, un maestro, con unos personajes perfectamente tramados, en los que sin una sola escena de violencia física, logra mantenernos en un estado de suspense permanente, consiguiendo asustar al espectador con sus constantes insinuaciones de lo que da buena prueba esta película.
© Del Texto: Anita Noire