abr 28 2012

El gran argumento del cine porno

Hubo un tiempo en el que la gente acudía al vídeo club para alquilar películas. Y no eran pocos los que buscaban una copia de Blancanieves y los siete enanitos durante más tiempo de lo normal. Si comprobaban que eran los únicos clientes del establecimiento (esperaban hasta que así era), se acercaban al mostrador para hacer una consulta (¿cuántas veces se habrá repetido?).
- Oye, quería que me recomendaras una película de esas (esto se decía señalando con el dedito las estanterías del extremo y que muchas veces estaban tras una cortina). Pero no quiero una que solo sea de sexo. A ver que puedes darme que tenga argumento. No he visto ninguna en mi vida y no sabría escoger yo sólo.
El dependiente, muy serio, miraba con gran atención hacia las estanterías y salía de detrás de su mostrador decidido. Tomaba una copia y decía que le habían contado que esa película era de las buenas. Él, tampoco, había visto una película así en su vida, pero que tenía clientes que entendían de cine y se fiaba de ellos.
Seguramente, ambos sabían que aquello, ese maravilloso argumento, iba a consistir en lo siguiente: Un tipo llega a una casa en la que hay una mujer. Y sin venir a cuento, como si la cosa fuera obligada, se lían a follar. Eso mismo se repite varias veces y la película acaba sin ton ni son.
Un argumento sencillo. Hoy sigue siendo la historia habitual.
Muchas veces he pensado cómo sería un argumento original y hondo para una película de cine porno. Siempre termino en el mismo lugar. Un tipo llega a una casa en la que hay una mujer. Y sin venir a cuento, como si la cosa fuera obligada, se lían a follar. Eso mismo se repite varias veces y la película acaba sin ton ni son. Pero tengo uno en la cabeza que podría servir, una trama extraordinaria que haría las delicias del gran público.
Este es el resumen que, como comprobarán, es excelente.
Planeta Tierra. Año 2831.
Un solo gobierno ordena el mundo en su totalidad. La superpoblación es tan disparatada que ese gobierno ha prohibido a los humanos mantener relaciones sexuales de cualquier tipo entre ellos. Se declara el onanismo religión oficial y ellos se autoproclaman dioses (como pueden comprender son los curas de hoy los que gobernarían ese mundo futuro). Pero una cosa es la ley y otra cumplirla.
Nuestros protagonistas, dos hombres y dos mujeres (nadie tiene nombre, nadie está registrado en parte alguna y puede desaparecer sin dejar rastro de su existencia) están enamorados. Y lo que tiene el amor es que la cosa termina como termina. Se buscan todo tipo de excusas para poder practicar sexo en todas sus variantes. En pareja, a solas, en grupo, ellas con ellos, ellas con ellas y ellos, ellos con ellos y sin ellas, con la ayuda de frutos tropicales, manejando electrodomésticos, usando productos perecederos, con antigüedades. Aunque (esto es lo más fuerte) están siendo perseguidos. Los policías que les intentan dar caza se suman a la juerga a la primera de cambio como era de esperar. El que se acerca a nuestros protagonistas termina aumentando el círculo de sus amistades. Y el gobierno se viene abajo.
¿A que mola?
Damas y caballeros, el cine porno es lo que es. Nada podrá cambiarlo. Y por muy estupendo o solemne que se ponga el guionista o como se llame a estos señores en cine porno, follar es follar y mirar como lo hacen unos actores frente a la cámara es, también, lo que es. Ni la mismísima Soraya Saenz de Santamaria con esa cara que gasta para hablar y ese tono de solemnidad ridícula lo podría cambiar.
El cine porno forma parte de la colección de tabúes occidentales. Ya saben eso del pecado cristiano que nos ha tenido acojonados durante siglos. Y seguiremos accediendo a él como si fuéramos a destruir el mundo entero.
El cine porno seguirá siendo un trabajo en el que el argumento se reduce a follar de la forma que sea. Ni una línea de diálogo en la que sostenerse porque todo intento de creatividad narrativa se verá eclipsada por unos actores que follan sin descanso.
Además, el que escribe no cree que tenga nada de malo. Mientras no se utilicen niños ni se hagan salvajadas, mientras el sexo sea consentido es más que saludable que quién no tenga nada mejor que hacer se meta, entre pecho y espalda, una peli de estas.
Nada de argumentos, nada de adornos. Follar, que es muy sano.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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mar 16 2012

Qué glande es el cine… (porno)

Si algo me divierte es echar un vistazo a los títulos de las películas porno. Son, en sí mismos, tan patéticos como graciosos.
¿Imaginan que este año otorgaran el oscar a la mejor película de habla extranjera a “Mujeres al borde de un ataque de miembros”? ¿Qué pensarían de su jefe si tuviera como si tal cosa sobre la mesa del despacho una copia de “Sin bragas y a lo loco”? ¿Le gustaría llevar a su amada al cine para ver su cara al descubrir que la película que ha elegido para ver es “Pene Story”? ¿Qué nombre elegiría si fuera el productor de una película? ¿”El silencio de los conejos”? ¿Mejor “El conejo de los corderos”? ¿Le gusta el cine de ciencia ficción (porno)? ¿Cuál de estas películas cree que es la mejor de la historia? (Subraye la que proceda)
1. Star Warras: Episodio X
2. Star Trek: La penetrilogía
3. La Guarra de las Galaxias
4. Porculeitor
Incluso el cine bélico tiene su réplica en el porno. Sí, “El polvo sobre el río kuait” o “La delgada raja roja” han sido infinitamente más taquilleras que las de cañonazos. Bueno, en realidad, todas van de cañonazos.
Como humor no falta en este tipo de cine, podemos encontrar con cierta facilidad motivos para sonreír con “Un pene llamado Wanda” “Makinapaja: semos calentorros”.
En fin, no tienen desperdicio algunos títulos de este tipo de cine. Les dejo los que me parecen más graciosos y, si quieren, pueden dejar sus comentarios. Con semejante materia prima no puede salir nada que no sea disparatado, gracioso o divertido. Y, por supuesto, patético.
- Abierta hasta el amanecer
- Follo sobre mi madre
- Bailando con zorras
- El sexo sentido: Veo gente en bolas (juas, este me encanta)
- Caray con el mayordomo qué largo tiene el maromo
- Arma rectal
- American Puti
- Harry Potter y la minga descomunal
- Los Pichapiedra
- No sin mi polla
- Penetrad a Willy
- Más adentro
- La polla interminable
- Tetanic
Hale, a pensar. Y sean descarados. No pasa nada por soltar alguna barbaridad de vez en cuando.
© Del Texto: Nirek Sabal

oct 27 2011

Las mil y una noches: Millones de sueños

Los sueños pueden llevar a engaño. La verdad completa no está en un sueño, sino en muchos.
Este mar de moralejas exaltadoras del sexo libre de una belleza casi infantil sin escondite para homosexuales ni prejuicios, censuradoras de hipocresías burguesas y criterios sociales y la fascinación por la muerte que obsesionaban a Pasolini predomina en esta película que, más que erótica yo definiría como onírica y que, mediante la historia principal del joven que busca desesperadamente a su esclava, se entretejen otras, sentenciadoras siempre, dónde la máxima radica en un inevitable destino cayendo siempre sobre los personajes y unas lecciones rotundas y directas hacia el corazón humano.
Lo profundo de lo subterráneo, sea en la orilla del mar bajo el peñón de una isla, en la calma del oasis bajo el polvo del desierto, en palacios dorados bajo piedrecitas brillantes, tiendas y azoteas orientales bajo toldos chill-out o moradas pueblerinas bajo estrellas fugaces, sale a la luz sin posibilidad alguna de salvación ni indulto cumpliendo con su función de alianza con el destino sin más cómplice que el encanto, la belleza y el misterio que Pasolini hace de jóvenes asesinando a otros peor predestinados, ladrones del mismo plato de arroz crucificados en idénticas cruces, monjas violadoras soñando con secuestrar en cestas volantes a impúberes aprendices, desesperados y asqueados de su suerte cruzando a solas un desierto que se arrodillan delante de leones gigantes y les piden un fin, la muerte, el que sea. Leones gigantes selectos en almuerzo que sortean devorarse a unos y cumplir los deseos más vitales de otros.
Los cuentos viejos que escuché de mi padre, también viejo, en su cama gigante y vieja de casi dos metros, y que sigo escuchando ahora en mi cama de 1,35, los sueños viejos que padecí en mi infancia y que sigo padeciendo ahora, toda la fábula vieja que quedó archivada en mi memoria y que yo sigo alimentando como una herencia exquisita e imperdible, significa esta película para mí.
Las mil y una noches, cuando la verdad completa está en muchos sueños.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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jul 14 2011

Saló o los 120 días de Sodoma: Un sueño salvaje

Esta película no es más que la transposición cinematográfica de la novela de Sade Los 120 días de Sodoma. Con ello quiero decir que he sido absolutamente fiel a la psicología de los personajes y sus acciones, y que no he añadido nada de mí. Incluso la arquitectura de la narración es la misma: obviamente muy sintetizada. Para realizar esta síntesis recurrí a una idea que Sade tenía en mente: el modelo de Dante. Tuve la oportunidad de reducir, de modo dantesco, en algunas partes, el amplio abanico de días que Sade compuso. Hay una especie de anti-infierno (vestíbulo del infierno), seguido de tres círculos infernales: El círculo de las pasiones, el círculo de la mierda y el círculo de la sangre. En consecuencia, los historiadores que, en la novela de Sade, son cuatro, son tres en la película. El cuarto se convirtió en un virtuoso que acompaña al piano el relato de los otros tres.
En mi fidelidad absoluta al texto de
Sade, sin embargo, añadí una novedad absoluta: La acción en lugar de suceder en Francia durante el siglo XVIII, transcurre precisamente en Saló, alrededor del año 1.944.
Esto significa que toda la película, con sus atrocidades increíbles, casi irrepetibles, demuestran una metáfora de gran sadismo sobre lo que fue la separación nazi-fascista y sus crímenes contra la humanidad.
Blangis, Curval, Durcet y el Obispo, es decir, los personajes de Sade, se comportan exactamente con sus víctimas, como los nazi-fascistas con las suyas: considerándolas como objetos en sus manos, destruyendo a priori cualquier posibilidad de relación humana con ellas.
Esto no quiere decir que muestre todo ello explícitamente en la película. No, repito, no he añadido ninguna palabra a los personajes originales de Sade o cualquier detalle extraño a las acciones cometidas. La única referencia a la actualidad es la forma de vestir, comportarse, su entorno: en resumen, el mundo material de 1.944.
Naturalmente hay una desproporción entre los cuatro protagonistas de Sade con los nazi-fascistas del filme: Diferencias en la psicología y la ideología. Diferencias y también algunas incoherencias. Sin embargo, la función es la de acentuar el clima visionario de pesadilla surrealista de la película. Esta obra es un sueño salvaje, inexplicable, sobre lo que sucedió en el mundo durante los años 40.
Hasta el sueño más lógico en su totalidad es el más incoherente en sus detalles (
Pier Paolo Pasolini, 1.974).
Dicen los expertos que una práctica erótica se convierte en parafilia cuando deja de ser saludable y controlable por el individuo. La teoría del psicoanálisis considera que cualquier trauma infantil puede producir un impacto en el inconsciente que, posteriormente, se traduciría en una práctica neurótica o perversa. El sadismo sexual solo será inofensivo cuando todos los involucrados que participen lo consientan y lo practiquen con todas las medidas de seguridad. Con este reglamento se entendería que la atracción por estrangular a la pareja durante la relación sexual sin llegar a matarla estaría permitida siempre que fuese consentida. Que la excitación producida por el uso de agujas, choques eléctricos, hormigas y gusanos sobre el sexo, cadáveres, ropa sucia, menores de edad, orina, excrementos, etcétera, serían aprobados como saludables igualmente, con el consentimiento de todos los involucrados.
El marqués de Sade aprovechó 37 noches de encierro en la prisión de Bastilla para redactar con detalle, con letra microscópica y en un rollo de papel de más de dos metros de largo, las prácticas sexuales más sádicas de cuatro poderosos libertinos con la ayuda de unas cuantas fosilizadas prostitutas durante 120 jornadas en el castillo de Silling.
Casi doscientos años más tarde, Pasolini aprovecha esta terrorífica novela para desarrollar, de modo cinematográfico, su brutal discurso sobre la corrupción a la que lleva el abuso de poder, haciendo un riguroso paralelismo entre las prácticas sexuales y las nazi-fascistas, ambas aniquiladoras de individuos y con una única misión: lograr la unidad y la subordinación, voluntaria o no, de la población.
Este discurso cinematográfico de Pasolini, que muchos vimos desde el sofá con la esperanza de ponernos atómicos y que nos dejó en la cama aterrorizados, no sólo es brutal por la crueldad de sus imágenes, sino por el tono inhumano de tratar nuestra sensibilidad, por todas esas imágenes que no se ven, las impensables de Sade y las impensables que intuimos de 1.944. No era lo mismo, por ejemplo, aquella película, La vida es bella, de Roberto Benigni, dónde la misma premisa anti-fascista se desarrollaba con el tono de comedia o cuento infantil. Muy meritorio Benigni, pero ni es mi humor el suyo, ni sus fábulas las mías.
El sueño salvaje y surrealista, el anti-erotismo, por desgracia, la libertad ilimitada y el valor de adaptar a cine una denuncia tan rotunda y tan lamentable, la discutible reflexión sobre dónde están los limites en el cine, en la literatura, en el sexo, en la historia de la humanidad, en el cosmos infinito, y la patada en el estómago que todavía padecemos. Apta para todas las sensibilidades.
Mis películas no son eróticas, por desgracia (Pier Paolo Pasolini).
© Del Texto: Sonia Hirsch


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may 19 2011

Historia de O: Inundación erótico-velada

Material inadecuado para algunos usuarios, dice youtube de esta película cuando intento buscar algún pedazo de ella. Parece que la violencia y el mal gusto están mejor vistos que la naturalidad sexual en 1.975. Yo confieso que Internet no me interesa especialmente, y que, por suerte, cuento con una videoteca y biblioteca que me basta hasta, algunas noches, desbordarme.
Historia de O es una de esas noches de inundación erótico-velada, explosivo-fija, mágico-circunstancial. Un cataclismo sentimental que recomiendo en todos los casos y todas las tendencias sexuales sean las circunstancias que sean.
O no es más que la inicial de una mujer que decide adiestrarse en las prácticas sadomasoquistas guiada por su amante René, aparentemente por amor, pero que a mí me suenan a excusas del 75. Sometida a todos los caprichos y mandatos de su amante, O experimenta todos los ejercicios del Marqués de Sade, desde ser amordazada, golpeada violentamente y denigrada dentro de un alo de misterio y depravación que va in crescendo cuando, por órdenes de su amante, comienza una relación de dominación-sumisión con Sir Stephen, que la instruye en el lesbianismo y el sometimiento a otras mujeres, intercambiándose los roles entre ellas mismas.
O, que acaba rindiéndose definitivamente al BDSM, y despreciando a su primer amante, René, acaba seduciendo a su propietario, Sir Stephen, hasta conseguir someterlo apagando su cigarrillo en la mano de éste.
En este tipo de relaciones sexuales, eliminadas del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, dónde el estar arriba o abajo no tiene importancia porque, durante un buen rato, no se sabe muy bien dónde se está, es importante, desde mi punto de vista, delimitar muy bien la línea de lo personalmente nocivo. Con personalmente nocivo, que marco claramente en cursiva, quiero decir que cada uno de nosotros tiene una frontera personal, sentimental, y, en este caso, sexual, que no debería de violar nunca.
Seguramente, mi vecina C, con sólo la mitad de las prácticas sexuales de O hubiese acabado de enferma crónica en cualquier pabellón psiquiátrico. Pero si mi vecina C se inyecta una noche una buena ración de alucinógenos y disfruta practicando el BDSM durante esa madrugada, puede que lo que a mi vecina C le ocurra es que esté infectada de ese microbio fastidioso vulgarmente llamado Prejuicio que brota siempre al amanecer, a la hora de la ducha, cuando ya es tarde para flagelaciones y sólo queda un listín telefónico para buscar el psicoanalista más cercano.
Todo es saludable y conveniente cuando uno disfruta de ello sin alucinógenos, freudismos ni entaponamientos.
En lo aberrante encontramos deleite y placer en lo más detestable. Cada día descendemos un paso al infierno, sin horror, entre tinieblas que apestan (Charles Baudelaire).
© Del Texto: Sonia Hirsch


abr 12 2011

El último tango en París: Yo y mi ego

Unos títulos de crédito iniciales adornados con pinturas de Francis Bacon, y el posterior plano que baja en picado hacia Marlon Brando marcan las pautas de lo que el director, Bernardo Bertolucci, nos retrata en las siguientes dos horas; una historia que va de cómo bajar a los infiernos; la caída de dos seres perdidos en París.
Bertolucci (que firma el guión junto a Franco Arcalli) nos muestra con este relato la falsa ilusión de lo nuevo, lo que llamamos bohemio (un mero estereotipo social, idealizado por muchos, defenestrado por otros), que no es más que la falta de personalidad y de principios; todo ello adquirido por creencias y complejos. Lo que lleva a Jeanne (Maria Schneider), una joven mujer ilusa e inocente a crearse un síndrome de dependencia (tanto fisiológico como psicológico) cuando empieza a conocer a Paul (Marlon Brando), un hombre maduro en sentido físico y aparentemente (en un primer momento) también en lo concerniente al pensamiento; a perderse en una ola de depresión sexual e impersonal. Es decir, un síndrome de dependencia a ese vacío existencial con la fachada del sexo y los fuegos artificiales que produce la figura autoritaria del hombre sobre la mujer.

El director con ello critica cómo el ser humano es completamente manipulable y manipulador según la experiencia del individuo observado desde el punto de vista psicológico y social; de cómo se crean lazos o vínculos con otras personas que son irremediablemente autodestructivos, enmascarado todo ello en un principio con lo que podríamos denominar a modo coloquial buen rollismo. La hipocresía como una forma de vivir y no de pensar.
El hecho de que, tanto Jeanne como Paul, apenas lleguen a conocerse (y no sepan sus nombres hasta el final) retrata una realidad deprimente, frívola, angustiosa, donde impera el placer por el placer, sin tocar el ámbito de los sentimientos ni las causas personales de cada uno; vivir el presente por vivirlo, sin objetivos o metas, y esto es tan aplicable a la sociedad actual como hace treinta años. Bertolucci también nos habla de distintos modos de ver la hipocresía, tanto desde Paul, como del prometido de Jeanne, un joven cineasta francés que vive inmerso en su burbuja fantasiosa, es decir, no importa si se es viejo o joven, la mentira puede estar presente en ambos. El problema es ese cliché social y completamente falso de decirse de que alguien con más edad, es más maduro, responsable y con experiencia. Eso es un error. La mayoría de relaciones que se dan en estos casos acaba como en las películas, uno de los dos personajes cede a la locura del otro, y acaba tornándose en un sin vivir, lo que nos lleva a una sola consecuencia: todo acaba realmente mal. Otro tema importante es cómo se relaciona durante toda la película la sexualidad con la muerte, a medida que transcurre el relato observamos cómo Jeanne va sumiéndose en un pozo sin fondo con cada encuentro sexual debido al autoritarismo de Paul, que la lleva a la sumisión, una imagen nefasta de lo que el machismo puede llegar a hacer, de cómo a través de la psicología (y por qué no, un uso de las ideas y el lenguaje manipulador y satisfactorio) someter a una persona y hacerle creer que no es más que un mero objeto para un fin, o ninguno.
También es de destacar, a modo anecdótico, cómo el director critica el nuevo cine francés que surge entre los 60 y 70, a ese grupo de cineastas vanguardistas llamados Nouvelle Vague, un cine que consideraba vacío y estúpido, y lo hace a través del prometido del personaje de Jeanne.

En lo concerniente al ámbito técnico del film, la fascinante fotografía de Vittorio Storaro entre tonos fríos y cálidos muy contrastados y ese color amarillento que impregna muchos pasajes del relato; así como la música de Gato Barbieri y el buen uso del saxo como un elemento afrodisíaco más hacen de esta, una obra maestra del séptimo arte.
En conclusión, la mantequilla, el altar al falo masculino, el sexo por el sexo y la sodomización quedarán ahí, en la superficie, con los fuegos artificiales (esto es lo que se queda el público mayoritario) de los que hace gala Bertolucci para contarnos una historia que trasciende más allá de todos esos elementos. Y es que el ser humano es bueno por naturaleza, solo se vuelve posesivo y destructivo cuando se convierte en un animal social. Tal y como se dice en un momento dado del film: La libertad es asesinada por el egoísmo.
© Del Texto: Gwynplaine Thor


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nov 3 2010

Homme au Bain: Reflexiones obligadas

El visionado de Homme au Bain nos produce toda una serie de interesantes reflexiones. El problema es que no nos las produce al terminar la proyección, ni siquiera mientras la estamos sufriendo, sino en vez de estar atendiendo a la película, porque nos estamos aburriendo… Pero nos las produce, al fin y al cabo.
La primera de todas es: dónde termina el cine y comienza el video doméstico ¿Cuál es la frontera? Descartemos que dependa del soporte, la calidad de la fotografía o el formato. Ya se considera cine todo lo susceptible de proyectarse en una pantalla.
Una de las delgadas líneas rojas, sin embargo, que separan a una grabación casera de una obra cinematográfica, es desde mi punto de vista, la voluntad de narrar. Una película tiene un planteamiento de base, sea el que sea, con todas las salvedades; un video doméstico se graba sin embargo, sin tener mucha idea de lo que se hace, al azar, por el principio de prueba-error y el resultado es inesperado y normalmente diferente a cualquier idea previa. Dependiendo de ese resultado, que puede ser exitoso, se decide -o no- mostrarlo, y se decide a quien.
Y ese es el principal problema de base de la película. Que se ha borrado esa línea.
Dos hombres emparejados se separan físicamente después de un acto sexual de una brutalidad evidente, pero interpretable. La cámara nos muestra lo que hacen después por separado. Lo que hace Emmanuel (Françoit Sagat), es dedicarse a follar con unos y con otros, pero –por encima de que esto nos interese o no- parece tener un planteamiento previo.
Una cámara doméstica sigue la vida del otro, Omar (Omar Ben Selem), un supuesto director de cine, manejada casi siempre por él mismo, en un viaje a Nueva York con su amiga Chiara (Chiara Mastroiani), que por cierto está horrorosa. Lo que allí les sucede es un video doméstico para ver –y comentar- entre amigos. No con nosotros. Porque el resultado de lo que hacen es el mismo que podríamos obtener nosotros si fuéramos a Nueva York con Chiara Mastroiani, (o solos, para lo que ella hace) siempre –claro- que nosotros encontrásemos también allí alguien con quien follar como Dustin (Dustin Segura-Suarez), un actor con una gran frescura.
Ese parece el resumen de los méritos del director: ser amigo de la Mastroiani (que tampoco es que sea Sharon Stone), encontrar por todas partes chicos con los que follar y que además se dejen grabar (porque Omar no es Shia Laboeuf) y en especial, conseguir la financiación suficiente para contratar al famoso actor porno gay Françoit Sagat -con un físico de una dureza impresionante y cualidades interpretativas ciertas-. Y estrenar.
Eso es todo lo que tiene el film. Y las reflexiones, claro, que continúan. ¿Por qué se hacen tan pocas películas no pornográficas con escenas de sexo explícito? ¿Por qué parecen hacerse solo en Francia (Recordemos Baise-Moi titulada en español sorprendente y acertadamente como Fóllame)? ¿Pasa una película a ser pornografía solo por estas secuencias, o debe de haber algo más como es la tradicional ausencia de guión? ¿Por qué no se ha hecho un corto para contar lo mismo? Como ven el aburrimiento, aliñado con cierta transgresión da bastante juego.
Y ahora, con todos estos ingredientes (y todas estas pollas), ¿Por qué nos estamos aburriendo tanto? No nos vamos a extender. Porque la película es pobre de contenido, está descuidadamente filmada y no tiene calidad narrativa, y porque detectamos algo oportunista que contrastamos en cuanto acudimos a nuestros documentalistas: que el director la rodó como un encargo de la comunidad de Gennevilliers, un atroz suburbio de la periferia parisina, seguramente con la intención de lavar la sucia cara de la banlieue con dinero público, y le pilló promocionando una película en la Gran Manzana con su actriz fetiche. Chiara, claro.
Vamos, como decía mi abuela (y ya sé que éste no es el mejor lugar para recordarlo): ¡Viva la Virgen!
Se agradece la caída de un tabú árabe y el guiño del título y del cuerpo de Sagat a la pintura del impresionista Caillebotte, Homme au Bain y a lo que significó en su momento.
No se cuestiona al Festival Internacional de Cine Lésbico Gai y Transexual de Madrid, en su quincena edición por programarla, es su misión y lo hizo también Locarno; y se excusa el desastre en la impresión de los subtítulos en el Ateneo, porque se pidieron disculpas sinceras y tampoco los diálogos eran abrumadores.
Me aburrí como una ostra.
© Del Texto: Ivor Quelch

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may 20 2010

Life Love Lust: Porno para mujeres


Bill Evans – Emily



Parece que en este blog hemos cogido carrerilla y nos hemos animado a hablar de cine porno. A mí me parece bien, existe una gran producción de cine con alto contenido sexual y no podemos ignorar que tiene una gran cantidad de seguidores, mayoritariamente masculinos, dispuestos a disfrutarlo. Y sí, he dicho masculino porque se diga lo que se diga la sexualidad masculina y la femenina son distintas, ni mejores ni peores sólo distintas, y la mayoría de películas están dirigidas a un público eminentemente masculino.
La industria del porno tradicional ha estado centrada, básicamente, en el público masculino, obviando a todo un sector de potenciales espectadores con igual interés por lo sexual.
Por lo general, las películas porno tiene una estética horrorosa, unos actores más horrorosos todavía y una falta de argumento que acompañe lo visual que tumba de espaldas. Por lo general, la mujer no es protagonista de nada sino que es una simple herramienta, son prototípicas, enfermeras cachondas, adolescentes ardientes, o pendones desorejados en bolas y calzadas con unos monumentales stilletos y nada más. Simples objetos que serán hartamente penetradas sin contemplación, con orgasmos descomunales e inconmensurables felaciones.
A las mujeres también nos puede gustar el porno, pero no el porno que hasta el momento se ha venido produciendo. Como dice la directora Erika Lust, el porno debe abrirse a las fantasías femeninas, a sus deseos y a su intimidad. La revolución femenina está llegando al cine pornográfico. Por eso, porque alguien ya piensa así, empieza a ser posible encontrar buen cine porno donde las historias, porque la hay, la contemplan mujeres reales, con hombres que las tratan como tales, donde la estética y una cuidadísima fotografía hacen, por fin, que el porno ese que contiene escenas de sexo explicito, también pueda interesarnos y mucho.


Erika Lust, licenciada en ciencias políticas, directora de cine, es sueca de nacimiento, barcelonesa de adopción y cuenta en su haber con seis películas porno pensado para mujeres: “Barcelona sex Project”, “Las esposas”, “The Elegant Spanking”, “Jailhousefuck”, “Cinco historias para ellas” y la última producción, aún calentita “Life Love Lust”.
En este último film ““Life Love Lust”, Erika Lust recoge tres historias: LIFE: Una pareja de cocinero y camarera tienen un encuentro de ensueño al finalizar su jornada en el restaurante en el que trabajan. LOVE: una ejecutiva madura seduce a un joven con el que se ve esporádicamente en un hotel de la ciudad. LUST: la sensual Lola da un masaje cuerpo a cuerpo a una chica indecisa y atormentada, llevándola al éxtasis.
Con toda seguridad, en esta película encontrarán sexo, lujuria y pasión. Dejen de lado extremos tabúes, pónganse en situación y dense una vuelta por los Films de Erika Lust, como ella misma nos dice, disfrutaran con la excitación no sólo de su cuerpo sino también de su mente.
© Del Texto: Anita Noire


may 17 2010

9 semanas y media: Puedes dejarte el sombrero

“Famosa estupidez con la que se identificaron los yuppies más cursis”, dice de esta película un tipo, seguramente, más propenso a la pornografía que al erotismo. Por el contrario, a los sensibles que nos pilló hormonando a los 15, atolondrados y ardientes, nos dejó en estado atómico perpetuo.
Ahora, 24 años más tarde, ya no tan atolondrados, aunque igual de ardientes, somos conscientes, es verdad, de la dudosa calidad cinematográfica de una historia que nos puso a mil, que nos amenizó electrizantes masturbaciones en el baño. A todas horas.
El protagonista, que no es John ni tampoco Elisabeth, sino la tenebrosa parafilia del sadomasoquismo con sus exhibicionismos y fetichismos correspondientes, nos enajena y enloquece al enfrentarnos a esa disputa absurda siempre del “quiero” y el “debo”. A la búsqueda de experiencias más fuertes, de una salida de emergencia a la rutina y la eterna repetición contra las aburridas pautas sociales que nos lapidan.
Escondemos ahora, de “maduros” y “desarrollados”, nuestras parafilias de una sociedad artificial altamente ofensiva y dañina. Mucho más que nuestras mórbidas parafilias. Mucho más.
Podemos pasarnos toda una vida buscando a una recién desenmascarada Elisabeth embebida en lubricantes y masoquistas mermeladas. Buscamos a un John que arrase con todos nuestros patrones sexuales establecidos, que nos obligue a transigir a lo bestia a todos los deseos sexuales mil años disimulados. Algunos, incluso, tienen la gran suerte de encontrarlo…
En mi caso particular, de atolondrada y ardiente en los 80, y pasando de las críticas, creo firmemente que Adrian Lyne cumplió su objetivo con esa película. Que no era impresionarme con espectaculares diálogos ni aparotosos planos, qué va.
Y, es que, yo he logrado dejarme sólo el sombrero, que ya es mucho…
© Del Texto: Sonia Hirsch


may 9 2010

El imperio de los sentidos: Castaña Sexopilonga


 

Jacques Loussier – Toccata and Fuge in C Minor Adagio

Son legión a los que les atrae todo lo que está relacionado con Asia. Yo, entre ellos, pero eso, en mi caso, no es significativo. Me atraen por igual los Fiordos Noruegos, la Pampa Argentina y Calatayud pero, lo que es cierto es que tenemos tendencia a creer que todo lo que viene de Asía es refinado, culto, exquisito y delicado, de lo cual tampoco escapan las historia de amor, sexo y pasión.
Como yo soy humana y mortal, no escapo a los estereotipos, así que me asomé a “El imperio de los Sentidos” en su original “Ai-no corrida” pensando que encontraría un película erótica, con argumento, donde el sexo, aunque pudiera ser explícito, fuera tratado con buen gusto y un elemento más de la historia que se contaba. Obviamente, si sólo hubiera querido ver sexo en estado puro habría ido a buscar una película calificada como porno.
Y ahí me tienen, viendo esta historia, de la que creo se podía haber extraído una película genial y que al final nos deja con una historieta contada de una forma totalmente ridícula. Una muchacha, Sada (Eiko Matsuda), entra a trabajar en una casa de prostitutas, donde el amo Kichi (Tatsuya Fuji), es el principal beneficiario de los servicios de las chicas que allí trabajan. Entre ellos se iniciará una relación basada en el sexo, donde los juegos sexuales lo dominan todo y eso es lo único importante. En ella una voluntad enfermiza por poseer al otro, más allá del sexo, que terminará con una situación verdaderamente dramática.
Me aburro soberanamente, una castaña pilonga de película. En el sexo, al menos el que pretende mostrarnos Oshima, está todo inventado por mucho que lo vista con kimono, paneles de papel de arroz y música de shamisen. Si la pasión la queremos transmitir mostrando continuas felaciones, revolcones con explosiones de placer tan fingidas que rozan lo ridículo, el resultado es que no se consigue transmitir absolutamente nada.
Puedo asegurar que el argumento era prometedor, que podía dar mucho de sí, pero es que de verdad que se queda en nada o eso es lo que a mí me parece.

Leí en algún panfleto hace ya algunos años (no puede recibir otro nombre, visto lo visto), que era una película muy espiritual, muy profunda, que fue aplaudidísima en el festival de Cannes, por allá finales de los años 70, pero de verdad a mi me parece un auténtico bodrio, que de profundo no tiene nada, absolutamente nada y que es tan lineal como monótono.
Leí, que en su día, que a su director, Nagisa Oshima, le costó muchísimo encontrar una actriz para encarnar el papel femenino de la historia, hasta el punto que su esposa se ofreció a realizarlo si bien, al final, fue Eiko Matsuda quien interpretó a Sada. Y ello, por lo visto fue así porque, en aquellos años, la censura japonesa prohibía le exhibición órganos sexuales en pantalla y las actrices japonesas temían perder sus carreras cinematográfica si intervenían en una película como la que pretendía Oshima.
Intento pensar un poco en el argumento, en Sada y Kichi, e intentándole sacar mucha punta puedo pensar que esta película contiene una metáfora sobre la lucha entre el amor y la muerte. La utilización del sexo como medio para retener a quien se cree que se puede perder. Debo decir que llegar a esta conclusión me ha costado un gran esfuerzo y dejarme las cejas pensando.
Como película erótica yo no le veo la gracia, al sadomasoquismo que nos intenta regalar, como gesto doloroso para remedirse de la culpabilidad por tener sexo con quien no se desea, tampoco me parece una opción. Sólo se me ocurre decir, tras ver esta castaña de nuevo, que el sexo entre dos personas no debería dar lugar al dolor o la muerte, sino el placer y la vida pero, parece ser, que algunos piensan distinto.
Por último, voy a guardar este bodrio en el último estante de la librería de mis películas, no vaya a ser que a alguien, alguna visita de las que pasan por aquí para ver cine, se le ocurra volver a ponerla en el DVD, pretextando un exotismo o vaya a saberse que, y tenga que soportar de nuevo semejante tabarra.
No pierdan el tiempo, seguro que tienen mejores cosas que hacer.
© Del Texto: Anita Noire