ago 27 2014

Eppur si mueve: La captura del movimiento

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Ver una película, una secuencia de animación, un video, es algo hoy en día tan sencillo como encender la televisión, el ordenador, o ir al cine. Tan fácil, que parece haber perdido ese encanto, esa capacidad ilusoria, ese sentido de excepcionalidad que tenía, sin ir más lejos, cuando éramos niños. No digamos ya cuando los primeros espectadores salían corriendo para evitar que un tren los arrollara. Ahora nos fijamos (y hacemos bien), en la calidad de la historia, la forma de narrarla, en la fotografía, la buena o mala interpretación de los actores. En que sea o no creíble. Tan acostumbrados, como decía, a encender un botón o un proyector y que esté, que ya no somos ni conscientes de la magia que hace que sea posible. Y, sin embargo, sigue estando ahí. Esa misma ilusión de movimiento que tenía encandilados a los victorianos. Esta es una pequeña selección de aquellos juguetes con los que se empezó a re-crear la realidad. Puede que no fuese de forma tan nítida y perfecta, pero era mágica. La mayoría de ellos pueden encontrarse a la venta hoy en día, e, incluso, construirse de forma artesanal sin demasiado esfuerzo. El resultado merece la pena, auque solo sea por ver con ojos nuevos un caballo saltando una valla.

El ser humano necesita la ilusión. Necesita, desde siempre, ese concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos. Conjurar la realidad, despiezarla y crear una nueva. Y es este un proceso tan inherente al mismo, que ni siquiera es necesaria su intervención voluntaria, como sucede, por ejemplo, con los espejismos en el desierto. Hay ilusiones que se escapan a su control consciente. Los sentidos tienden a engañarse por sí mismos. Pero lo que sí ha hecho, desde el inicio de los tiempos, es tratar de provocarlos, bien por supervivencia pura, por necesidad de dominación de otro, o como vía para el desarrollo de la fantasía, tan necesaria también, para que el mundo no sea, siquiera figuradamente, una cueva sin salida. Para excitar la imaginación, que no deja de ser otra forma de supervivencia. Nos fascina lo que nos engaña. Lo que nos engaña, cuando participamos del engaño, con el simple propósito de dejarnos maravillar por lo imposible. No en vano la magia es el arte del ilusionismo. Sabemos que son ilusiones, y, a pesar de ello, nos dejamos arrastrar por ellas. Incluso, por ello mismo, porque sabemos que lo son, y sin embargo. A mí siempre me fascinaron las ilusiones ópticas. Líneas paralelas que divergen, imágenes estáticas que giran, pájaros dentro de una jaula en que no están. Lo que es cierto y no lo es a la vez; lo que está vivo y no al tiempo, como el gato de Schrödinger. O el cine. Claro que sabemos que no es cierto; que la historia a la que asistimos no está ocurriendo de verdad, que los que aparecen en ella no son personas, sino personajes representados por actores, que hay lugares maravillosos que solo existen en la pantalla, y en nuestra imaginación mientras los recordemos, pero, al mismo tiempo, todo ello es real. Y se muestra ante nuestros ojos gracias a una de las ilusiones que más han fascinado al hombre desde el inicio de los tiempos: la ilusión del movimiento.

En realidad, la fascinación por capturar el movimiento, y por crear la ilusión del mismo, es tan antiguo como la existencia humana. El jabalí de ocho patas de la cueva de Altamira no nos habla de una posible realidad en la que los animales tenían más extremidades, quizá por adaptación al medio, sino del intento ancestral de representarlo. Las pinturas prehistóricas ya intentan capturar la realidad de forma no estática, mediante volúmenes y sombras, que a la luz de la hoguera cobraban vida, tratando de aprehenderla. Literalmente, en este caso, pues su supervivencia dependía de ello. Los habitantes de Java, hace más de 7000 años, van más allá cuando crean el antecedente más remoto del cine, creando el teatro de sombras chinescas. Narrar historias es algo consustancial al hombre. Utilizarlas en provecho propio, también. Las 110 columnas del templo de Isis, encargado por Ramsés II en el 1600 AC, tenían, cada una, una figura de la diosa, en una posición ligeramente distinta en cada una, secuenciada, de modo que, si un jinete se acercaba a la suficiente velocidad, veía claramente a Isis moverse. Como mínimo, si no sobrecogido, quedaba convencido de la grandeza del faraón, y de su grado de protección divino. Aún no le habían puesto nombre, pero utilizaba el mismo principio para crear esa ilusión de movimiento que los  «flip-book» o folioscopios, el zootropo, la linterna mágica, y otros inventos y técnicas surgidas para ello, incluyendo el cine actual: el de la persistencia retiniana, que hace que nuestros ojos retengan por un instante la imagen que han visto después de haber desaparecido, y la encadenen a la siguiente, produciendo la ilusión de movimiento. Para lo cual, bien sea mediante un dibujo o una fotografía, el movimiento se secciona, se separan sus partes, que es lo que veríamos si las extendiéramos una a una, y se vuelven a unir en la retina, mediante el uso de un proyector, o algún instrumento que permita que se produzca dicho fenómeno. Como un mago separando en trozos a una persona dentro de una caja, y volviéndolos a unir. Todo sigue en manos de la ilusión, aunque nos hayamos acostumbrado a ella de tal manera que ya ni la percibimos.

1 Linterna mágica

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El primer proyector de la historia. Atribuido al jesuita Athanasius Kircher, debido a la descripción del mismo que hace en su libro Ars Magna Lucis et Umbrae (La gran ciencia de la luz y la oscuridad), cuya primera edición data de 1646. Sin embargo, no fue hasta la edición de 1671 cuando incorpora dicha descripción, doce años después de que el científico holandés Christiaan Huygens lo inventara realmente. Se basaba en el principio de la cámara oscura, y posibilitaba proyectar imágenes en cualquier superficie lisa. Estas eran pintadas sobre láminas de vidrio, que se colocaban en una ranura especial justo antes del objetivo, entre las dos lentes. La luz provenía de una lámpara de aceite. Dichas imágenes representaban secuencias de movimiento, que se desplazaban manualmente. Quien se ocupase de hacerlo, seguro que sentía la misma emoción que yo cuando mi padre me dejaba encargada de colocar las diapositivas en el carro, en los tiempos en que enseñar las fotos de las vacaciones, en vez de en el smartphone mientras tomamos un café, requería un ritual que las hacía cobrar vida en la penumbra de la sala.

2 Taumatropo

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Recién enunciada en 1824 la teoría de la persistencia retiniana, John Ayrton Paris construye este pequeño dispositivo, para demostrar a sus colegas físicos la misma. Consiste en un disco con una imagen en cada una de sus caras, en cuyos extremos se ponen dos cuerdas o gomas que se retuercen mucho, de forma que, al estirarlas, el disco comienza a girar a toda velocidad. El rápido giro crea en el espectador la ilusión óptica de que ambas imágenes están juntas. El taumatropo o maravilla giratoria de Ayrton Paris tenía en una de las caras un papagayo, y en la otra, una jaula vacía, de modo que, al superponerse ambas, lo que veía el espectador era al pájaro enjaulado. Magia. También se atribuye su invención a Peter Mark Roguet, que afirmaba que con él lo que buscaba no era lograr una representación naturalista, sino ilustrar una ilusión, y que veía su juguete como un instrumento que podría ser utilizado para enseñar los clásicos a los niños, con el que se podría, por ejemplo, a la hora de ilustrar La Metamorfosis de Ovidio, mostrar los navíos de la flota de Eneas cambiados en ninfas. Anda que no me lo he pasado yo poco bien ni nada con uno casero.

3 Fenaquistiscopio

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Creado en 1829 por Joseph-Antoine Ferdinand Plateau para demostrar su teoría de la persistencia retiniana, el fenaquitiscopio (espectador ilusiorio) es el primer dispositivo capaz de proporcionar la ilusión de una imagen en movimiento a partir de una secuencia de imágenes fijas. Dichas imágenes estaban impresas o dibujadas sobre una placa circular lisa, que debía verse reflejada en un espejo, a través de un orificio central. Posteriormente, Ferdinand Plateau mejoró el diseño, incorporando un segundo disco coaxial con pequeñas aberturas para sustituir al espejo, a través del cual podía mirar el espectador, y que, rotando a la velocidad adecuada, hacía que pasaran ante sus ojos las imágenes fijas en el otro, de modo que la sincronía creada entre las aberturas y las imágenes provocaba una ilusión de animación de las mismas, especialmente cuando, como descubrió, el número de estas era de 16.

4 Zoótropo

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Inventado en 1834 por William George Horner, y uno de los juguetes más populares de la época, consistía en un tambor con unas ranuras, por las que se miraban las imágenes dispuestas en tiras en su interior, las cuales se unían al hacerlo girar, creando la ilusión óptica de movimiento.

5 Praxinoscopio

Praxinoscopio

Similar al zoótropo, fue patentado por Emil Reynaud en 1877, recibiendo una mención honorífica en la Exposición Universal de París de 1878. A diferencia de este, las imágenes tenían una nitidez asombrosa, gracias a la combinación de espejos rotatorios con los que se complementaba su invento. Reynaud lo comercializó de forma masiva como juguete, con tal éxito, que creó numerosas variantes del mismo: praxinoscopio-juguete, praxinoscopio miniatura, praxinoscopio teatro, con motor, con resorte, con resorte eléctrico, de proyección…

6 Libro animado, flip-book o folioscopio

Libro animado, flip-book o folioscopio

Básico, simple y efectivo. Se dibuja un mismo suceso o personaje, en posturas consecutivas y ligeramente diferenciadas, en el mismo punto de varias hojas. Dichos folios se agrupan y se pasan a toda velocidad, creando la ilusión de que el personaje se mueve, o de que el suceso pasa ante nuestros ojos. El principio básico de los dibujos animados. El primero patentado fue el de John Barnes Linnet en 1868, quien le dio el nombre de kineógrafo. Comenzaban así las animaciones en las que las ilustraciones, al igual que los actuales fotogramas, eran dispuestas de forma lineal, en vez de circular.

7 Zoopraxiscopio

Zoopraxiscopio

Fue tan llamativo el resultado obtenido por Eadweard Muybridge al conseguir realizar la serie de fotografías que demostraban (y zanjaban, con ello, una larguísima polémica) que al galopar, hay un momento en el que ninguna de los cascos se apoya en el suelo, que la revista de 1878, Scientific American incluyó en su número de octubre de 1874 seis negativos ampliados de la misma, sugiriendo a los espectadores recortarlos y montarlos dentro de un zooótropo. Al verlo el propio Muybridge decidió que el resultado podía mejorarse, lo que le llevó a crear un aparato que utilizaba la luz para proyectar imágenes secuenciales sobre una pantalla mediante el uso de un disco de cristal, al que bautizó con el nombre de zoopraxiscopio , y que sería la inspiración para el kinetoscopio de Edison, considerado el primer cinematógrafo moderno.
© Del Texto: Beatriz Silva


feb 23 2014

Cara de ángel: Influencias del cine en una mujer

Desde sus inicios, el cine en Hollywood se presenta como una fábrica de productos para ser consumidos por las masas. Manufacturas, de la que es considerada, la primera industria cultural en la historia de la humanidad.
La exportación de mercancías culturales, es una de las fuentes más importantes de acumulación de capital y de beneficios mundiales para el mercado económico norteamericano y, casi ha desplazado a las exportaciones de bienes manufacturados más clásicos.
(Extraído del interesante artículo, de Sergio Zadunasky: “We speak (and think) in English).

Muy grande, ha sido la influencia del cine norteamericano en mi vida. Intentaré ser ordenada en el relato de los hechos. Mi amiga María Algara, se burla de mí, porque en Facebook, solo comparto fotos de actores y actrices que, ya han pasado a mejor vida. Pero antes, una pequeña reflexión de gran calado: ¿Hace falta, realmente, estar muerto/a para ser considerado divo o diva? Yo creo que sí.
Toda mi vida, me he esforzado en parecerme a esas mujeres fatales, buenas y malas, que aparecían en las pelis en blanco y negro que tanto me fascinan.
La primera que me viene a la cabeza, es Jean Simmons, en Cara de Ángel, dirigida nada más y nada menos que, por Otto Preminger, allá por el año 1952. Ella es Diana, una malvada hijastra, millonaria, delicada y sensual que, intenta engañar a su chófer, el apuesto Robert Mitchum, para ella, un empleado más, conduciéndole a un viaje al infierno, sin retorno.
No me costó demasiado, dejarme unas cejas parecidas a las suyas: Forma muy definida y mucha personalidad, ya que las mías también son bastante pobladas. Lo del flequillo muy corto, dejando respirar a ese par de cejas, sólo fue cuestión de tijeras.
Ahora viene lo más difícil: FUMAR. Sí, porque aunque a casi todo el mundo, fumadores y no fumadores, les parezca algo malo, yo, por mi influencia cinéfila, siempre he encontrado glamurosa esta práctica.Si me tragaba el humo tres veces seguidas, me mareaba y, a la cuarta, me entraban ganas de vomitar. Intentaron intimidarme: aunque no me tragase el humo, si lo dejaba alojado en mi boca, podría acabar con algún tumor maligno en esa zona, pero este, tampoco fue el motivo…
Lo peor del mundo mundial, en relación a mí y, a ese afán por querer imitar, fue mi torpeza y mi pinta de pardilla. Llegué a una dolorosa conclusión: jamás sería, ni de cerca, tan estilosa como la Garbo, la Gardner o la Bacall, con sus sensuales maneras de seducir fumando.
Aún me quedaba enfrentarme a otro gran reto: CONDUCIR. Yo soñaba con ser como ellas, conduciendo un impresionante descapotable de enorme volante por la pacífica (entre comillas), costa de Los Ángeles, huyendo de algún peligro o al encuentro de algún amante furtivo, con fular en ristre, a lo Grace Kelly.
Cuando empecé con mis clases prácticas, allá por los cuarenta (los cuarenta años de edad, I meant), embarazada de casi ocho meses, (me gusta dejar todo para el último momento), el profe de autoescuela, me regañaba, sí, por ese vicio adquirido viendo películas de cine negro.
El no entendía por qué, yo movía el volante con ese ligero balanceo, cuando uno va en línea recta, como el que hacían mis divas. Como este profe, no destacaba precisamente por sus buenas formas, y yo, debía estar sensiblona, por mi estado, decidí abandonar ese estilo hollywoodiense y empezar a conducir como la gente normal.
Para acabar, sé que dos bodas, no son suficiente para ser considerada una diva, aunque tampoco haga falta casarse 8 ó 9 veces, como la Taylor. Mi amigo Juanjo me incitaba, a que si no me casaba tres veces, habría fracasado. Tampoco es cuestión de hacer mi vida añicos por el cine, me considero una persona bastante feliz, especialmente después del golpe en la cabeza contra un bordillo. Desde entonces, lo veo todo mucho más claro, pero esa, es otra cuestión…
En fin, que nunca es tarde. Quizá cuando sea una viejecita, arrugadita y flaca, al salir de mi lujoso apartamento, del Upper East Side de New York, del brazo de mi atractivo y amanerado secretario, enfundada en un clásico Channel azul marino, algún que otro transeúnte, se detendrá a mirarme y se preguntará: “¿Qué fue de Baby Jane?”. That’s all Folks!
© Del Texto Mar Franco


dic 6 2013

Navidad Circo Price (Madrid): El circo ha llegado a la ciudad

A pesar de todo, el circo ha llegado a la ciudad. Y, con él, la magia en estado puro.
Tal vez esta sea una frase de entrada que encajaría mejor en el último tramo del texto. Tal vez. Pero prefiero comenzar con ella para evitar despistes. Hay demasiadas cosas en el Madrid actual que no nos permite ver más allá de la realidad y nos empaña cualquier forma de halago, cualquier crónica de lo bello, lo divertido, lo entrañable o, en definitiva, lo mágico.
El Circo Price presentó ayer su nuevo espectáculo. Un buen espectáculo. Podría parecer que decir esto es poca cosa, pero dadas las circunstancias (la falta de presupuestos, los pocos recursos de los que disponen los ciudadanos para gastar en tiempo libre y ocio) es mucho. Falta alguna cosa, se echa en falta un número que tire de espaldas al espectador. Tal vez, incluso falta algún número más que alargue el tiempo; pero es un buen espectáculo. Es circo.
Destaca la dirección artística de Jesús Silva “Suso”; su gusto por mezclar el circo de siempre con el concepto nuevo. Destacan los Rampin Brothers por sus ganas de agradar, por venirse arriba si las cosas no son perfectas y por el oficio que pesa en su adn. Destaca la entrega del público madrileño que, seguramente, harto de tanta huelga, de tanto impuesto y de tanto Madrid, entra en el circo para vivir un tiempo auténtico, rebosante de buen rollo. Un tiempo único reservado para lo fantástico.
El circo es volver a ser niño; es marcar la experiencia con una equis brillante que te haga recordar a tus padres dando palmas y sonriendo; es ese rato que vives pudiendo olvidar que la realidad espera un poco más allá. El circo es eso que nos lleva a pensar que el tiempo puede extenderse o recogerse tanto como queramos. El circo es la varita mágica que nos gustaría tener siempre a mano para fabricar deseos improbables.
El que escribe tuvo una relación con el circo muy intensa. Desde niño he tenido el privilegio de conocer ese mundo desde las mismas entrañas. Una tía trapecista da mucho de sí (trabajó en el viejo Circo Price durante mucho tiempo). Los hermanos Tonetti me tuvieron sobre las rodillas para hacerme reír (se llevaban algún coscorrón de parte de la trapecista cuando decían tacos, es decir, casi siempre). Asistieron a mi bautizo que tardó en llegar tanto como el Circo Price a Toledo. Pude ver las fieras de cerca (no me daban miedo porque me miraban con una tristeza infinita y cuando les hablaba rugían muy bajito), a los contorsionistas después de actuar (discutían cada vez que terminaban su número por los errores de uno y otro; eran pareja y se enfurecían muchísimo, pero siempre les terminaba viendo abrazados), al primer domador de osos de la historia que era un barbudo enorme al que le arrancó un brazo un animal durante su primera función, a los payasos que se maquillaban y me pintaban la nariz una y mil veces. Así lo puedo recordar y no me pregunto sobre la verdad. Al fin y al cabo era un niño y los niños entienden el mundo como les da la gana. Y cuando el circo llega a la ciudad (ahora lo ha hecho y se ha plantado en el centro de Madrid) los recuerdos vuelven para instalarse de nuevo del mismo modo que se grabaron.
El espectáculo del Circo Price es entrañable. Tal vez hay un pequeño exceso de saltos y músculo. Pero, sólo, tal vez. Quizás el conjunto quede algo desigual; no parece que todo case. Pero ¡es tan bonito ver algo así! Puestos a ser exquisitos, podríamos sacar alguna pega más. Como si miramos a izquierda o derecha. Pero no, no puede ser porque lo importante de todo esto es que lo mágico no hace ese tipo de prisioneros. La magia, magia es.
Números como el del payaso Edek, que tiene a la grada dando palmas y riendo más de cinco minutos sin parar, es lo que necesitamos. ¿Hay payasos mejores? Claro que sí, pero Edek se convierte durante un par de horas en nuestro payaso, en el que nos hace reír. Nos olvidamos de los mejores. Y es bueno. Tampoco lo somos nosotros.
Por cierto, las bailarinas (guapas y simpáticas a más no poder) están estupendas haciendo lo que les han pedido. A veces, no nos acordamos de estas cosas hablando de lo más notorio. El espectáculo sin ellas no sería lo mismo. Ni sin la dulzura de Sara Silva que sirve de nexo potente con el público más menudo.
A pesar de todo, el circo ha llegado a la ciudad. Y, con él, la magia en estado puro. Y eso es lo importante. En tiempos como los actuales nada puede aliviar tanto y tan bien nuestra parte irritada, exhausta y gris. Vayan al Circo Price porque lo agradecerán. Se lo garantizo.
© Del Texto: Nirek Sabal


sep 16 2013

Ingmar Bergman: Maestro de maestros

Ingmar Bergman (1918 – 2007) es el maestro de los maestros del séptimo arte, el gran cineasta de todos los tiempos. Lo descubrí con veinte años a través de su película Gritos y Susurros y comprendí que ya nunca podría separarme de él. Nunca antes había podido imaginar una belleza tan extraordinariamente poderosa como la que él reúne en sus obras, una sublimidad que me hace sentir acompañada de una forma profunda y placentera, con palabras como: Siento esto cada vez con más fuerza. El deseo de penetrar los secretos que hay detrás de los muros de la realidad […] He rozado esos secretos sin palabras que solo la cinematografía es capaz de sacar a la luz.
Cómo no adorar su diligencia, su terror por la espontaneidad (Preparo mis números con extrema minuciosidad, casi con pedantería), su afán por superar a todos los que se dedican a su profesión, el enamorarse delirantemente de sus actores, su elegancia, la disciplina que se vislumbra en cada detalle o el hablar de su última esposa como el gran amor de su vida. Bergman, herido y astuto, vive en un ininterrumpido sueño, con pensamientos obsesivos, desde el que a veces visita la realidad: Durante 20 años -afirma el cineasta- he transmitido, incansablemente y con una especie de furia, sueños, vivencias, fantasías, ataques de locura, neurosis, conflictos de fe y puras mentiras. Para Bergman todo es irreal, fantástico, aterrorizador y ridículo, todo es mentira embarazosa y hazaña secreta. Atraído siempre por lo lúgubre y lo espeluznante, pero incapaz de entender las grandes catástrofes; por lo cegadoramente puro y suprarreal, por los colores nunca realistas, por la abismal serie de personajes misteriosos, por el atractivo de las personas cuando llevan su máscara.
Ingmar Bergman sobreexcitado, en planta a las 4:30 de la mañana, inquieto, de insoportable e ilimitada curiosidad, a punto de llorar. Crea en el mismo centro del cerebro, del alma, del corazón, de los nervios, de los genitales, del estómago. Así, afirma: En mí la creación artística siempre se ha manifestado como hambre. Al parecer, un entusiasmo y un deseo desconocido por crear nacía de la desesperación, la extenuación, laxantes y pánico: Mira qué brazo tan largo tengo y por todos los sitios no hay más que vacío.
Y todo ello alimentado por la relación del director sueco con su infancia, en la que vivió constantemente a lo largo de su vida, tambaleándose por aquellos cuartos lúgubres donde fue educado bajo los conceptos de pecado, castigo y perdón; y a los que respondía ya adulto con un yo soy mi propio dios. Se sorprende de que la gente le tome en serio, de que escuchen respetuosamente sus opiniones y se haga lo que él dice, pues somos niños. Así, cuando se refiere a sus relaciones humanas, alude a la amarga lucha con sus padres, al hecho de que no podía hablar con su padre, de los muchos hijos que tenía y a los que apenas conocía, a que se aislaba de relaciones con los demás, de que amó a una mujer con la que no podía vivir.
Se sentía no bastante fracasado, sino fracasado de verdad, aunque al mismo tiempo exitoso, capaz, ordenado y disciplinado; con un cumplimiento maniático de las normas como forma de salvación. Esforzándose por ser un extraordinario profesional, será con Persona y Gritos y Susurros donde llegará al límite de sus posibilidades, como él mismo reconoce. Pero esa autodisciplina positiva a veces pasa a autocoacción daniña y llega el Bergman enfermizo, asustado, depresivo, nostálgico, sentimental, con temporadas en el hospital, pero obligando a sus fantasmas y demonios a ser útiles, por lo que fue allí, ingresado, donde escribió algunos de sus guiones, como es el caso de Fresas Salvajes. Y lo vemos decir: Paciencia, paciencia, paciencia, paciencia, paciencia, nada de pánico, no tengas miedo, no te canses, no pienses inmediatamente que todo es triste. Y también: Si no me sintiese tan mal, sería divertido.
Por lo que respecta a su relación con nosotros, con su público, siempre se ha avergonzado de su necesidad de agradar, necesidad manifiesta desde niño al tratar incansablemente de exhibir sus habilidades: Nunca me parecía que mis prójimos me prestaban suficiente interés, declara Bergman en su obra Imágenes. Aunque, al mismo tiempo, no ha cesado el ímpetu por hacer lo que realmente le hace ser él mismo, prescindiendo de toda adulación: Capturo una mota de polvo en el aire, tal vez sea una película ¿Qué importancia tiene eso? Ninguna, pero yo lo encuentro interesante, por tanto afirmo que esto es una película. […] Esto y solo esto es mi verdad. No pido que sea verdad para otra persona.
En fin, qué puedo decir de Bergman, de la cara de Bergman, de sus ojos.
© Del Texto: Claudia Ruiz Cívico
Citas: Ingmar Bergman, Imágenes, Tusquets Editores, Barcelona, 2007.


sep 9 2013

Persona: El bibelot sin suelo

Un hombre muerto del que me enamoré sin remedio un mes de octubre en una montaña de piedras volcánicas, loros tropicales, lagartos exóticos y un mar siempre agitado, sin sosiego.
Una curiosidad ilimitada, casi enfermiza, me llevó una vez a recluirme en una montaña sobre el mar al norte de Tenerife dónde me dediqué, exclusivamente, a beber Doradas y conocer y descifrar a Ingmar Bergman con la ayuda de sus diarios y apuntes de trabajo.
Con este emocionante recorrido por su biografía y creación artística yo pretendía, ansiaba de verdad, entender su cine. Ser consciente de él. Y es que su cine me ha afectado siempre especialmente, desde pequeña, en que de forma totalmente instintiva, yo me sobrecogía con Fanny y Alexander o Gritos y susurros.
Persona es una película que ya vi de adulta. Que me dejó horas petrificada en mi sofá, mirando al techo, sin saber muy bien qué pensar de ella.
Tiempo más tarde, volví a verla y volví a caer en el mismo estado de shock del primer visionado. Y así una media docena de veces. Todos, absolutamente todos, mis compañeros de sofá en cada proyección de Persona, a lo largo de todos estos años, quedaron profundamente dormidos en los primeros 30 minutos de película. Aunque hubo alguno que se anticipó y cerró los ojos en el minuto 0, justo al aparecer Svenk Filmindustri en los créditos iniciales. Y es que el sueco debe ser un idioma sedante, narcótico, analgésico de verdad, y yo una insomne crónica, desvelada de por vida…
Al norte de una isla llena de locos, con lagartos horripilantes en mi baño, olas gigantes inundando mi terraza y un chiflado disparando con su escopeta a todo pájaro que se posaba en mi tejado, yo leía a Bergman en busca del significado exacto de Persona.
Persona trata de dos mujeres. Elisabeth Vogler, una actriz que no habla, y Alma, su enfermera, que habla de más.
Sé que Persona fue escrita en un hospital bajo los efectos de la penicilina debido a una pulmonía mal curada que sufrió Bergman y que lo obligó a internar por un tiempo en el hospital de Sophia. Sé que empezó a escribir Persona para entrenar su mano. Sé que Persona está basada en una obra de August Strindberg (La más fuerte). Sé que Bergman desayunaba a las 7:30 con los demás pacientes del hospital; que luego daba su paseo matinal; que no permitió, durante este tiempo, prensa, cartas, telegramas ni llamadas telefónicas. Pero que sí admitía algunas visitas por la tarde. Sé que, entonces, estaba fuera de combate; que su trabajo como director del Teatro Dramático obstaculizaba su creatividad. Sé que fue necesario escribir Persona para disipar esa sensación de futilidad y estancamiento provocada por esa actividad suya en el teatro. Sé que la crisis era profunda; que Persona surge de una extraña fiebre y un montón de reflexiones solitarias. Sé que Persona le salvó la vida, que llegó al límite de sus posibilidades. Y que rozó esos secretos sin palabras que sólo la cinematografía es capaz de sacar a la luz. No sé nada más.
Los que me conocen saben que enmudecí hace un tiempo. Que llevo meses en silencio, ausente aún presente. No ha habido diario ni apunte de trabajo de Ingmar Bergman que me haya esclarecido más Persona que este estado mío actual. En ninguna isla, con ningún loro ni ninguna Dorada yo hubiese entendido mejor a Elisabeth Vogler que ahora en este bibelot mío, tan clausurado e impermeable.
Ansío la verdad. La busco por todas partes. A veces he creído encontrar algo sólido, algo duradero, pero de pronto el suelo ha cedido. La verdad se ha diluido y desaparecido o en el peor de los casos se ha convertido en un espejismo. Es cierto que estoy muerta de miedo. Que mi perfíl más cobarde se ha fundido, de repente, con el perfíl más desconocido de una Alma extraña e incierta, aún por calificar. Me parece que este autismo y esta sordera mía, como la de la señora Vogler, se traduce como una fuga de la mentira, del vacío, el hastío, la frivolidad… Y nada mejor que el silencio para salvarme de la desesperación y el colapso. Nada mejor.
© Del Texto: Sonia Hirsch


jun 8 2013

Versión Original Subtitulada

Texto cortesía de Mar Franco

La mayoría de los entendidos y demás tribus cinéfilas, prefieren ver las películas en versión original. Yo sólo lo hago con las películas en inglés, por eso de afinar el oído en la lengua anglosajona.
Está muy bien escuchar a los actores en sus lenguas vernáculas, ¡vaya palabro!, pero hay un pequeño problema, cuando lees los subtítulos, no les ves actuar. Cuando vamos al cine decimos voy a ver una película, no voy a leer una película; además, una de las máximas de un guion de cine, es no contar con diálogos lo que puedas mostrar visualmente, a no ser que seas Woody Allen. La imagen prevalece sobre la palabra.
Esta era una pequeña introducción para atacar una anécdota que viene muy al caso. Primero les pondré en situación: Villaverde (barrio de la periferia sur de Madrid), finales de los años setenta; primeros ochenta. Había dos cines en la zona, ¡vaya lujo!, el cine Orpal y el cine Jamay (actualmente un bingo).
En el Cine Jamay proyectaban pocos estrenos: Fiebre del Sábado Noche, Grease, E.T., y el resto, el resto… La verdad es que sólo recuerdo Conan el Bárbaro. La clientela era muy variada, desde los típicos gamberretes adolescentes, papás con sus niños y parejitas incipientes, hasta algunos miembros de etnia gitana, que vivían en su pequeño gueto de las casitas bajas.
Una tarde de domingo en la que se proyectaba la peli de nuestro querido Conan, en versión original (dato importante para esta historia), mi hermano y su panda de amiguetes, ya sentados en sus correspondientes butacas, se disponían a pasarlo bien molestando a todo bicho viviente en la sala y, Rafa el Manías también.
Que por qué digo también, pues porque estos planes se le truncaron de forma drástica. Un gitano (no quiero ser peyorativa, es el lenguaje que se utilizaba entonces, bueno, y ahora), algunos años mayor que él, se sentó a su lado y digamos que le coaccionó para que le leyera los subtítulos, ya que él no sabía.
Lo que un gitano te pedía, se hacía, y sin rechistar; ya fuese darle tu paga del domingo, tu bocata, tus nuevas zapatillas Kelme o tu flamante coreana azul marino (anorak de corte esquimal). A Rafa el Manías, no le quedó otra que leerle toda la película, con voz temblorosa y consciente de las risas que el resto de sus amigos se estaban pasando a su costa.
Después de aquello, ¿creéis que a Rafa le habrán quedado muchas ganas de seguir viendo películas en versión original? Yo creo que no, aunque nunca se sabe. Dicen que la memoria es selectiva y edulcora los momentos más negros que hemos vivido, y lo mismo, el Manías ahora, ve movies chinas con subtítulos en yiddish.


may 13 2013

David Larible: El mayor espectáculo del mundo

Los payasos son los artistas que consiguen que un adulto se sienta como un niño durante unos minutos y, además, que los niños se sientan felices por serlo durante años.
Los payasos son capaces de hacer reír, de empatizar con su público; de construir un mundo desde la emoción que provoca una mezcla de alegría y tristeza en la que cualquiera puede bucear y encontrarse a sí mismo; de igualar edades, sexos y condiciones de todo tipo.
Los payasos son los artistas imprescindibles desde que en el mundo se derramó la primera lágrima. Alguien tenía que arreglar aquello.
Y David Larible es el mejor payaso del mundo.
Su espectáculo es completísimo. No faltan los guiños a grandes ni a chicos; la música se instala desde el primer minuto en el lugar de lo fundamental; la participación de los espectadores es mucha y los momentos emocionantes se mezclan con las carcajadas. Es un espectáculo total.
El montaje es sencillo. Ni grandes o sofisticados elementos técnicos, ni grandes despliegues que impresionen a los asistentes. En esa pista lo que impresiona es la capacidad creativa de un payaso, sus ganas de hacer reír, su humildad y su amor por lo que hace. Este es el espectáculo de un payaso. No hay más. Y es suficiente para que durante noventa minutos muchas personas se olviden de todo excepto de sus risas y de sus sensaciones más básicas como pueden ser la emoción, el amor por la vida o la belleza que emana de los pequeños detalles.
La pista se llena de niños y adultos a los que David Larible invita a participar. El dinamismo es absoluto. Ni un respiro. Ni para él ni para los demás.
Llega el final del espectáculo. La gente en pie aplaudiendo. Nadie quiere que aquello acabe. David Larible cede y se despide, definitivamente, pidiendo a todos que asistan a los espectáculos en directo. En vivo. Y dice que sus espectáculos no tendrían sentido sin el público. Eso es cierto, señor Larible; tanto como que la vida de los demás se llena de ese sentido gracias a artistas como usted.
©Del Texto: Nirek Sabal

David Larible se despidió ayer del público de Madrid. Su espectáculo ha podido disfrutarse en el Teatro Circo Price Madrid.


abr 30 2013

El rito de ir al cine

Es evidente que los nuevos formatos han acarreado nuevas formas de ver cine. El mundo se modifica con una rapidez insólita, inesperada, brutal. Parece tener más prisa que nosotros mismos.
Hasta hace muy poco tiempo, entrar en una sala de proyección para ver una película significaba que el sujeto guardaría silencio, se movería poco y con toda la discreción que fuera posible no haría ruidos molestos para los demás, prestaría atención sabiendo que la oportunidad sería única. Además, hasta hace muy poco tiempo, sólo podía disfrutarse del cine en el cine. Cualquier otra opción era impensable e imposible.
Hoy, en casa, con un reproductor cualquiera, se puede ver una película. Antigua, recién estrenada, en blanco y negro o en color. Cualquiera puede hacerlo y cualquiera puede acumular copias en un disco duro o en la estantería. Además, puede moverse, atender al teléfono, levantarse para ir al baño o descabezar un sueño. La tecla pausa es milagrosa. Eso sí, el momento ya no es único. Se repite una y mil veces, se hace cotidiano. La magia desaparece por siempre jamás.
Debe ser por esto que las salas de proyección se han plagado de individuos que no diferencian entre una cosa y otra. Los hábitos los llevamos en la mochila queramos o no. Estén donde estén se levantan, atienden una llamada telefónica o conversan con su compañero de localidad sin reparo alguno. Son los que siempre conocimos como maleducados. Por lo que se ve, ahora es normal este tipo de comportamiento y la rareza es pedir silencio y cierta moderación en las formas. Para algunos, ir al cine se ha convertido en trasladar el salón de casa a un lugar oscuro. Para otros, en un ejercicio de paciencia infinita. Algo grotesco. Estúpido. Por supuesto, eso de comer y beber dentro de la sala es otra de las terribles novedades. Otro desastre. Después de cada sesión, aquello parece una pocilga. Durante la proyección, los ruidos son constantes. Ruidos de pocilga, también.
Pero, a pesar de todo, ir al cine es un rito que, para los que aman el cine, sigue siendo especial, encantador.
Luces apagadas, la emoción que llega desde lo desconocido, un mundo ajeno que terminará siendo propio. La magia del cine. La eterna magia. Aparece siempre, antes o después, pero siempre. Nada se puede comparar a entrar en el cine, a oscuras, y encontrarse con una imagen en pantalla que fascine sin saber lo que significa. La atracción de la imagen, de la música.
Eso no lo pueden modificar las nuevas tecnologías o las nuevas formas de ver. Eso siempre estará.
Afortunadamente, el cine es cine. habrá que pensar en cómo cuidar de él.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 28 2012

El gran argumento del cine porno

Hubo un tiempo en el que la gente acudía al vídeo club para alquilar películas. Y no eran pocos los que buscaban una copia de Blancanieves y los siete enanitos durante más tiempo de lo normal. Si comprobaban que eran los únicos clientes del establecimiento (esperaban hasta que así era), se acercaban al mostrador para hacer una consulta (¿cuántas veces se habrá repetido?).
- Oye, quería que me recomendaras una película de esas (esto se decía señalando con el dedito las estanterías del extremo y que muchas veces estaban tras una cortina). Pero no quiero una que solo sea de sexo. A ver que puedes darme que tenga argumento. No he visto ninguna en mi vida y no sabría escoger yo sólo.
El dependiente, muy serio, miraba con gran atención hacia las estanterías y salía de detrás de su mostrador decidido. Tomaba una copia y decía que le habían contado que esa película era de las buenas. Él, tampoco, había visto una película así en su vida, pero que tenía clientes que entendían de cine y se fiaba de ellos.
Seguramente, ambos sabían que aquello, ese maravilloso argumento, iba a consistir en lo siguiente: Un tipo llega a una casa en la que hay una mujer. Y sin venir a cuento, como si la cosa fuera obligada, se lían a follar. Eso mismo se repite varias veces y la película acaba sin ton ni son.
Un argumento sencillo. Hoy sigue siendo la historia habitual.
Muchas veces he pensado cómo sería un argumento original y hondo para una película de cine porno. Siempre termino en el mismo lugar. Un tipo llega a una casa en la que hay una mujer. Y sin venir a cuento, como si la cosa fuera obligada, se lían a follar. Eso mismo se repite varias veces y la película acaba sin ton ni son. Pero tengo uno en la cabeza que podría servir, una trama extraordinaria que haría las delicias del gran público.
Este es el resumen que, como comprobarán, es excelente.
Planeta Tierra. Año 2831.
Un solo gobierno ordena el mundo en su totalidad. La superpoblación es tan disparatada que ese gobierno ha prohibido a los humanos mantener relaciones sexuales de cualquier tipo entre ellos. Se declara el onanismo religión oficial y ellos se autoproclaman dioses (como pueden comprender son los curas de hoy los que gobernarían ese mundo futuro). Pero una cosa es la ley y otra cumplirla.
Nuestros protagonistas, dos hombres y dos mujeres (nadie tiene nombre, nadie está registrado en parte alguna y puede desaparecer sin dejar rastro de su existencia) están enamorados. Y lo que tiene el amor es que la cosa termina como termina. Se buscan todo tipo de excusas para poder practicar sexo en todas sus variantes. En pareja, a solas, en grupo, ellas con ellos, ellas con ellas y ellos, ellos con ellos y sin ellas, con la ayuda de frutos tropicales, manejando electrodomésticos, usando productos perecederos, con antigüedades. Aunque (esto es lo más fuerte) están siendo perseguidos. Los policías que les intentan dar caza se suman a la juerga a la primera de cambio como era de esperar. El que se acerca a nuestros protagonistas termina aumentando el círculo de sus amistades. Y el gobierno se viene abajo.
¿A que mola?
Damas y caballeros, el cine porno es lo que es. Nada podrá cambiarlo. Y por muy estupendo o solemne que se ponga el guionista o como se llame a estos señores en cine porno, follar es follar y mirar como lo hacen unos actores frente a la cámara es, también, lo que es. Ni la mismísima Soraya Saenz de Santamaria con esa cara que gasta para hablar y ese tono de solemnidad ridícula lo podría cambiar.
El cine porno forma parte de la colección de tabúes occidentales. Ya saben eso del pecado cristiano que nos ha tenido acojonados durante siglos. Y seguiremos accediendo a él como si fuéramos a destruir el mundo entero.
El cine porno seguirá siendo un trabajo en el que el argumento se reduce a follar de la forma que sea. Ni una línea de diálogo en la que sostenerse porque todo intento de creatividad narrativa se verá eclipsada por unos actores que follan sin descanso.
Además, el que escribe no cree que tenga nada de malo. Mientras no se utilicen niños ni se hagan salvajadas, mientras el sexo sea consentido es más que saludable que quién no tenga nada mejor que hacer se meta, entre pecho y espalda, una peli de estas.
Nada de argumentos, nada de adornos. Follar, que es muy sano.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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mar 16 2012

Qué glande es el cine… (porno)

Si algo me divierte es echar un vistazo a los títulos de las películas porno. Son, en sí mismos, tan patéticos como graciosos.
¿Imaginan que este año otorgaran el oscar a la mejor película de habla extranjera a “Mujeres al borde de un ataque de miembros”? ¿Qué pensarían de su jefe si tuviera como si tal cosa sobre la mesa del despacho una copia de “Sin bragas y a lo loco”? ¿Le gustaría llevar a su amada al cine para ver su cara al descubrir que la película que ha elegido para ver es “Pene Story”? ¿Qué nombre elegiría si fuera el productor de una película? ¿”El silencio de los conejos”? ¿Mejor “El conejo de los corderos”? ¿Le gusta el cine de ciencia ficción (porno)? ¿Cuál de estas películas cree que es la mejor de la historia? (Subraye la que proceda)
1. Star Warras: Episodio X
2. Star Trek: La penetrilogía
3. La Guarra de las Galaxias
4. Porculeitor
Incluso el cine bélico tiene su réplica en el porno. Sí, “El polvo sobre el río kuait” o “La delgada raja roja” han sido infinitamente más taquilleras que las de cañonazos. Bueno, en realidad, todas van de cañonazos.
Como humor no falta en este tipo de cine, podemos encontrar con cierta facilidad motivos para sonreír con “Un pene llamado Wanda” “Makinapaja: semos calentorros”.
En fin, no tienen desperdicio algunos títulos de este tipo de cine. Les dejo los que me parecen más graciosos y, si quieren, pueden dejar sus comentarios. Con semejante materia prima no puede salir nada que no sea disparatado, gracioso o divertido. Y, por supuesto, patético.
- Abierta hasta el amanecer
- Follo sobre mi madre
- Bailando con zorras
- El sexo sentido: Veo gente en bolas (juas, este me encanta)
- Caray con el mayordomo qué largo tiene el maromo
- Arma rectal
- American Puti
- Harry Potter y la minga descomunal
- Los Pichapiedra
- No sin mi polla
- Penetrad a Willy
- Más adentro
- La polla interminable
- Tetanic
Hale, a pensar. Y sean descarados. No pasa nada por soltar alguna barbaridad de vez en cuando.
© Del Texto: Nirek Sabal