feb 24 2014

Las maestras de la República: Un sueño por cumplir

La película documental Las maestras de la República ya forma parte de esa recuperación de la memoria histórica tan querida por muchos y tan denostada por muchos también.
El documental está realizado con mimo. Se cuida el guión, se presentan valiosos documentos de la época que ilustran la idea que se maneja en cada momento, y se utilizan testimonios de personas involucradas en uno de los hechos históricos más terribles de la historia reciente de España. Es verdad que se echa en falta la presencia de alguien o de algo que intente, no ya justificar una barbarie atroz y en sí injustificable, sino dar fe de lo que sucedió; algo o alguien distanciado de la propuesta para que nadie pueda dudar de la veracidad de lo que se narra. Porque tratándose de algo así, habrá quien siga negando evidencias o tratando de minimizar lo que sucedió. Desconozco si se han declinado invitaciones o no, pero el resultado es que esa parte falta y hubiera sido el remate perfecto a un trabajo más que sobresaliente. Desconozco si se han declinado invitaciones o no, pero el resultado es que esa parte falta y hubiera sido el remate perfecto a un trabajo más que sobresaliente.
Arranca el trabajo desde un punto de vista muy concreto. María Sánchez Arbós, maestra de la Institución Libre de Enseñanza, se presenta como guía de lo que será un recorrido por el planteamiento del gobierno republicano en materia de enseñanza. Es decir, la declaración de intenciones es muy clara, la película es un homenaje a las maestras republicanas. Pero la directora del documental, Pilar Pérez Solano, recorre un camino algo más largo analizando la situación de las escuelas públicas españolas poco antes de que se pusiera en marcha una reforma ilusionante y muy ambiciosa durante la II República. Es sencillamente espeluznante conocer la situación de los maestros y de los alumnos hasta el año 1931.
Tras la introducción el documental rompe, y rompe bien, al llegar ideas evocadoras a raudales. Ideas que no deberían representar nada que no fuera la realidad que vivinos, pero no están. No adoctrinar y sí formar. Igualdad y calidad. Más escuelas y mejores maestros. Santo respeto al niño. Educar para la paz, preparar para el futuro, para la libertad. El arte de perder el tiempo. La pantalla se llena de imágenes maravillosas que muestran mujeres dispuestas a enseñar, preparándose, integradas en una sociedad en la que los hombres (por primera vez) aprenden de ellas y en la que la igualdad de género comienza a abrirse paso. Mujeres independientes, con autonomía y capacidad para educar. Pero, poco después todo se oscurece y las vemos en prisión haciendo lo que pueden con la educación del resto de reclusas. Presas o aniquiladas. Gris, muerte.
El testimonio de Hilda Farfante resulta emotivo y nos arrastra hasta las zonas de terror, de la desolación de los vencidos, del silencio eterno. Perdió a sus padres –ambos maestros- durante la guerra civil. Ella y dos hermanas sobrevivieron gracias a su tía, maestra también. Recuerdos de niñez que se limitan a un vestido de flores y poco más porque algún bestia le arrancó la posibilidad de tenerlos.
Las maestras de la República se acerca a la actualidad de la enseñanza española casi sin quererlo puesto que no podemos evitar la comparación de la escuela pública de los diferentes momentos históricos que pasea el documental con la actual. Enseñanza que es asignatura pendiente desde siempre y que no parece tener solución mientras los partidos políticos la utilicen como moneda de cambio.
El montaje de la película es sencillo y efectivo. La fotografía se cuida en cada plano. La dirección es valiente. Y la música resulta emotiva y discreta. El conjunto es especialmente atractivo. Los ideales, intactos a pesar de todo, siguen en el lugar de siempre para que los tome el que quiera hacerlo.
© Del Texto: Nirek Sabal.


feb 2 2014

Stories we tell: Historias, miradas y verdad

Cuando un buen amigo con muy buen juicio para esto del cine y la literatura me ha preguntado de qué iba este documental, más que nunca, no he sabido cómo empezar a explicárselo. Si algo tengo claro es que la historia es lo de menos, aunque siempre tiene que haber una. Stories we tell (Historias que contamos) es precisamente eso, una historia convertida en varias, porque en cada una la mirada es diferente, a pesar de que todas traten simplemente de relatar los hechos.
A saber: cómo Sarah, la directora de esta pieza que irradia pura literatura, averigua quién es realmente su padre biológico reviviendo el espíritu de su madre a través de su padre Michael. Éste le pone la voz principal a un relato que al principio parece escrito por su hija y más tarde parece pertenecerle a él mismo. (Un giro narrativo que para algunos puede chirriar aun comprendiendo la esencia de todo el documental y para otros puede ser la guinda del pastel).
De este modo, Sarah orquesta a toda una serie de personajes reales – padres, hermanos, tías, amigos y amantes de…- a contar en sus propias palabras la historia. Y lo que al comienzo se presentaba como una aburrida retahíla de entrevistas no tarda demasiado en captar la atención del espectador soltando pequeñas sorpresas inesperadamente, y enseñándonos poco a poco a cada personaje, de quienes cuando comenzaron a hablar sólo sabíamos el nombre, y su relación con Sarah. Éstos, quien para un resignado Michael sólo son jugadores secundarios -apenas tangenciales a la historia-, cuentan su versión de la misma, que al final no es más que la propia verdad de cada uno. Porque para Michael sólo hay una historia verdadera y dos jugadores principales; y uno de los dos no está para contarlo.
Sin embargo, al final es la propia Sarah quien conforma la historia, quien selecciona cada parte de verdad de cada jugador y nos la enseña, junto con una serie de saltos audiovisuales al pasado. Pero para entonces ya hay otra mirada más en juego: la nuestra; porque con cada perspectiva, con cada par de ojos proyectando su modo de relacionarse, sus propios problemas a través de un mismo relato, nosotros ya hemos proyectado los nuestros, ya hemos pensado en nuestra historia, en el modo en que nos relacionamos, en cómo lo vivimos y cómo otros lo verán. Unas verdades dan lugar a otras verdades. Una reacción en cadena. Una lección literaria.
© Del Texto: Coletas


ene 16 2014

La historia completa de mis fracasos sexuales: De la carcajada a pedir la hora

Los entrenadores de un equipo de fútbol, los aficionados de ese club, cuando el partido que disputa su equipo se pone cuesta arriba, comienzan a mirar el reloj y a solicitar al árbitro, con grandes aspavientos, que dé el partido por finalizado. Porque todo lo que pase, a partir de un momento determinado, será el horror o eso suponen. Curiosamente, esto suele ocurrir cuando el partido comenzó bien y se va poniendo cuesta arriba.
Pues bien, La historia completa de mis fracasos sexuales comienza de forma prometedora, con golpes muy graciosos, con la intervención de un narrador más que interesante. Pero sólo hasta la mitad de la película. Luego, todo se desmorona con rapidez y sin posibilidad de mejora. El narrador se hace previsible por reiterativo; el guión no encuentra salidas en giros argumentales que aparten de la evidencia el relato; los golpes de humor dejan de hacer gracia cuando te los muestran por tercera vez consecutiva. Y es una pena porque el documental (que no tiene ningún ánimo de parecer verosímil y encierra desde el principio la duda de lo real) es una idea más que atractiva.
Chris Waitt, el director, se presenta como un auténtico desastre en todos los aspectos. Pero lo que le preocupa es la gran cantidad de novias que han pasado por su vida sin éxito de ninguna clase. Se suma un problema de disfunción eréctil que hace de su vida un pequeño mar de dudas a las que es incapaz de contestar.
Divertidas, muy divertidas, son las reacciones de las que fueron novias de este sujeto; las contestaciones en las entrevistas que les hace el director no tienen desperdicio. Aparece en pantalla la madre de Waitt haciendo de madre y aportando una visión femenina al problema (del lado más próximo al desastroso director). Pero llegado el momento de la verdad, cuando el trabajo tiene que definirse, todo se ancla en un lugar cómodo e irrelevante. La inteligencia, la ironía, el ingenio o lo original se queda en los primeros cuarenta minutos a la espera de un aprovechamiento que no llega nunca.
El documental se puede ver y pasar un rato aceptable. Pero si el espectador busca seriedad en las respuestas, profundidad en la investigación o algo que se le parezca, mejor que dedique su tiempo a otra cosa. Aquí, lo que encontrará es a un rubio con cara de colgado que intenta materializar una idea transgresora y original sin demasiado éxito.
© Del Texto: Nirek Sabal


dic 16 2013

Darwin: El imán para almas rotas

Darwin es un pueblo destartalado y situado en mitad del desierto. California, EE.UU. En Darwin viven treinta y cinco personas. Todas ellas suman tantos años como para que les podamos considerar ancianos o casi. Las dos únicas jóvenes ya se fueron. El aspecto de todos es extraño; muchos son antiguos hippies; la mayoría expresidiarios; almas rotas sin excepción, desintegradas por una cosa u otra. En Darwin no hay iglesia, no hay niños, no hay casi nada. Lo que sobran son vidas intensas, pasados perdonados, futuros tan inciertos como el del resto de la humanidad. Darwin llegó a ser una ciudad llena de vida. Y de muerte. Las minas de oro y plata atraían a un gran número de sujetos. Pero la mina dejó de producir dejando al pueblo en manos de la desolación.
Este documental de Nick Brandestini es una pequeña joya cinematográfica. La cámara sigue, en su día a día, a un puñado de hombres y mujeres que eligieron vivir en Darwin. Allí nadie trabaja salvo la mujer que gestiona la oficina postal. Reparte, fundamentalmente, los cheques que envía el gobierno y con los que pueden sobrevivir. Es el subsidio de desempleo. Los habitantes de Darwin entierran a sus muertos; se preparan (uno de ellos) para un posible desastre mundial (cultiva tomates, acumula agua, ropa y juguetes por si llegase algún niño hasta allí huyendo de la radioactividad o algo así); tienen un buen montón de armas por lo que pudiera ocurrir (reminiscencias del pueblo minero en el que la violencia era una constante).
Pudiera parecer que la gente de Darwin es un grupo de tarados, de delincuentes que se hicieron viejos o de hippies de la tercera edad, de artistas fracasados, de padres sin corazón, de incultos. Sin embargo, Brandestini nos descubre con delicadeza unas vidas duras y llenas de miserias. Como la vida de cualquier otro aunque en mitad del desierto.
El paisaje es desolador. Parece que allí nada puede suceder, que nada puede crecer o nacer. Falso. Es un lugar como otro cualquiera. Es un modo de entender la vida alejado de los arquetipos que sirven para unos pocos y destrozan a los demás. Lo que a millones les puede parecer una locura, a treinta y cinco les parece un lugar tranquilo, entrañable. Su casa. Como curiosidad, Brandestini, nos acerca a un campo de tiro cercano en el que el ejército realiza pruebas balísticas de todo tipo. Misterioso y siniestro. También, nos enseña lo que queda del rancho en el que encontraron a Charles Manson y su banda. Uno de los protagonistas del documental afirma que le conoció allí.
El documental se acompaña de una banda sonora exquisita. Y el montaje organiza muy bien las historias que nos cuentan. Parecen algo deslabazadas al comenzar aunque toman sentido y profundidad poco a poco.
Darwin es un documental sobre personas alejadas de la civilización que, sin embargo, sufren los mismos problemas que el resto de seres humanos. Darwin es un documental que sirve para la reflexión sobre la condición humana, sobre la posibilidad de redención, sobre la imposibilidad de tener oportunidad cuando el pasado se presenta en cada intento de seguir por los caminos convencionales.
Un trabajo magnífico y entrañable.
© Del Texto: Nirek Sabal


may 7 2012

Pina

Wim Wenders firma este documental que recuerda y homenajea a Pina Bausch.
No entiendo mucho de danza. Y, posiblemente, no he logrado entender mucho de lo visto. Pero la plasticidad del documental, el montaje que alterna las coreografías con las intervenciones de los bailarines que estuvieron a las órdenes de Pina Bausch, una fotografía magnífica de Hélène Louvart, y una dirección extraordinaria de Win Wenders, me han cautivado desde el primer minuto.
Los bailarines fundiéndose con el entorno, sus deseos convertidos en realidad mientras están la calle, amores rotos, amores nuevos, la libertad, la soledad, todo tipo de sensaciones convertidas en un movimiento. Los elementos básicos convertidos en vitales para que la danza sea auténtica.
Los encuadres son precisos y preciosos. Wenders mima con la cámara todo lo que los artistas tratan de decir. Los movimientos son delicados. El director quiso rendir tributo a su amiga haciendo un trabajo de primera categoría.
Durante todo el metraje, la figura de Pina está presente. Su forma de entender el baile, su forma de tratar a los bailarines, la libertad que cualquiera que se acercara a ella tenía para trabajar.
Este es un documental excelente. Y lo dice alguien que no entiende la danza, que no sabe valorar adecuadamente algo que, por otra parte, le ha tenido pegado a la butaca de principio a fin.
Me quedo con la escena en la que una mujer intenta que su amado no la abandone. Por su belleza. Y con el hombre que baila sobre la tierra de una cantera. Porque la fusión de entorno y artista aparece con fuerza, sin dejar un milímetro a la duda. Pero, también, me quedo con el conjunto porque es asombroso.
Si pueden verla en una sala de cine y en 3D, mucho mejor. Creo que es la primera vez que alguien utiliza este recurso (que detesto) para hacer que el cine sea algo mejor y no para vender lo que no hay u obligado por las modas.
© Del Texto: Nirek Sabal

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oct 12 2011

F FOR FAKE (Fraude): Los mecanismos de la fascinación

Reme, una intima amiga de mi madre, tiene una hermana, la Antoñita, que se fue a Ibiza en los 70 y allí se quedó.
Cuando Antoñita venía a Sevilla, mi madre siempre quedaba con ella y yo siempre quería acompañarla a verla.
Antoñita era lo más cool que te podías echar a la cara: vestía ad-lib, fumaba en boquilla y bebía gin-tonics en las terrazas de las cafeterías.
Sublime.
Me he acordado de ella porque esta tarde su imagen se me esfuma y aparece, en su lugar, la de Oja Kodar.
Decía Baudrillard que “el mundo entero ya no es real, sino que pertenece a la categoría de lo hiperreal y de la simulación. No se trata ya de interpretar falsamente la realidad sino de ocultar que la realidad ya no es necesaria.”
Así que tenemos que Baudrillard, el filósofo y crítico de la postmodernidad y el postestructuralismo, decía esto y lo hacía en 1978.
Más.
Decía Truffaut que siempre había preferido el reflejo de la vida a la vida misma.
Picasso decía que el también podía pintar falsos Picassos, como todo el mundo.
Decía Satie que él se llamaba Erik Satie, como todo el mundo.
Oscar Wilde decía que la mentira, es decir, el relato de las bellas cosas falsas, constituye el fin mismo del arte.
Esta mañana le he hecho una foto a mi madre con un broche que pone quiero ser Duchamp. Mi madre ha posado impertérrita y ha dicho que el broche era muy bonito.
Clifford Irving, aquel escritor que se inventó enterita la biografía de Howard Hugues, (pasando por ello una temporada a la sombra) y que escribió la biografía de Elmyr de Hory, el mayor falsificador de obras de arte de nuestro tiempo, señalaba que lo primero que se ha de distinguir cuando se habla de la calidad genuina de un cuadro, no es si éste es auténtico o una falsificación, sino si es una buena o mala falsificación.
Hace unos días impartía una mesa de trabajo en la Universidad de Sevilla sobre el fraude como actitud artística válida, incluso como disciplina.
Deambulando por la ciudad con el equipo de dicha mesa, nos encontramos con la boda de la Duquesa de Alba (en Sevilla, a poco que salgas, pasan estas cosas). Allí nos reímos mucho con unas amigas que, vestidas con un estilo goyesco-punk, vendían unos preciosos alfileres con la cara de dicha señora.
Un asunto apasionante –el fraude, y también apasionante la que estaban liando mis amigas en un acontecimiento fake pero de otro estilo- del que no se puede sino decir que pertenece a aquellos mecanismos de la fascinación con los que Resnais definía El verano pasado en Marienbad.
Más exactamente lo definía como un documental sobre estos mecanismos.
Orson Welles hizo de Fake una película que no es una película que es un documental, que a la vez es un falso documental haciendo varias películas documentales en una, con un material en su mayoría proveniente de otro (Reichenbach, que lo había filmado años antes, en el 68) sobre tres falsificadores (Elmyr de Hory, Clifford Irving y Orson Welles) y una sobrina falsa de Picasso que en realidad fue su mujer (Oja Kodar) que para mí se encarna ahora en la hermana de la amiga de mi madre.
A poco que se le de la vuelta, la historia del arte se transforma en la historia de un fraude. Una apología del simulacro de la que tenemos que dar gracias ya que si no todo esto sería un estúpido aburrimiento
¿Sería concebible imaginar un original y no recordar su copia, sea física, metafísica o perteneciente al terreno de los sueños? Absolutamente no. Todas las obras son una deliberada manipulación de lo visto y recordado.
La copia es la materia natural de la creación.
La copia. La simulación. Lo falso. El simulacro o la vida como una maravillosa y necesaria mentira. La vida como un falso documental de la vida.
Cuando era pequeño vivía en una casa construida en 1876. Debajo de la casa estaban las Bodegas Sandeman, un establecimiento igualmente de finales del XIX, con un reservado en el que Lola Flores formaba la marimorena cuando venía de algún sarao en el contiguo palacio de los Duques de Medinaceli. A las Bodegas Sandeman nadie las conocía como tales sino como las de el tío de la capa, pues su logo era el de un señor con capa española y sombrero. Igualito a Orson Welles.
Dentro del indispensable funcionamiento del Cuerpo del Misterio, sin el que la vida no tendría más sentido que las de los personajes autistas de Fahrenheit 451 (¿verdad, Linda?) los mecanismos de la fascinación son el engranaje de la magia. Welles, al comienzo de F for Fake, hace aparecer y desaparecer una llave (la que abre siempre el Misterio) a un niño.
No hay posibilidad de arte sin la aparición y desaparición de llaves.
Do you believe in magic?
Pues eso. Si hay algo más ruego me lo digan porque yo, con esto, vivo feliz desde 1876. Un siglo antes que Elmyr de Hory, el mayor falsificador de obras de arte de su tiempo, se suicidara en Ibiza, en 1976.
A question mark. F for Fake (Fraude), Orson Welles, 1975
© Del Texto: Ruben Barroso


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ago 2 2011

Inside Job: El robo del siglo o en qué consiste la condición humana

A estas alturas, el cataclismo financiero que estalló en 2008 es algo conocido por todos. Entre otras cosas, porque lo sufrimos millones y millones de seres humanos. Los más afortunados han tenido que apretarse el cinturón a base de bien. Los que menos suerte han tenido (los pobres, los trabajadores sin preparación académica, las mujeres y los jóvenes) han perdido sus casas, sus escasos ahorros y, en muchos casos, las ganas de vivir. Estamos viviendo una de las etapas más tristes de la humanidad. Lo que parecía un sueño de todos (la aldea global y esas cosas que nos vendieron los de siempre) se ha convertido en la peor pesadilla de todos los tiempos. Es un cataclismo conocido por todos, pero que casi nadie puede explicar. ¿Cómo algo de esta relevancia es imposible de colocar en su sitio? Porque nos ocultan la verdad, porque si no formas parte del entramado formas parte de la masa social (de todo el mundo) expuesta a los peligros de los codiciosos.
Inside Job es un documental de Charles Ferguson. Es una película que trata de aclarar las cosas, de señalar a los culpables, de explicar lo que ha sucedido y en manos de quién estamos. Lo hace desde el enfado monumental de su director, productor y guionista. Con un montaje magnífico deja en evidencia a muchos de los que se han enriquecido haciendo que el 95% de las personas sean más pobres, tengan un futuro más incierto y muchas menos posibilidades de acceder a los estudios universitarios. Entre balbuceos, algunos de los entrevistados no atinan a dar respuesta; otros, desde la arrogancia, niegan la mayor; y todos siguen ganando cantidades insultantes de dinero. No han tenido la decencia de tirarse por la ventana o pedir perdón.
Ferguson divide el documental en varios capítulos que se centran en diferentes fases de la gran crisis. Busca el porqué e indaga en la situación actual para prevenir y dibujar el futuro. Los presidentes norteamericanos aparecen como títeres del poder financiero (incluido Obama); los políticos europeos como personajes que no pintan nada de nada; los ejecutivos como tiburones sin escrúpulos que han dejado el mundo patas arriba sin tener que pasar por un tribunal; y el resto de la población mundial como piezas en un tablero que manejan unos pocos a los que no podremos quitar del sitio jamás si la cosa sigue como hasta ahora.
Con una fotografía cuidadísima, Ferguson logra un equilibrio magnífico entre la imagen y la narración. Intercala imágenes de archivo, con las de las entrevistas que va realizando, con gráficos y con tomas de su cosecha que son, francamente, buenas. A veces, es verdad, la explicación es algo compleja puesto que se trata de desenmarañar el mundo financiero. Y esto puede causar cierto rechazo en un tipo de espectador poco preparado o desinteresado. Pero, en general, el ritmo narrativo es impecable. A medida que se acelera el enfado del espectador aumenta. Si baja la intensidad, la depresión aparece en ese mismo espectador.
Magnífico, apabullante, claro y sin concesiones de ningún tipo a nada ni nadie. Un documental que todo ser humano debería ver.
© Del Texto: Nirek Sabal


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mar 5 2011

Giran (Vecinos): Una mirada lenta

El Cairo.
Garden City es uno de los barrios creados con la modernización de Egipto, en los inicios del siglo XX. Un área, junto al Nilo, de magníficas residencias y cuidados jardines donde habitaba el patriciado.
Pasear por sus calles era como hacerlo por París; porque, como recuerda una de las antiguas moradoras: el pueblo para nosotros no existía, no era más que lo que veíamos desde el coche cuando íbamos al centro, a través de los cristales. Y nos daban miedo…, porque iban sucios.
Giran, transcripción de la palabra árabe vecinos, es un documental en el que la directora Tahani Rached, egipcia y canadiense, traza las sombras que habitan hoy ese espacio urbano.
Lo hace sosteniéndose en dos ejes principales que se cruzan y se ramifican.
El primero lo forman los viejos palacios y sus historias. Aquí trabaja Rached sobre la decadencia, desde la empatía con la vieja aristocracia; y hace un análisis político de las consecuencias de la revolución de Nasser, sus luces y sus sombras.
El segundo eje es la herida abierta en el barrio por la embajada de los Estados Unidos de América y sus invasivas medidas de seguridad.
Alrededor de estos dos polos, se articulan las pequeñas historias de la gente humilde, se entreveran imágenes antiguas de documentales y de viejos filmes, fotografías en blanco y negro.
A pesar de cierta casualidad en la dirección de las entrevistas y los recorridos, la película está montada con eficacia y la directora consigue sacar la verdad de todas y de cada una de las personas que se exponen para nosotros ante su cámara; una verdad cruda hasta el estremecimiento en la mirada sobre el pasado y sobre el presente de los viejos señores, pero también en la sinceridad de la gente humilde y en su carencia de resentimiento.
No buscando la recreación estética, la alcanza sin embargo en algunos momentos evocando interiores de gran belleza y profunda intensidad psicológica.
La película es especialmente oportuna hoy, para continuar armando el complejo rompecabezas de esa sociedad cairota pacífica, poliédrica y muy desconocida para el viajero occidental, casi siempre turista de rápida mirada. Una sociedad joven y simpática, que hoy se rebela contra la ausencia de futuro dando una lección al mundo.
No conocer las anteriores películas de la directora, entre ellas las documentales Beirut, a falta de estar muerto (1983), Cuatro mujeres de Egipto (1997); Zoraida, una mujer de Palestina (2004); y Estas chicas (2006), nos impide analizar su contexto creador, pero nos sugiere interesantes descubrimientos de una cineasta longeva, pero desconocida en nuestro país.
Es un nuevo mérito en la estupenda programación de actividades de Casa Árabe, en donde los recursos públicos (Ministerio de Asuntos Exteriores, Comunidades de Madrid y de Andalucía, y ayuntamientos de Córdoba y de Madrid), se utilizan para lo que debe de ser, fomentar la cultura, el conocimiento y la comunicación entre los seres humanos.
Eso es lo único que somos. De eso es de lo que habla la película con el artificio del espacio urbano.
Me ha mantenido interesado y atento.
© Del Texto: Ivor Quelch

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nov 22 2010

Marchando otra de castañas

Wasteland

Un tal Lucy Walker firma un documental que retrata la vida de un artista brasileño llamado Vik Muniz, cuyas obras se realizan reciclando materiales, y esta vez ha decidido irse al mayor vertedero del mundo, el cual es un islote por el que solo se puede llegar a través de un puente y que está en Río de Janeiro. Todo muy bonito, los ecologistas están de enhorabuena, pueden sacar el champán. Los snobs y cantamañanas también. Pero yo no soy tonto, tal y como rezaba la promoción de una importante franquicia de hipermercados tecnológicos. Es un documental tramposo, hipócrita, falso, y todos los sinónimos que queráis encontrar del mismo estilo. Vale, lo admito, me salí a los 50 minutos, pensé en algún momento si aquello era de verdad una campaña ecologista, incluso tuve esperanza. Pero no, esta obra no es más que un despropósito egocentrista para hacer lucir y promocionar al llamado artista Vik, haciéndose pasar por mártir, creyendo que va a cambiar la vida de la gente que vive hacinada entre montañas de basura, posando para cámara mientras sus congéneres le hablan como si lo hicieran a una pared, un tal Vik que me la suda si es bueno haciendo su trabajo, porque lo único que quise en los 50 minutos que aguanté en la sala fue darle una buena paliza a ese hombre de sonrisa fría, falsa, estúpida. Lo dicho, ecologistas y snobs, seguid premiando este despropósito en festivales como Sundance, pero para mí, esto no es la realidad, es una publicidad de casi dos horas.
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The Temptation Of St. Tony

El argumento nos sitúa en la vida de un hombre que poco a poco lo va perdiendo todo, pero que a pesar de ello, intenta no perder su dignidad, un viaje hacia el infierno donde lo intentarán seducir pecados como la gula o  la lujuria. Una obra basada y estructurada en el Infierno de Dante (La Divina Comedia) llena de metáforas y paradojas sobre nuestra sociedad, una película que nos habla sobre la crueldad del ser humano, de cómo sucumbimos rápidamente a los distintos placeres, una crítica a la falta de moral, todo visto a través de nuestro protagonista que poco a poco se va derrumbando y sumiendo en una locura sin fin, donde las personas que lo rodean están aún peor y lo pondrán entre la espada y la pared. Una historia sobre la pérdida del amor, la frialdad de los sentimientos, pero también de la falta de la lógica, de la razón. La de un mundo sin valores y principios. Ciertamente, tengo sentimientos contradictorios con esta película ya que tiene momentos realmente buenos si vemos las escenas por separado (incluso brillantes, gracias a la música, muy grande ese tema musical y que podéis escuchar en el trailer, y la excelentísima fotografía), pero que en conjunto acaba resultando espesa al espectador menos avispado; y por otro lado, es claramente un ejercicio de rollo yo solo me lo guiso y yo mismo me lo como que encantará a bohemios y demás estamentos sociales pseudoculturetas que parece que solo han visto cine de Haneke y Lynch, y que le van estas películas checoslovakas como digo sarcásticamente a este tipo de películas que no conoce ni Dios. Ni Buda. Ni siquiera Espinete, joder.
© Del texto: Gwynplaine Thor
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nov 10 2010

Dos Caras (I): Armadillo o la guerra de las consolas


Armadillo es un documental realizado por Janus Metz que nos cuenta una vez más la situación del conflicto afgano generado por la caída de dos famosas torres gemelas que ya son historia, y el disparate creado por un presidente americano que aún hoy perdura y carece de sentido alguno. Para ello, el autor decide narrar la historia de unos jóvenes soldados de la ISAF daneses que van a pasar 6 meses en dicho país, en un fortín que da pie al título de la cinta que nos ocupa. Una historia que se adentra psicológicamente en los efectos y consecuencias del conflicto, a través de diferentes visiones, la de los civiles que sufren el chantaje de los talibanes y tienen miedo de los aliados; y unos soldados ávidos de acción que creen estar en misión de paz y nunca arreglan nada, solo generan más muerte y miseria de la que ya hay. Un film que analiza de manera muy subliminal la tecnología punta del ejército aliado, y es que tan solo hay que darse cuenta de todos los aparatos electrónicos que llevan encima cada uno de ellos, de los instrumentos utilizados para captar talibanes desde el cielo y un largo etcétera que a más de uno se le quedará la boca abierta si es buen observador, y es que la guerra ya no es una guerra como las de antes, cada día todo está más informatizado, monitorizado, vigilado (sublime el momento captado desde una cámara en el casco de un soldado…).
Sin embargo, la crítica se centra en la inutilidad de todos esos aparatos frente a un enemigo fantasma (como se nos muestra en diversos pasajes), donde los soldados están siempre con el miedo presente en el cuerpo porque no saben distinguir entre un talibán de un civil, todo el mundo es sospechoso, todo el mundo puede ser un soplón, y a medida que transcurre el relato uno se sorprende de lo listos que son los talibanes a los que nunca se les ve pero que debido a sus estrategias de atacar, esconderse y camuflarse llegan a desgastar a sus enemigos, nuestros aliados; es sorprendente cómo en 6 meses los soldados que protagonizan esta historia acaban psicológicamente más inestables de lo que ya eran antes de entrar en batalla. Por no hablar del aburrimiento que es estar allí en medio de la nada recibiendo órdenes que tienen poca o ninguna coherencia, y es que ya tengo que llegar a la pregunta más obvia:
¿Por qué los aliados siguen allí? ¿Por qué tras casi 10 años no se ve ningún avance?

No es más que una guerra de guerrillas, y lo peor es que no son soldados de verdad los que se envían a aquel inhóspito lugar, sino unos niños hormonados y atolondrados queriendo jugar a videojuegos. Un videojuego donde los enemigos prácticamente van con lanzas y piedras, pero donde nunca se gana. Increíble. Destacar también el hermetismo del ejército en un momento dado, y cómo se insinúan las torturas y actos burlescos que allí se cometen, pero sin caer en lo explícito, una doble cara que no se ve, cruel, inquietante, que se intuye a lo largo del film y cómo se oculta a los medios. Por lo demás, el documental a nivel técnico es sublime, impactante, prácticamente las imágenes de los momentos de batalla parecen sacadas de una película bélica y el apartado sonoro lo acompaña y refuerza. En ese sentido es excelente.
Sin más, sólo les digo que es imprescindible verla para entender en qué se está convirtiendo el mundo en el que vivimos. No se la pierdan.
Game over.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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