ene 27 2014

Colonia V: Refrito

Colonia V es un refrito de ideas que quieren parecer una película de ciencia ficción algo terrorífica. Pero Colonia V se queda en refrito y ya. A secas. Desde luego se encuadra dentro del cine de ciencia ficción porque en alguna parte hay que colocarla. Y trata de ser algo terrorífica, pero ni lo es ni lo será en época alguna de la humanidad.
La historia que cuenta es apocalíptica. En 2045, la tierra pasa por un período glacial. Los pocos humanos que sobreviven lo hacen metidos en viejas estructuras bajo el suelo. Aunque el frío no es el único peligro. Caníbales malísimos buscan víctimas entre los hombres y mujeres que están pasando frío. Y ya está.  Bueno, el guionista abre una puerta a la esperanza. Un grupo de personas ha logrado poner en marcha una máquina que puede modificar el clima. Y allí donde están hace calorcito. Aunque no tienen semillas y hacen una llamada a nuestros protagonistas que sí tienen esas semillas aunque ni un rayo de sol. La máquina que han puesto en marcha es una de las que provocaron la catástrofe, pero modificada. En fin, una serie de bobadas extraordinarias.
La memez es grande. El guión prescindible al máximo. La dirección de Jeff Renfroe, aunque aseada, no encuentra nada nuevo que decirnos. Los actores se defienden y hacen lo que tienen que hacer sin más. Lawrence Fishburne, Kevin Zegers y Bill Paxton, son los que tienen mayor peso peso en la trama.
Poco más se puede decir de una película tan floja como lo es esta. Y lo poco que queda me llevaría a un ensañamiento estéril. Así que lo dejo aquí mismo.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 19 2014

El juego de Ender: Chapuza sideral

Los buenos libros no suelen adaptarse bien para llevarlos a la gran pantalla. Como todo lo bueno, incluyen matices, detalles y mecanismos propios de la literatura, que no se pueden o no se saben trasladar con el mimo suficiente a los guiones. El juego de Ender, la novela, sin ser literatura profunda, es un magnífico libro que, al publicarse en 1985, fue todo un éxito por su originalidad. El juego de Ender, la película, es un tostón, un trabajo soso que confunde casi todo lo que se dice en el libro. Por ejemplo, los valores que el protagonista (Ender) maneja en la novela lucen ridículos en la película al envolverlos (el director, Gavin Hood) en lloriqueos del protagonistas. Alguien debería decir a este hombre que las cosas son emotivas, o no independientemente, de la cara de pena que ponga el actor.
La dirección actoral es pésima. Tanto los jovencitos que componen el elenco (el protagonista es Asa Butterfield y no se libra del ridículo) como el mismísimo Harrison Ford están de pena. Rígidos, inexpresivos. aburridos. Un desastre. Técnicamente, la película no está mal auqnue todo termina pareciendo un vídeojuego. Uno que aparece en durante la trama, que toma cierta importancia, y al que juega el propio Ender, no se diferencia nada del resto de la película. La sensación es que todo es lo mismo. La música es algo invasiva; se incide con ella sobre el espectador de forma descarada; parece obligatorio emocionarse o estar en tensión al ritmo de la partitura.
El guión busca más lo superficial de la trama o lo espectacular de la ciencia ficción. Los diálogos son penosos sin que se libre una sola frase. Todo resulta farragoso, irrelevante, aburrido. Todo se encuentra vacío, todo busca un entretenimiento facilón soportado en rayos láser y naves espaciales. Los que leímos la novela hace años no encontramos nada nuevo en esta adaptación cinematográfica. Lo único que se consigue con este tipo de chapuzas es que volvamos al texto original buscando el reeancuentro con eso que tanto nos gustó y que en la pantalla no se ve por ninguna parte.
Lo peor de todo es que habrá secuela con seguridad. Alguien abrirá la segunda novela de la serie y la destrozará para hacer una película de cine. Una mala película ya que, considerando que la segunda novela no es -ni mucho menos. tan buena como la primera, todo hace suponer que el trabajo será un horror.
© Del Texto: Nirek Sabal


nov 28 2013

Lobezno inmortal: Demasiado previsible

Lobezno inmortal es una película divertida. La dirige James Mangold que no intenta, ni una sola vez, descargar peso dramático alguno en el desarrollo de la trama.
Poco más se puede decir de esta película. Algunos efectos especiales son notables (como en todas las grandes producciones actuales), las escenas de acción están bien construidas y permiten al espectador saber qué es lo que ocurre. Poco más. Entre otras cosas, porque se dan por sabidas cosas que no todos tenemos que saber necesariamente. Si alguien se acerca, por primera vez, a este tipo de películas que tienen a los superhéroes de Marvel como protagonistas, es posible que no se entere de nada. Y no comprender, por ejemplo, la motivación o los orígenes de un personaje, es un desastre.
Esta es la razón por la que la carga dramática aparece con cuentagotas y se incide más en explotar lo divertido.
Aun siendo la trama entretenida, no se libra del suspenso por ser terriblemente previsible. No hay nada importante que no se intuya y sólo los detalles aportan alguna novedad visual o a la acción. Lógicamente, esto resta mucho interés a este Lobezno Inmortal.
Todo el ímpetu del director se centra en las persecuciones y en reflejar con exactitud las coreografías de los combates. Lo más destacado es el encuentro de Lobezno con los criminales cuando viaja a bordo de un tren bala.
Hugh Jackman hace de Lobezno poniendo cara de Lobezno. Ya he dicho que el perfil del personaje es inexistente. Por tanto, con poner un gesto es suficiente. El resto del reparto cumple. Incluidos los actores japoneses que hacen de malos. Ni gritan a lo tonto, ni el gesto es cómico cuando se pegan.
Bien, muy bien, la fotografía de Ross Emery. Logra planos extraordinarios por sus encuadres, su nitidez y el acierto con la luz.
Lobezno Inmortal es peor película que otras de superhéroes. Divierte, eso sí, aunque no termina de cautivar al espectador. Demasiado previsible.
© Del Texto: Nirek Sabal


nov 27 2013

Elysium: Propuesta fallida

De una buena idea puede surgir un buen producto o una castaña pilonga. En el caso de una película de cine, es el guión el que provocará que sea una cosa u otra ya que el guión es lo fundamental, en lo que no se puede fallar. La idea convertida en libreto es el secreto para conseguir una buena película.
No es el caso de Elysium. Una magnífica idea. Un producto final torpón, mediocre; una película que transita por los territorios de siempre, un guión lleno de baches que deja sin contestación un gran número de preguntas y siembra dudas sobre su consistencia a base de abusar de gazapos inexplicables.
El gran problema es el cambio que se produce en una trama que comienza cercana al tono más lírico y que genera una épica de la construcción del individuo como parte de la humanidad. De esa zona poética se salta, sin aviso o razón alguna, a las batallitas de siempre, a lo sobado otras veces. Y la película termina siendo la historia de un héroe necesario para que el ser humano tenga alguna posibilidad. Lo mismo que un millón de veces.
Los efectos especiales y visuales están a gran altura. Algunas escenas (por no decir todas) alcanzan buenos niveles en el ritmo narrativo cuando se incorporan estos efectos. Cuando no los hay todo se viene abajo. Porque, aunque la ambientación es notable, no pasa casi nada que nos interese. Todo huele a conocido, todo se desliza hacia la zona gobernada por la desidia.
Matt Damon es lo mejor de la película. Solvente; muy profesional, intenta arrastrar con él a su personaje sin escatimar esfuerzos. No luce más porque es imposible. Jodie Foster debería interpretar un papel protagonista; sin embargo, su personaje es plano, es un misterio del que no entendemos gran cosa y deja de interesarnos a las primeras de cambio.
Neill Blomkamp (qué buena su película District 9 y qué esperanzas dejó entre los aficionados al cine) se enreda más en la estética que en otra cosa. Y fracasa.
Parece que, ahora, lo que se estila es reunir a un grupo de actores de primera fila, hacer un planteamiento en el que la informática es esencial y comenzar a rodar. Yo no sé cómo son capaces de filmar una película sin un guión bien rematado, sin una buena frase que echarse a la boca. A veces la sensación es que el cine se está convirtiendo en una vía de escape para el espectador que quiere evadirse de este mundo durante un par de horas. Y el cine es mucho más que eso. Un mal montaje, una banda sonora encajada con calzador o un guión en el que todo vale, es una estafa. No se puede pensar que el espectador es tontito o algo así.
Fallida propuesta por su falta de contenido, de sentido y de seriedad. Neill Blomkamp debería pensárselo dos veces antes de aceptar este tipo de trabajo.
© Del Texto: Nirek Sabal


sep 24 2013

After Earth: Mi papá me mima

Will Smith dijo que esta era la película que quería hacer; que entretenía y, además, contenía un claro mensaje. Creo yo que olvidó decir que, esta película, está diseñada por completo para que su hijo, Jaden Smith, pudiera protagonizar un trabajo sin saber lo básico sobre interpretación. Entre el padre -con cara de estar cabreado y medio muerto durante toda la cinta- y el hijo -con cara de pánfilo- consiguen que un guión muy flojo se convierta en un auténtico desastre. El director y guionista, M. Night Shyamalan, pone su granito de arena, un poderoso granito que arrasa con todo rastro de cine que pudiera existir. Por si no lo saben, les recuerdo que la historia es original de Will Smith. Y digo yo que cuando este hombre habla de mensaje se refiere a esto: El peligro es real, el miedo es una opción. Esto encaja con la cienciología, pero que nadie se haga un lío; esto está dicho desde que el hombre es hombre. En fin, el mensaje es ese. Y la película es todo lo que encierra. No hay nada más, se lo garantizo.
No hay una sola escena en la película que merezca la pena. Es verdad que la potencia visual en algún tramo es importante, pero se queda en eso; algo que es muy poca cosa en el cine actual. No hay una sola frase que merezca la pena. No hay nada de nada que merezca la pena. La trama es previsible a más no poder, la música no dice gran cosa y el mensaje es eso del miedo como opción. El resultado es un tostón vacío, prescindible y ridículo.
El único descubrimiento es que Jaden Smith es un adolescente con poco futuro si no cambian mucho las cosas. Lo del director ya se sabía de antes y se estaba viendo venir esta auténtica hecatombe. Y lo de Will Smith es conocido por cualquier aficionado al cine con cierto criterio: no tiene gran talento. Cae bien al personal y poco más.
Lo que nos cuentan en After Earth es que los humanos tuvieron que buscar un lugar en el que vivir. Ya saben, cataclismos y un mundo imposible. La Tierra se convierte en un lugar peligroso para el hombre. Aunque el nuevo mundo también lo es. Por peligros que no sea. El caso es que un accidente lleva a padre e hijo hasta la Tierra (los Smith son padre e hijo en la película; que no sea por padres e hijos). Y el chico (el padre está malherido) tiene que realizar (siendo cadete, indisciplinado y un llorón) su primera gran prueba. Le ayuda papá a través de los aparatos futuristas que llevan en la nave. El final se lo pueden imaginar. Y el gran mensaje queda claro, claro, claro. El peligro es real y el miedo una opción. Qué pasada.
El director recurre al flashback con frecuencia. Lo malo no es el uso del recurso. Lo malo es que siempre nos enseña lo mismo, como si fuéramos un poco lelos y no nos enterásemos de nada. El recurso resulta agotador y aburrido. Aunque, a decir verdad,  no hace falta que nos lleven de acá para allá a través del flashback para que nos aburramos como otras.
El resto de la película resulta igual de penoso. Si tienen algo que hacer, no pierdan el tiempo con este bodrio. Y si no tienen nada mejor que hacer, tampoco.
© Del Texto: Nirek Sabal


sep 1 2013

Pacific Rim: Los buenos siempre ganan

En realidad, casi todo se puede perdonar en el cine. Las equivocaciones las puede tener cualquiera; los gustos son los gustos y sabemos que, muchas veces, el problema no es de la película y sí tiene que ver con que no le damos una oportunidad a esta o aquella película. Casi todo se puede perdonar. Excepto la soberbia o la falta de honestidad. Esto es aplicable al resto de las manifestaciones de carácter artístico, sean cuales sean. Si se detecta que la intención del autor es engañosa o quiere colocarnos en un lugar que no es el adecuado para salvar el expediente, nadie, con un criterio mínimamente formado, lo perdona. Eso de querer parecer una película llena de ideología estando vacía no cuela, por ejemplo.
No es el caso de Pacific Rim. Ni mucho menos. Guillermo del Toro no juega a nada que no sea entretener, a trasladar a muchos a sus tiempos de niño o a montar su película sobre una idea muy sencilla, un guión sin aristas y el espectáculo visual. Eso es lo que intenta y lo consigue. Desde luego, esta película no es una obra maestra. Tan sólo es un espectáculo divertido. Ni siquiera se siente terror, ni interés por el desenlace (desde el principio intuimos lo que va a pasar casi al milímetro), ni gran empatía con los personajes (quedan bastante planos puesto que no interesan mucho más que los robots jaeger o los bichos enormes llamados kaijus). Del Toro nos presenta un mundo hecho trizas gracias al poco cuidado del ser humano; un mundo en el que, en esas circunstancias, sigue haciéndose negocios de lo que va a destruirlo. Y coloca a jaegers y kaijus enfrente, unos de otros, para que se líen a golpes. Si alguien busca algo que no sea esto no lo encontrará.
Lo que sucede es que el mimo con el que lo hace el director, su pasión por contar esta historia, es más que notable. Cada imagen está cuidada al máximo, cada combate es una coreografía perfecta. Eso sí, el guión ni está cuidado con mimo ni deja notar esa pasión de Del Toro. Más bien su fijación casi obsesiva con lo visual, con el detalle.
El trabajo de los actores queda eclipsado por todo lo demás. Será por eso que no se esfuerzan en exceso o se les exige lo mínimo. Con servir de percha para los trajes futuristas es suficiente. Del mismo modo que el realizador se afana en unas cosas, desprecia otras. Pero insisto en que no lo oculta de ninguna de las maneras. Del Toro es honesto con su propuesta y sabe que tiene su público. Bueno, por nombrarles, Charlie Hunnam, Idris Elba o Rinko Kikuchi son algunos de esos actores y actrices. Santiago Segura hace un cameo insustancial. El mismo Del Toro aparece en la pantalla.
El ruido es ensordecedor, la potencia de las imágenes (alejadas por completo de la lírica aunque, a veces, da la sensación que se busca) en importante, y el exceso digital es manifiesto. La trama es muy simple. El mundo nos lo hemos cargado. Ha llegado el momento de la destrucción final aunque el ser humano sabe reaccionar ante el mal. Los malos son horrendos y los buenos siempre ganan.
Pacific Rim es una buena película ya que se trata de colocar en un lugar muy concreto sin truco alguno. Insisto, honesta. Es de esos trabajos que necesitan de palomitas y ganas de disfrutar para que gusten. Porque si lo que se busca por parte del espectador es hondura, lírica o un guión lleno de frases inteligentes o ideas profundas, hay que buscar en otra parte.
© Del Texto: Nirek Sabal


ago 1 2013

Los últimos días: Pánico al guión

Los últimos días es una película firmada por Alex Pastor y David Pastor. La firman con la inestimable ayuda del fotógrafo Daniel Aranyó, la gran baza de la película. Porque, en realidad, a pesar del esfuerzo técnico, lo que tenemos son unas ganas locas de hacer cine, un despliegue de medios exprimido al máximo, una puesta en escena cuidada y elegante, a José Coronado que se las sabe todas, pero un producto en el que falta arrojo como para apostar por una mayor profundidad narrativa. El cine no puede, ni debe, quedarse en espectáculo visual que se aprovecha para contar cualquier historieta. No, porque puede pasar lo que en Los últimos días, que todo tenga pinta de estar hilvanado y poco más a costa de mostrar lo que se sabe hacer con una cámara. Un detalle sin desvelar nada de la trama: en una escena vemos como un personaje rompe un cristal de la ventana y se asoma desde el borde, luego vemos a cuatro más que lo hacen en otro lugar distinto. Vale. Pero cuando uno de ellos necesita hablar con otra se dedica a golpear el vidrio y gritar como un loco para que le escuche (la otra persona está alejada). Si ya hemos visto que asomarse a la ventana se puede ¿por qué esas criaturas no lo hacen y se dejan de tonterías? Eso sí, hay escenas espectaculares, hay mucha escuela de cine detrás. El caso es que los Pastor nos cuentan cómo una enfermedad ataca a la humanidad entera, una enfermedad que impide salir a espacios abiertos. Agorafobia. Y, claro, la cosa es apocalíptica del todo.
Algunas escenas son francamente buenas. Barcelona en plena desintegración, la vida en los espacios cerrados incluidos los subsuelos (lo del metro está muy bien diseñado). Otras son francamente desastrosas. Por un lado, no vienen a cuento y, por otro, recuerdan en exceso a producciones millonarias que ya habían abordado esto del apocalipsis. Animales sueltos por la ciudad (¿Recuerdan Soy Leyenda o la flojita Fin?), fortalezas construidas para evitar ataques de los más salvajes (¿recuerdan Mad max?). Se suman cosas inexplicables que restan interés. Lo de las ventanas ya esta dicho, pero cómo saber la forma en la que alguien sobrevive meses sin comida, sin agua y embarazada se hace pesado e irritante. Poco guión que se intenta maquillar a base de espectáculo visual y una magnífica fotografía.
Quim Gutiérrez no termina de encajar en su papel. Parece no disfrutar con lo que le toca hacer. José Coronado, sin embargo, aunque sin demasiado ánimo, encaja porque tiene tablas para dar y tomar. No es el papel de su vida, eso no. Leticia Dolera hace un papel muy secundario y se queda en correcta. Y Marta Etura, aunque aparece poco, soluciona algunas escenas con la sonrisa y poco más. Tiene un talento natural muy poderoso esta chica. Con poco consigue mucho.
Esta película me hace pensar en el talento de los profesionales españoles (que no falta) y en cómo se utiliza, en qué lo utilizan. Hay muestras suficientes de buen cine y de originalidad. ¿Por qué andar con productor parecidos a los de Hollywood? ¿Por qué no arriesgar sin buscar tanto el resultado de la taquilla? Lo grande no llega con lo extravagante. Lo grande llega con las grandes ideas y con las apuestas inciertas. Esto es algo en lo que deberían pensar productores y realizadores. Y es la baza que hará despegar al cine español definitivamente.
Los último días es una película más. Sólo eso. Y es una lástima que sea así.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 30 2013

The Purge (La noche de las bestias): Un presupuesto para un mediocre

Será difícil que una idea tan prometedora como esta se desaproveche de forma tan triste. The Purge: La noche de las bestias presenta, en su arranque, todos los ingredientes precisos para que se pueda narrar algo importante. Pero James DeMonaco decide que no, que es mejor no arriesgar quedándose en esa zona en la que el gran público traga con cualquier cosa entretenida y compra después el producto en formato casero.
Del mismo modo que la idea es estupenda, el guión es nefasto, facilón y previsible. Ni uno de los personajes, ni uno solo de ellos, muestra cierta profundidad para que crezca por poco que sea. Y sin personaje no hay nada que hacer. Todo se reduce a intentar provocar la tensión en el espectador a base de apariciones sorpresivas o, lo que es peor, desapariciones absurdas. Todo se reduce a eso y a un buen número de escenas violentas. Lo que podría haberse planteado como una verdadera crítica social y del sistema capitalista, se queda en una caricatura sin pizca de gracia en la que los actores y actrices corren delante de la cámara, lloriquean, ponen cara de seres crueles y poco más.
Si tuviéramos que valorar la dirección actoral de DeMonaco teniendo en cuenta el trabajo de Max Burkholder podríamos jubilar al realizador hoy mismo. Es verdad que Max es joven, tan verdad como que debería pensar en otra cosa que no sea esto del cine. Horrendo el muchacho y horrendo el trabajo del director incapaz de sacar un poquito de semejante marmolillo. Ethan Hawke justito y Lena Headey lo mismo. Ambos algo atacados y tendentes al hitrionismo. Es decir, que el señor DeMonaco hace un trabajo muy flojo con los actores. Igual se tiene que pensar lo de la jubilación
Es triste que presupuestos tan elevados caigan en manos de mediocres. Si DeMonaco se dedicase a mover la cámara o a decir a los actores lo que tienen que hacer (acudiendo a un curso previamente, claro), tal vez se ganase algo. Por ejemplo, dejaría que un buen guionista desarrollase sus ideas sin desgraciarlas como él mismo hace. No es lo mismo escribir un guión que planificar una escena. Y son muy pocos los que hacen esas dos cosas bien y para el mismo trabajo. No hace falta decir que este hombre no está en la lista.
La ciencia ficción es un género en el que no todo cabe. Hay quien cree que la fantasía o la ciencia ficción es esa zona narrativa en la que uno tiene una idea, la inserta y puede jugar con ella a las casitas porque, total, esto pasa en el futuro, en un sitio extraño y puede hacer lo que me dé la gana. Sin embargo, la credibilidad es un factor intrínseco a todo tipo de relato. Otra cosa es que lo que se cuenta esté, más o menos, pegado a la realidad, a eso que llamamos verdad. Lo que sucede en The Purge: La noche de las bestias es creíble en su comienzo. Completamente. Ahora bien, a medida que la trama avanza, a medida que suceden cosas a los personajes, todo cruza la frontera de lo creíble. La película pasa a ser estúpidamente real. Y se produce una paradoja. Como estamos viendo ciencia ficción, convertir el trabajo en algo cercano a lo más estúpido de la realidad causa un efecto devastador. Una pena de dinero lo que ha tirado por la ventana este DeMonaco. Y los espectadores al pagar la entrada. Con lo que cuesta ganarlo.
© Del Texto: Nirek Sabal


jul 9 2013

Star Trek (En la oscuridad): A oscuras

Será difícil que alguien consiga rodar una película, con un presupuesto tan elevado, en la que ocurran tantas cosas sin que una sola de ellas sea relevante. Además, será más difícil, todavía, encontrar una película en la que todas esas cosas resulten inverosímiles. Star Trek es pura ciencia ficción y, de momento, lo que narran este tipo de películas son asuntos imposibles. Vale, eso forma parte del género y el espectador lo asume como una regla del juego. Lo imposible se puede asumir por unos y manejar por otros. Pero lo inverosímil no tiene hueco alguno. Esta entrega de Star Trek rebosa por los cuatro costado esa inverosimilitud. No se me ocurre algo que pueda explicar lo que narra J. J. Abrams cuando la fuerza de la gravedad es lo que es o para encadenar siete millones de casualidades improbables, sin que la película se convierta en una declaración de guerra al espectador.
Star Trek En la oscuridad es un alarde técnico impresionante. Muy bien. Los escenarios están perfectamente diseñados resultando originales al máximo, únicos. Muy bien, también. Y ya. Porque los actores superan con creces lo histriónico (no se salva ni uno solo de ellos), la música aturde, la cámara sufre un ataque de histeria permanente y el guión es más de lo mismo (el riesgo asumido por los guionistas es nulo; apuestan al caballo ganador sin intuir que han convertido la carrera en un baile de animales viejos).
J. J. Abrams decidió filmar una película para fans dejando fuera a todo aquel que no lo fuera. Yo diría que deja fuera incluso a los que lo son. No puede nadie suponer que alguien aguante sentado en una butaca más de dos horas, que le cuenten una tontería y que salga mínimamente satisfecho de la sala de proyección. Si esta es la idea, si el único plan es soltar mucho ingenio intergaláctico, lo mínimo es armar un elenco de lujo para enmascarar el vacío del trabajo. Obviamente, este no es el caso. El reparto es desastroso.
Todo parece indicar que la saga continuará. Y todo parece indicar que la cosa irá a peor. Esto de dejar en manos de la informática las películas de cine no puede funcionar en la vida. Habrá alguna excepción, pero nada más. El cine es otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


jun 27 2013

El hombre de acero: El cine no es un videojuego

Todo aquello que nazca para ser comercial terminará siéndolo. Por ejemplo, en un guión se pueden incorporar buenas ideas, seriedad narrativa, una estructura coherente. Lo que sea. Pero el afán comercial, ese querer vender a toda costa, lo estropea todo. Un buen guión como locomotora comercial es carne de marketing.
El hombre de acero tiene cosas muy buenas. Un guión que quiere tratar al personaje como el mito que es, unos medios técnicos deslumbrantes; una banda sonora muy bien diseñada (Hans Zimmer firma una partitura muy personal en la que sobresalen los graves para apabullar, una partitura que sin saber el nombre del autor se le adjudicaría a él; le acompaña Junkie XL); y un reparto que cumple más que bien (la sosería infinita de Henry Cavill habrá que perdonarla). Pero todo esto se lo entregan a un histérico que quiere deslumbrar moviendo la cámara sin parar (este no es otro que el realizador Zack Snyder) y todo se viene abajo. Todo a todo volumen, todo a toda velocidad. Y todo se reduce a un alarde vacío que termina por arruinar lo que podría ser un excelente trabajo.
El estruendo constante hace que lo demás -que es lo importante- pase a segundo plano. El ruido ensordecedor y la cantidad de puñetazos, explosiones, edificios derrumbados y aeronaves derribados. El final de la cinta es delirante en este sentido. Muy bien los efectos especiales, los visuales y los de sonido. Pero El hombre de acero es una película de cine y no un videojuego. Y tanto alboroto no funciona bien.
Si ven la película comprobarán que faltando el ruido, quedando la cámara quieta unos instantes, pasan muchas cosas en la pantalla. Muchas e importantes. Una pena que el guión de David S. Goyer se quede en menos de lo que podría ser. La historia original fue escrita por este guionista y por Christopher Nolan. Como estarán comprobando, hay mucho nombre y mucho ego para un solo trabajo. Este ha podido ser un problema y de los grandes.
La película es irregular. Al querer dejar justificado y explicado casi todo, se pasa de momentos de gran vértigo a la calma absoluta, de una acción frenética a la reflexión profunda, de no decir nada a querer decirlo todo. Una historia que reinventa el mito de Superman aunque incluye todos los elementos que hacen del superhéroe lo que es.
Henry Cavill se podría haber quedado dormido en cualquier toma. Más parado, más inexpresivo y más soso no se puede ser. De hecho, ni se inmuta cuando aparece por allí Amy Adams que no está mal en su papel, pero que no hace pareja con este chico ni a la de tres. Michael Shannon es el villano. Creíble y contenido cuando su papel invita a todo lo contrario. Russell Crowe y Kevin Costner defienden papeles muy cortos aunque están bien plantados frente a la cámara. Hacen lo que les toca.
El hombre de acero es una película excesivamente larga. Lo que cuenta hubiera podido colocarse en una cinta de cien minutos como máximo. Pero como todo se envuelve con grandiosidad técnica y visual, la cosa se va alargando hasta causar pereza. ¿Es una película entretenida? Sí; los golpes, las explosiones y las naves espaciales que explotan, son muy agradecidas. Pero no deja de ser decepcionante. Las expectativas de muchos no han sido cubiertas en absoluto. Demasiados egos en la misma coctelera. Y, sobre todo, demasiado alboroto en la pantalla.
© Del Texto: Nirek Sabal