dic 3 2011

In Time: No malgastes mi tiempo

Andrew Niccol es el director de In Time. He leído que ha vuelto a la ciencia ficción para fusionar Gattaca y La fuga de Logan. Y yo creo que no es así. Lo que ha hecho ha sido meter en un cubo de plástico a Bonnie & Clyde, a Robin Hood y algo parecido a Coge el dinero y corre. Lo ha movido con fuerza y le ha salido este tostón. Un último intento de maquillar el desastre consiste en contarnos que llegará el día en que los humanos tengamos un reloj digital debajo de la piel que nos marcará el momento exacto de nuestra muerte si no conseguimos cargarlo con tiempo extra.
La película es totalmente previsible. Pero, además, desde el minuto uno. La trama se parece a quinientas ya contadas. La cosa es aburrida hasta límites insoportables. Los diálogos son estúpidos, los personajes son estereotipos (no se salva ni uno solo), las interpretaciones son lamentables y, por si era poco, el final invita a que esto continúe con alguna secuela. La buena noticia es que, si terminan rodando una segunda parte, seguramente, será algo mejor que este contenedor de despropósitos. Hacerlo peor es un reto más que improbable.
Justin Timberlake debería dedicarse a otra cosa. En esto del cine no tiene nada que hacer. Amanda Seyfried debería empezar por comprender que una pantalla de cine no es una pasarela. Y que para modelo tampoco creo que sirva. Vincent Kartheiser no es nada creíble defendiendo su papel. Nunca lo es defendiendo casi ninguno. Incluido el de la serie televisiva Mad Men. Y Cillian Murphy parece un marmolillo al que dan cuerda para que parezca que no está dormido como un lirón. La dirección de actores es nefasta. Deberían llevar una copia a las escuelas de cine para que los que llegan sepan, exactamente, lo que no hay que hacer.
Vestuario y peluquería, desaparecidos. Dirección de arte, desaparecida. Banda sonora, desaparecida. Fotografía, lamentable (esta se deja ver, lamentablemente).
Lo del guión es caso aparte. No recuerdo algo tan patético en los últimos meses. Y los ha habido malos de verdad. No creo que se diga una sola cosa inteligente durante la película.
Si la película quería ser una metáfora, la explicación del mundo en el que vivimos, el resultado es ridículo. Eso que nos cuentan en In Time es lo que nos dicen, cada día, en la prensa más militante y es, por supuesto, aburrido. La película no aporta nada. Y cuando digo nada quiero decir nada. Mezclar muchas cosas (otros lo llaman guiños a esto o aquello) aunque sean buenas no es, necesariamente, garantía de obtener algo bueno. Es, más bien, un insulto y una estafa. Cómo será que, habitualmente, miro con cara de pocos amigos a mis compañeros de butaca si comen palomitas o van radiando la película y esta vez ni me he molestado. Lo que quería es que aparecieran los créditos para salir pitando.
Si no quieren perder unos euros ni su tiempo ya saben lo que tienen que hacer. Cualquier otra cosa será más rentable que esta película. En un momento de la película, uno de los personajes deja escrito en un cristal no malgastes mi tiempo. Se lo dice al protagonista. Deberían aplicarse el cuento lo artistas que han elaborado esta propuesta vacía.
© Del Texto: Nirek Sabal


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sep 25 2011

Sin límites: Sin nada

The Dark Fields es una novela de Alan Glynn. Sin Límites es una película realizada por Neil Burger. El guión de la película es el resultado de la adaptación de esa novela por parte de Leslie Dixon. La película es una castaña pilonga. Inverosímil. Busca el director más las formas que el fondo (eso no podía ser de otra forma puesto que no hay fondo alguno) y todo es un enorme desastre narrativo que trata de salir a flote a base de mucha acción, mucho tópico, personajes misteriosos (es más exacto decir personajes que nadie sabe qué pintan en este asunto y se justifican a la ligera) y mucha escena visualmente correcta aunque vacía. Si esto es lo que le espera al cine en el futuro estamos arreglados. Una estafa, un despropósito. Indignante por ser un insulto a la inteligencia.
El personaje principal es Eddie Morra (un aburrido Bradley Cooper). Se trata de un escritor incapaz de comenzar su novela, con una vida sentimental destrozada y sin un dólar en el bolsillo. Casualmente, se encuentra con el que fue su cuñado. Este le proporciona una pastilla de NZT (droga nueva y carísima) que le permite utilizar la capacidad cerebral al máximo. A partir de ese momento, la vida de Morra se llena de dinero, fama, talento, asesinatos, intriga y todo lo que usted puede imaginar. La trama se desarrolla entre giros imposibles, ideas baratas que se usan para resolver los problemas narrativos y sorpresas que no son otra cosa que trampas (eso sí, no se las traga ni un niño de dos años) que tratan de dar lustre a la idea principal: si la mente humana pudiera aprovecharse al máximo el mundo sería otro. Menuda cosa. Aparece por allí Robert De Niro para hacer uno de los papeles más flojos de su carrera (entre otras cosas porque el personaje que interpreta es un topicazo que no aporta nada ni a la película ni a lo que se ponga por delante). Y poco más que contar.
Mucho juego de imágenes tratadas digitalmente y poco cine. La música no puede ser más ramplona. La fotografía es más producto del nivel técnico actual que del trabajo de Jo Willems. Los maquilladores debían estar en huelga y se limitan a manchar de rojo las heridas y poco más. Nada tiene sentido, nada invita al espectador a pensar en que está frente a un producto de ficción y las reglas del juego son otras. Nada es cine en esta película.
Que el cine sea, entre otras cosas, un espectáculo que busque el entretenimiento del espectador, no significa que tenga que convertirse en una especie de sustancia evasiva sin ningún objetivo y sin el más mínimo fondo. El cine no puede convertirse en una idiotez que consumen los más tontos del planeta. Y esta película es reflejo de lo que pasa más habitualmente de lo que queremos creer. Si pueden no vea este bodrio.
© Del Texto: Nirek Sabal


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sep 14 2011

Acción Mutante: Palitos de cangrejo en el espacio


Acción mutante, ópera prima de Alex de la Iglesia, fue muy, muy aplaudida. El director estuvo nominado en los premios Goya. La película, además, fue nominada en cinco categorías más y consiguió premio en tres de ellas. La crítica recibió, en general, la obra de De la Iglesia con grandes aplausos y entre mimos. En taquilla funcionó divinamente. Todo fue la mar de bien.
Pero qué quieren que les diga. La película no es para tanto. Y, desde luego, vista hoy da para muy poco. Los años no han pasado sin dejar hecho un solar el espacio que se quedó ocupando esta película que satirizaba sobre una sociedad que ha ido a peor. Como ella misma. Tiene sus cosas buenas. El maquillaje está logrado. Algunas escenas resultan graciosas y está llena de topicazos que se intentan desarmar con un ingenio más cercano al chistecillo que a la fina ironía (la escena del pescador vasco espacial y su cargamento de palitos de cangrejo es buena de verdad). No hace falta decir que el guión, con la excusa de entrar en la ciencia ficción hispana y cutre, derrocha licencias por todos lados. El reparto defiende sus trabajos mejor que peor. Pero claro, defienden trabajos que se quedan lejos de lo que es un personaje con un mínimo de profundidad. Salvo el que interpreta Antonio Resines (nada del otro mundo) el resto de personajes son el límite de lo que son, es decir, una exageración sin más pretensión que llenar un hueco entre disparates.
La violencia de la película (muy al estilo del director) es extraordinaria. Y, ni hace torcer el gesto al espectador cuando debería, ni provoca la carcajada esperada. La trama es delirante. Claro, como los personajes son delirantes, los escenarios son delirantes y el espectador debería delirar desde el minuto uno, la trama tiene que serlo también. Y eso no funciona así. Eso es hacer trampas.
Vale, la película la ves y sonríes en algunos tramos. Pero en conjunto es un pequeño desastre que está en el lugar que le corresponde. Dentro del saco en el que se puede leer: olvidados.

El cine de Alex de la Iglesia ha evolucionado mucho. Ahora, es infinitamente mejor. En Acción mutante ya se dejan ver las constantes que este director ha ido utilizando sin descanso en todas sus películas. En ese sentido, la película presenta cierto interés. Pero no se hagan ilusiones. Si ya resultaba algo extraña y no gustaba a todo el mundo, me temo que hoy resulta muy ridícula y no gustará a casi nadie. Tengo dudas con los jovencitos. Igual este rollo cyberpunk sí les hace pasar un buen rato. Aunque no apostaría más de un céntimo de euro por la película. Puestos a que nos cuenten las cosas con esa estética, mejor ver Blade Runner. Vamos, digo yo.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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sep 9 2011

Robot Stories

¿Inteligencia artificial?  ¿Fuente de la vida eterna? ¿Somos vulnerables frente a la tecnología? ¿Qué incidencia tienen sobre nosotros? ¿Inteligencia artificial para educar humanos? Podríamos seguir horas y horas haciéndonos preguntas de esta índole
Robótica, sentimientos, sobrecargas, estudios lógicos, alteración de lugares comunes etc. Estos son algunos de los rasgos que minuto a minuto iremos descubriendo en este conglomerado de cables y códigos binarios. Es preciso aclarar que esta película, invita como otra cualquiera a coger palomita y bebida, pero lo que es más sorprendente, invita a coger papel y lápiz (pluma para los más nostálgicos) y realizar un meticuloso análisis sociológico.
Greg Pak enuncia alarmantes realidades  dirigidas al espectador inquieto, ofreciendo a la par soluciones que  mejorarán el mundo en el que aparentemente vivimos a fuerza de  ceros y unos.  Fragmentando el continuo en cuatro estadíos, en principio diferentes, pero con el comentado trasfondo común, Pak nos asegura en un primer momento que en un futuro aparentemente cercano, no será tan difícil llegar a ser el padre que siempre se quiso, ya que podrás ponerte a prueba con El bebé robot. Si, es lo que pensáis, estamos hablando de un tipo de  ciber-nenuco del futuro (ojos, boca, forma oval y puerto USB), pero  hemos de puntualizar una cosa, estos adorables muñecos,no son cosa de niños ya que aunque siendo robots, siguen teniendo  las carencias y reacciones de un bebé humano. Si en realidad existiese este tipo de infantes otro gallo cantaría, aunque el avance  hacia un mundo  perfectamente deshumanizado fuese vertiginoso.
En el segundo estadío, encontramos un robot involuntario. Puntualizando el término robot involuntario, diremos que  el protagonista de estos minutos, sufrió un descuido desencadenando un accidente que salió caro. Ahora lo puedes ver postrado en una fría cama de hospital conectado a máquinas que no hacen otra cosa que respirar por él convirtiéndolo en robot que nadie quiso ser. Con la robotización del joven emergerá un aura de falsa esperanza para la familia, los cuales creerán firmemente en la existencia de un último halo de vida-muerta en ese cuerpo inerte.
Nunca un robot despiezado redimió pecado alguno.
El Cyborg affaire, se personará en el tercer estadío. ¿Existe el amor de máquina? ¿Un Cyborg detentando sentimientos humanos? Sorprendentemente en esta ficción, todo se puede hacer realidad. El amor no es sólo cosa de cinco sentidos, también es posible entre cables  e interruptores. Amor entre personas 200% eficientes, amor entre monstruos 200 % eficientes. Tecnofobia, rechazo morboso o el llamado sí pero no. ¿Qué límite es capaz de  exceder la prepotencia humana? Júzguelo usted mismo.
El tiempo implacable nos aproxima al último gran interrogante planteado por el director. ¿Podemos descansar en paz? Puede que este sea el más paradójico aunque bello capítulo de la cinta. Lo tomaremos como piedra de toque que nos hará cuestionar el valor de la existencia humana de aquí a unos años.
Si después de visionar este largometraje reflexionamos sobre lo que se nos ha ido ofertando y en las consecuencias que ello puede provocarnos, aseguro que intentareis poneros a salvo.
© Del texto: Ruby Fernández


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sep 6 2011

Cowboys & Aliens: Un disparate que no lo es tanto

Me gustan las películas de indios y vaqueros. En esta aparecen muchos indios y muchos vaqueros. Me gustan las películas de marcianos (las sci-fi, que queda más fino). En esta hay unos cuantos. Esta película nace de un cómic escrito por Fred Van Lente y Andrew Foley (con ilustraciones de Dennis Calero). Me gusta el cómic. Así que esta que va de todo a la vez me debería de encantar. Pues no. Me ha gustado el principio y me han dado ganas de levantarme del asiento de mitad de la película en adelante. Qué falta de imaginación para resolver los problemas que los propios guionistas se crean. Montan un castillo que tiran de una patada. Hay que ver lo torpes que son. John Favreau hace lo que puede con lo que tiene a mano, pero como resulta que este no es Buñuel ni Ford, hace muy poco con lo que tiene a mano.
El caso es que la película es divertida en su primera mitad. Hay hasta chistes que no están mal. Daniel Craig y Harrison Ford se empeñan es sacar adelante la cosa. Más creíble Craig que Ford. Si añadimos unos efectos visuales y sonoros de maravilla pues lo pasamos bien. Pero, a partir de ese momento, la cosa se convierte en un topicazo mil veces contado y, por eso, mil veces más aburrido.
Un bandido muy serio (Daniel Craig) y muy malo despierta en el desierto. Nuevo México. Finales del siglo XIX. Lleva en la mano izquierda un brazalete metálico que no se puede quitar y que no sabe ni para qué sirve ni nada de nada. Como es un forajido y ha perdido la memoria (una mezcla poco aconsejable para los que son malos) va hasta un pueblo en el que le esperan con los brazos abiertos. Al calabozo. Cuando le van a trasladar aparece por el pueblo un coronel del ejército retirado (Harrison Ford) que busca a su hijo. El hijo está detenido junto al malo. Pero, este, por tonto. En plena discusión para que suelten al hijo del coronel y para que alguien le pegue dos tiros al malo por ser como es, aparecen unas naves espaciales que destrozan lo que pillan en el camino y se llevan a los habitantes del lindo pueblecito. Y, a partir de aquí, hay de todo.
De verdad que es una pena que nadie haya huido de lo tópico y de lo simplón para resolver la trama. En algunas escenas vemos por allí viejas películas a las que se homenajean (atención a la forma de la nave y a lo que recuerda. Para los más olvidadizos daré una pista: Encuentros en la … fase) sin gran acierto, casi todo se resuelve entre un lío tremendo de imágenes que se solapan entre ruidos de explosiones y carreras frenéticas de humanos y bichos. De hecho, yo pensaba que los hombres deberían haber muerto (todos) poco después de comenzar el gran lío, pero no, el caos no me dejó contar bien.
Son dos horas de cine de entretenimiento. Desde luego no es un paquete, ni un disparate sin pies ni cabeza. Yo diría que sin pies. O sin cabeza. Sin algo, pero con lo otro intacto. Una experiencia eso de ver mezclados los géneros (nada nuevo si repasan algunos títulos no muy antiguos), mezclados a 007 disfrazado de cowboy y a Harrison Ford pilotando un caballo en lugar de una nave espacial. Todo muy raro. Francamente, rarito. Pero al lado de lo que se puede ver hoy día, se salva.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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sep 4 2011

La piel que habito: Moviendo cabezas

Si algo caracteriza el cine de Pedro Almodóvar es que la exageración, la extravagancia, las situaciones extremas y los personajes que rozan el delirio se convierten en algo normal, sencillo, en algo que cualquiera podría tener delante de las narices sin que pasara nada de nada. Tal vez ese sea el encanto fundamental del cine de Almodóvar. Sólo alguien que sabe hacer cine es capaz de conseguir este tipo de efectos en un espectador que no suele estar dispuesto a cambiar su forma de entender las cosas a cambio de un rato de entretenimiento. La extravagancia desnuda, sin el acompañamiento de una dosis de genialidad suele quedarse en pura anécdota, en un mal chiste o en una caricatura de lo que debe ser una película de cine.
Antes de entrar en la sala de proyección, estuvimos tomando  unas cervezas y unas tapas. Comentamos lo que ya sabíamos de La piel que habito y esa mala suerte que supone entrar en el cine contaminados por ideas ajenas que te colocan en lugares equivocados. El lugar de otro es siempre un sitio equivocado. Todo lo que se ha dicho de esta última película del director manchego ha sido excesivo; lo bueno y lo malo. Sin ver la película ya lo intuía. La sala estaba prácticamente llena de gente.
La Piel que habito comienza entre dudas. Esa primera parte de la película (la que va del primer minuto hasta que un personaje que aparece en pantalla disfrazado de tigre deja de estar) es la que se parece menos a lo que debería, es decir, al cine de Almodóvar. Durante esos primeros minutos se presentan los personajes (no todos aunque sí buena parte de los fundamentales). El médico protagonista mantiene diálogos con otros que parecen sacados de un libro de texto de educación primaria. El que va vestido de tigre es un auténtico despropósito de personaje aunque, es verdad, que con él llega la primera frase con chispa. Todo aparece de forma remolona sin dejar al espectador margen para casi nada salvo para levantar la ceja. Eso sí, a partir de ese momento, Almodóvar hace desembarcar su cine con fuerza y, ya lo voy a decir, con maestría. Con los excesos de siempre, con zonas de exposición narrativa muy bien contadas, con personajes que se desarrollan en un mundo fabricado a su medida y que se dibuja con perfección. Ya se ha contado mucho del argumento de la película, mucho más de la cuenta y aquí no se va a desvelar nada. Me parece una faena monumental hacer esas cosas. Van ustedes al cine y ven la película.
Acudan a la sala de proyección sabiendo que la puesta en escena de la película es extraordinaria. Nada extraño si el director de la película es quien es, el director de fotografía es José Luis Alcaine y el director artístico Antxón Gómez. Impecable. Crean lo que digo. Pueden ir tranquilos los que piensan que la película no tiene nada que ver con el cine de Almodóvar. Lo es. Y lo es en estado puro (esa primera parte es lo que más se separa). Se van ustedes a reír quieran o no quieran (la escena en la que aparece el hermano del director, por ejemplo, es muy divertida); asistirán a una vuelta de tuerca más sobre lo que puede ser el amor, las relaciones familiares o el sexo; se van a sentir desconcertados cuando salgan del cine y perciban que Almodóvar ha logrado que se pongan ustedes en la piel de otro para entender lo que no tiene explicación aparente. Porque de eso va la película. ¿Dónde está el límite de las personas cuando deben asumir papeles que nos les corresponde? ¿Puede alguien sobrevivir a la renuncia de ser quien es? Por supuesto, los excesos de Almodóvar están. Algunos más justificados que otros. Lo del tigre y una escena que nos presenta en la que unos jovencitos se montan una orgía en el jardín, son innecesarias por aportar muy poco. Pero el resto, deslumbra. Las mujeres que son sometidas de una forma u otra por los hombres, los amores imposibles que toman cuerpo cuando la realidad se impone desde una zona desconocida que destroza las consciencias de todos, la búsqueda personal desde lugares insólitos. Todo desde el exceso, todo desde una luz nueva.
Acudan a la sala de proyección con la tranquilidad de saber que la música de Alberto Iglesias no es invasiva. No lo es aunque algunos lo hayan dicho. Al contrario, acompaña la acción con acierto, sin más protagonismo del debido. Concha Buika interviene y, sin deslumbrar, cumple con su misión.
Almodóvar nunca ha sido un director caracterizado por crear buenos personajes masculinos. Y digo nunca. Esta vez tampoco. Incluso el principal, el médico brasileño, se queda a medio camino. Nada nuevo para el que conoce el cine del manchego. Ni crea buenos personajes ni dirige bien a los actores. Además, Antonio Banderas no es un gran actor. Eduard Fernández, que tiene un papel muy secundario, se hace más grande en la pantalla, más creíble, que Banderas con presencia constante. Jan Cornet está bien. Roberto Álamo, que no es mal actor, tendrá que vivir con esta rémora por la que apostó. Pero Almodóvar es el gran creador de personajes femeninos. Y dirige sus interpretaciones de forma magistral. No sólo logra que Elena Anaya o Marisa Paredes estén bien; además, siempre llega a la esencia de ellas, de todas.
Esa forma de ver las cosas es el gran problema de la película. Almodóvar es como es, la película está realizada por él, el guión lo ha escrito él mismo. Y eso es lo que cuesta digerir. Es muy difícil ponerse (habitar) en la piel de otro para entender bien lo que pasa en la pantalla.
Ni es la peor película de Almodóvar ni la mejor de ella. Pero conviene verla porque es cine del bueno. Deja la cabeza en movimiento después de verla. Y eso hoy en día, si que es una rareza.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 31 2011

I’m A Cyborg, But That’s Ok: Pilas, baterías y radio

Según las leyes de la robótica:
1. Un robot no debe dañar a un ser humano ni, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño.
2. Un robot debe obedecer las órdenes impartidas por los seres humanos, excepto cuando dichas órdenes estén reñidas con la Primera Ley.
3. Un robot debe proteger su propia existencia, mientras dicha protección no esté reñida ni con la Primera ni con la Segunda Ley.
Según las leyes no escritas del género humano:

  1. Un humano es capaz de dañar al prójimo
  2. Un humano, obedecerá las leyes según su apetencia y la retribución que le causen.
  3. Un humano protegerá su propia existencia aunque dicha protección  siga la primera y segunda ley.

Si a todo esto, le añades la rutina de trabajo dentro de  una maquina coreana y las consecuencias que conlleva una labor automática sobre la vida y su tejido cerebral, obtendrás I’m A Cyborg, But That’s Ok.
Park Chan-Wook se propuso acortar la distancia entre Corea del sur, Francia y Buenos Aires volcando sobre el metraje, efectos y tintes a lo Jean-Pierre Jeunet y su dulce Amelie junto con la poesía visual de Eliseo Subiela y su Hombre mirando al Sudeste.

Aunando dosis de humor, pasión, inocencia, surrealismo, ritmo ágil y mecánica, podemos introducirnos en el día a día de una joven asiática. La cual, tras vivir una secreta cyborg infancia, acaba internada en un centro psiquiátrico como antaño lo hiciese su abuela-ratón.
En los ojos de los internos  se vislumbra un alto grado de felicidad, tristeza y fantasía, aunque se los tapen con cualquier tipo de máscara o pretexto. Me estoy refiriendo al alma gemela de Young-Goon, ese chico roba almas.
Tanto  Chan–Wook como sus diferentes personajes  nos hacen partícipes del mundo y psique de  la  esquizofrénica muchacha, íntegramente  convencida de su naturaleza  cyborg, por ello realizará un ayuno extremo, ya que cualquier alimento que entre en contacto con su  cuerpo, puede estropear la maquinaria que la hace funcionar.
Esto la conducirá hacia una dieta de subsistencia fundamentada en polos positivos, negativos y ondas hertzianas o lo que es lo mismo; pilas ,baterías y programas radiofónicos.
La mezcla de texturas, fotografías, sensaciones, planos entre otras muchas cosas, es lo que nos hace esperar la delicadeza siguiente por muchos tiros que esta ofrezca, ya que este director es delicado hasta para acabar con la vida de los hombres de blanco. ¿Cuál es el propósito de mi existencia? Y si no lo sé yo, ¿por qué lo ha de decidir ellos?
¿Qué es un megatrón de arroz?
¿Para qué sirve esa puerta?
¿A qué extremo puede llegar el cerebro humano?
¿La imaginación al poder?
Encontrarás las respuestas junto a la máquina de café.
© Del texto: Ruby Fernández


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jul 17 2011

Starship Troopers: Fascismo de pacotilla

Imaginen un mundo amenazado por la raza extraterrestre más violenta y destructiva que jamás ha conocido el ser humano. Qué susto ¿verdad? Lo que esperaría cualquiera es que el hombre luchara sin descanso para no desaparecer. Algo así.
Esto ya ha pasado. Hitler inventó esa raza violenta y destructiva. El mundo en peligro, puesto que el pueblo judío era más poderoso cada día. Puso su maquinaria de propaganda a funcionar para que esa idea calara en todo estrato social. Antes, Nietzsche llamó gusanos a unos y aristócratas a otros. Hitler recogió la idea, la hizo suya y estructuró un partido fascista que salvaría a la raza de esos gusanos que eran los judíos. Pero, de paso, arrasó con todo lo que no simpatizaba claramente con sus ideas. Y, por fin, hizo que estallase una guerra mundial para extender sus ideas y su poder.
Pues de algo parecido a esto habla Starship Troopers, película firmada por Paul Verhoeven que construye un escenario futurista inundado de estética fascista, de ideas fascistas. Uniformes de corte nazi, publicidad manipuladora y exagerada (todo se vende como maravilloso incluida la guerra y, por tanto, la muerte), unos bichos terribles que amenazan y con los que hay que acabar inmediatamente; la violencia justificada por una cosa u otra, pero justificada siempre; fanatismo, ignorancia que aprovecha el poder. Un mundo mentiroso sostenido por una inmensa mentira. Todo esto lo presenta Verhoeven envuelto en historias de amor convencionales, lenguaje militar convencional y relaciones entre padres e hijos convencionales. Es un gran topicazo.
El guión de la película es espantoso, los diálogos rozan siepre el ridículo y desesperan a cualquier espectador mínimamente inteligente. Por supuesto, son tópicos y están vacíos de sentido.
Las interpretaciones de Casper Van Dien, Dina Meyer o Denise Richards (entre otros) son la muestra clara de lo que no hay que hacer frente a una cámara. Histriónicos, alocados y aburridos.
Lo que se salva son los efectos especiales y visuales que, para el momento en que se rodó la película, no están nada mal.
Ordenar un mundo alrededor de la violencia y de una educación parcial y fanática se puede (se debe) hacer desde la inteligencia y no desde lo sabido. Un verdadero desastre.
Ahora bien, si quieren batallitas en el espacio, seres terribles, héroes, villanos y heroínas, parejas de jóvenes enamorados, naves espaciales, cuerpos mutilados y cosas así, no se pierdan esta película. Incluso podrán ver cómo un chico que mete la pata se lleva puestos una docenita de latigazos. Lo clásico nunca muere.
Si por el contrario prefieren entender el fascismo, cómo manipular a un pueblo entero desde la propaganda, cómo demonizar a un pueblo entero o cómo el hombre puede justificar la violencia más atroz; lean a Nietzsche, encuchen a Wagner, lean a Leví y luego echen un vistazo a cualquier película que trate el asunto con más solvencia.
Esta es aburridísima. No merece el más mínimo esfuerzo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 7 2011

Blade Runner: El triunfo de una puesta en escena fatántisca

Rick Deckard es un veterano Blade Runner. Dedicó su tiempo a retirar seres fabricados  a través de la ingeniería genética denominados Nexus 6. Esos seres son réplicas humanas con una inteligencia y fuerzas muy superiores a los propios humanos. Está semiretirado, pero es llamado por su antiguo jefe (Bryant) puesto que media docena de Nexus 6 han llegado a la tierra procedentes de colonias interestelares. Dos de ellos ya han muerto. Quedan cuatro considerados altamente peligrosos por su violencia. Aunque es reacio a aceptar el encargo, bajo presión de Bryant, dice sí al trabajo.
Estamos en Los Ángeles. Noviembre del año 2019. La ciudad se ha convertido en un laberinto de mercados interminables, en una mezcla de razas delirante, en una ciudad caótica y decadente en la que siempre cae una lluvia plomiza. Todo ser vivo puede fabricarse y son casi imposibles de distinguir  de los verdaderos seres vivos.
Deckard persigue a los Nexus 6 que tienen como objetivo llegar hasta su creador para que les otorgue la posibilidad de vivir más tiempo (fueron fabricados para que pudieran vivir cuatro años y, además, están faltos de empatía y sentimientos). Han desarrollado la capacidad de crear sus propios sentimientos al plantearse la posibilidad de morir. Por el camino Deckard irá eliminando a los Nexus 6 y correrá peligro de muerte frente a ellos cada vez que se cruza en su camino. Conocerá a Rachael, otro ejemplar de replicante que no sabe que lo es. Esta, al contrario que el resto, le salvará la vida y terminará enamorada del Blade Runner. Igual que Deckard de ella.
Deckard termina su trabajo eliminando a los replicantes (uno de ellos, el lider Roy le perdona la vida) aunque no termina con Rachael. El Blade Runner y Rachael terminan huyendo hacia un futuro incierto y desconocido para ellos (y para el espectador) puesto que  Gaff (ayudante de Bryant) les permite escapar en el último momento.
Este podría ser el resumen argumental de la famosísima y algo sobrevalorada Blade Runner del director Ridley Scott. Me temo que muchos dejarán de leer este análisis después de encontrarse con el sacrilegio que consiste en decir que está sobrevalorada. Pero estoy convencido de ello y, por eso, lo digo.
En dos de los diálogos de la película se concentra buena parte del tema principal que Scott quiere tratar.
La conversación entre Tyrell (director de la compañía que crea los Nexus 6) y Roy Batty (lider de los replicantes) es, con seguridad, la que expresa mejor el objetivo temático de la película. Es este:
RB: No es cosa fácil conocer a tu creador.
T: Y ¿qué puedo hacer yo por ti?
RB: Puede el creador reparar lo que ha hecho.
T: ¿Te gustaría ser modificado?
RB: ¿Y quedarme aquí? Pensaba en algo más radical.
T: ¿Qué es lo que te preocupa?
RB: La muerte.
El creador, Dios, frente a lo creado. Un replicante o un ser humano. El silencio de Dios. Lo inaccesible que puede llegar a ser. ¿Puede Dios cambiar las cosas? El tiempo que se acaba con la muerte y hace preguntarse a los seres vivos (¿lo es un Nexus 6?) sobre su futuro. El miedo a lo desconocido. La necesidad de encontrar respuestas en la filosofía y en la teología.
Sobre esto es sobre lo que se ordena el fondo ideológico de Blade Runner. Y, a decir verdad, lo deja enunciado, pero no termina de profundizar. Plantea, pero no resuelve casi nada.
En otra intervención de Roy Batty se enuncia el problema del tiempo que corre sin parar hacia la nada:
RB: Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo.
Hace referencia a la llegada de la muerte, a la imposibilidad de modificar la fecha de caducidad que un replicante tiene, que un hombre tiene aunque no sepa cual es. Es muy interesante el planteamiento que hace Scott sobre la falta de pasado (a los Nexus 6 se les implantan recuerdos falsos) que lleva a la imposibilidad de un futuro cualquiera y que convierte el presente en algo sin sentido, vacío de cualquier contenido y torturador.
El resto de la película no deja de ser una historia de amor, una historia policiaca con un antihéroe (el Blade Runner) que lucha contra el que se convierte en héroe desde su villanía y el relato de una sociedad que puede terminar con su esplendor al vaciarse de humanidad
En la película todo es afixiante, tétrico y oscuro. El mundo se ha convertido en una masa informe decadente en la que se mezclan columnas griegas y pirámides con escaparates iluminados por neón y edificios que fueron estandartes de un progreso que desapareció. Las luces de la policía aparecen en cualquier habitación de la ciudad puesto que los vehículos no dejan de sobrevolar todo el espacio. Es un mundo que se sobreprotege de sí mismo.
Blade Runner presenta una estética cyberpunk (esto no era novedad aunque alguno piensa lo contrario) que encaja muy bien con el escenario y la puesta en escena de la película. Los Sex Pistols ya habían tomado como suya la expresión no hay futuro. Y es eso lo que parece defender Scott durante todo el metraje.
Conviven en la pantalla los grandes edificios que representan la modernidad con los viejos que representaron lo mismo y ahora se caen a trozos. Y dentro de ellos, viven los representantes de eso mismo.  Las calles se llenan de personas que mezclan un vestuario muy parecido que les hace similares entre ellos, parecen uniformados y carentes de personalidad.
Scott es un gran director, pero lo que mejor hace es convertir la idea en imagen. Su puesta en escena es magnífica. Por ello, crea un clima perfecto para desarrollar lo que quiere decir. Y es esto uno de los grandes logros de Blade Runner.
En Blade Runner el tiempo es un contador que te hace saber o intuir cuanto te queda para morir. Ni más ni menos.
Los seres humanos viven en un espacio lleno de individuos que parecen formar parte de una sociedad, pero, en realidad, están solos, hartos de un mundo del que terminan huyendo a bases construidas fuera de la Tierra. No parece que vivan ilusionados por un futuro puesto que allí no cabe nada ni nadie (esto es literal puesto que nos encontramos con una superpoblación inmensa y todo lo que había se deshace por una decadencia absoluta. Tan sólo brilla aquello que es ficticio y ajeno al propio ser humano). El tiempo es un viaje a ninguna parte.
Los replicantes son creaciones de los hombres. Incompletos. Carecen de pasado, sólo tienen presente y con ello no pueden imaginar un futuro. Además, ese futuro tiene un límite temporal puesto que fueron diseñados para que vivieran durante cuatro años.  El tiempo reside en un contador que suma segundos y les resta existencia de forma irremediable. El tiempo, otra vez, es un viaje a ninguna parte.
Los humanos van perdiendo su condición y, cansados, no parecen temer a la muerte.  Nada tiene sentido. Los Nexus 6, al contrario, cuando desarrollan la capacidad de sentir, cuando se van pareciendo a lo que es un hombre, comienzan a necesitar tiempo para vivir. El temor a la muerte aparece para amargarles la existencia. Viene bien un poema de Rubén Dario en el que se expresa esa sensación de vértigo que sólo el ser humano es capaz de sentir. Se titula Lo fatal y dice así:
Dichoso el árbol, que es apenas sensitivo,
/y más la piedra dura porque ésa ya no siente,/
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo
/ni mayor pesadumbre que la vida consciente.
Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
/y el temor de haber sido y un futuro terror…
/¡Y el espanto seguro de estar mañana muerto,/
y sufrir por la vida y por la sombra y por
/lo que no conocemos y apenas sospechamos,
/y la carne que tienta con sus frescos racimos,
/y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos/
y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos…
Parece que los Nexus pueden llegar a ser personas en el momento de tener alma (esto queda representado por la paloma que Roy tiene en las manos justo antes de morir y que suelta justo antes de que ocurra; una imagen gastada y bastante flojita) y eso sólo se consigue si aman, odian, se enternecen, perdonan o sienten miedo ante la muerte. Sólo pueden ser hombres cuando se preguntan si lo son. Los seres humanos de la película parecen haber olvidado esa pregunta y se dejan llevar. Se desintegra y con ellos la sociedad. Tal vez sea al revés. Eso en la película no queda claro. El caso es que el problema se plantea en términos de destrucción individual y colectiva cuando desaparece la humanidad de las personas.
Es curioso que sean los replicantes los que representan la búsqueda filosófica y teológica del sentido de la vida, los que se hacen la pregunta que se hace el hombre desde que lo es: ¿qué soy?
La puesta en escena que lleva a cabo Scott es espléndida, Ya estaba dicho. Las interpretaciones, salvo la de Rutger Hauer que está soberbio, son el reflejo de lo que debió ser el rodaje de la película. Algo aburridas. Sean Young guapa y sosa. Harrinson Ford hasta las narices. La estética es deudora excesiva de Metrópolis. La música de Vangelis algo excesiva dependiendo de los tramos. Y el ritmo es desigual en exceso, tanto argumentalmente como en su carga de contenido.
En definitiva, una muy buena película, sin duda. Pero que se queda a medias en sus propuestas filosóficas y en la que no encontramos nada que la puedan convertir en esa obra maestra indiscutible que muchos dicen que es.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jun 22 2011

12 Monos: La doble lectura obligada

Siempre que veo 12 Monos, recuerdo un cuento de W. W. Jacobs titulado La pata de mono (curioso que ambas obras introduzcan el mismo animal en el título). Ese relato deja la posibilidad de hacer distintas lecturas (todas las buenas narraciones lo permiten). Una de ellas consiste en que el lector crea al leer lo que le presentan. Sin rechistar. Otra, sin embargo, consiste en intentar (el lector) poner un punto de cordura en lo que parece que está sucediendo, o lo que es igual, no dejarse embaucar por Jacobs haciendo una lectura reposada y pegada a una realidad que se comparte por todos. Si Jacobs hubiera querido dejar clara cuál era su postura, lo hubiera hecho desde el principio. Planteando la narración de esa forma, la posibilidad de otra lectura aporta al relato una fuerza extraordinaria.
Pues bien, al ver 12 Monos pienso en el texto de W. W. Jacobs puesto que ocurre lo mismo en ambas obras. La lectura más cómoda de la película, por sencilla, es la que podemos hacer arrimándonos a lo que vemos, dando por bueno que es eso y no otra cosa lo que sucede en la realidad creada por su director Terry Gilliam. Sería algo parecido a esto: En un futuro no muy lejano, lo que queda de raza humana, se encuentra en el subsuelo intentando sobrevivir a un virus que acabó con la vida del 99% de la especie. Sólo los animales son capaces de vivir en la superficie terrestre al ser inmunes. James Cole se presenta voluntario (forzoso) para conseguir información en el pasado sobre lo que ocurrió y, así, poder ordenar el presente que le toca vivir. Viajará a través del tiempo. Hasta 1990; hasta 1996; hasta la primera guerra mundial. En su primer viaje llega por equivocación a 1990. Conoce a Jeffrey Gaines en un manicomio. También a la siquiatra Kathryn Railly. Logra escapar del centro médico gracias a que, desde su presente, los científicos le rescatan con su máquina del tiempo. En fin, no sigo por si alguien todavía no ha visto la película. Estaríamos, por tanto, frente a una película encuadrada en el género de la ciencia ficción. Máquinas del tiempo, la humanidad prácticamente aniquilada; bucles temporales que anulan el presente, futuro, y pasado, convirtiéndolos en la misma cosa; una estética extraña en un mundo extraño, el futuro frente a nosotros.
Muchas personas (casi todas, a decir verdad) ven 12 Monos de este modo. Lo que significa que creen en la posibilidad de que un crío pueda contemplar su propia muerte siendo adulto. Uno se sienta frente a la pantalla dando por bueno todo lo que ve y listo. En realidad, es así como hay que ver películas de ciencia ficción. Además, es posible que Terry Gilliam quisiera contar eso y no otra cosa cuando filmó la película. Pero ¿es 12 Monos eso o la cosa es distinta? Como siempre ocurre, cualquier manifestación artística puede interpretarse de distintas formas. Y el autor no puede hacer nada para que eso no ocurra. ¿O tal vez la lectura correcta es la que casi nadie hace? A veces, incluso los autores se apuntan a lecturas alejadas de lo que quisieron viendo que la obra toma una dimensión más amplia. Por ejemplo, cuentan que el escritor Julio Cortazar escribió su relato Casa tomada intentando narrar un sueño que tuvo. Algún crítico dijo que era una formidable manera de describir el peronismo argentino y Cortazar terminó por aceptar esa lectura como buena viendo que la cosa funcionaba cuando no tenía nada que ver con su intención al escribir.
Supongamos que Gilliam quiso hacer una película sobre la decadencia de las sociedades actuales centrando su atención (de forma fundamental) en una mente sometida a una autodestrucción feroz, una mente capaz de inventar un mundo entero y condicionada por el síndrome de Casandra. En definitiva, una película sobre la locura en la que el personaje principal está como unas maracas. Si fuera así la cosa cambia porque habría que ver todo como un delirio descomunal que, a base de ser recurrente en la mente del protagonista, llega a una perfección narrativa también descomunal.
A decir verdad, esta lectura es sencilla. Fijando la atención en algunas cosas, es casi obligada. Por ejemplo, los científicos del presente del protagonista son completamente ridículos. Por ejemplo, si atendemos al guión, el disparate (leído en clave de verdad verdadera) roza lo ridículo. Todo es ridículo. Lo que ocurre es que Gilliam es un director que sabe contar historias y sabe lo que es necesario para que esas historias no se vacíen en cualquier momento. Un par de detalles pueden servir como ejemplos. El punto de vista está centrado en Cole mientras el personaje se va perfilando. Pero cuando el personaje ya está presente en todo su esplendor, el punto de vista se coloca en el hombro de la siquiatra. Esto permite dar credibilidad a la acción (si lo cuenta el loco aquello no funciona ni a la de tres) y, a la vez, se consiguen introducir aspectos ocultos hasta el momento que ayudan a explicar y cerrar la trama. Esto se llama chapuza narrativa. Pero funciona más que bien. Otro ejemplo. Si, además de un siquiatra al que tenemos que creer porque para eso es lo que es, introducimos una fotografía (algo material sea lo que sea) que demuestre que nuestro protagonista ha estado en un lugar y en un tiempo imposibles, nadie puede dudar de lo que ve. Pero a Gilliam se le olvida un detalle: alguien puede hacer la lectura correcta y decir que un loco se puede inventar todo, incluso esa fotografía. Esto no es una chapuza, pero si un elemento algo tramposo. Sea como sea, 12 Monos se puede convertir en un ensayo sobre la locura. Y es un excelente ensayo sobre la locura. La dimensión de la película es otra y su grandeza se eleva mucho.
El guión de la película se redondea bien (quizás en exceso al explicar tanto y de forma atropellada al final). Vestuario y maquillaje son notables. La música es una maravilla. La estética (muy cercana a Brazil) acompaña la acción más que bien. La dirección de actores es un gran logro. Y las interpretaciones son magníficas. Bruce Willis pierde ese único gesto que utiliza para todo y llega a mezclar la dureza con la fragilidad consiguiendo un personaje creíble y sólido. Brad Pitt se muestra algo histriónico, pero defiende su papel con gracia y sin altibajos. David Morse hace poco (su papel es muy limitado) y lo hace bien. Por su parte, Madelaine Stowe interpreta con corrección exquisita. Todo esto quiere decir que la película funciona. Funciona muy bien.
A estas alturas, habrá quien piense que todo esto que digo no tiene demasiado sentido. Pues bien, los que estén en esa situación, piensen en esa voz que llama Bob al personaje que interpreta Willis. El que luego aparece en forma de indigente. Piensen en la viabilidad del mundo subterráneo. Y luego intenten cambiar la clave de interpretación. Tal vez comprueben que las partes encajan con perfección.
Como es una excelente película, merece la pena echar un vistazo. Los que se acerquen por primera vez deben tener paciencia. El comienzo es algo confuso para el espectador. Disfruten, queridos.
© Del Texto: Nirek Sabal


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