dic 30 2013

Lluvia de albóndigas 2: Entretenimiento en Navidad

Los estrenos de películas de animación, en navidad, son todo un clásico. Del mismo modo que la ilusión de los niños se centra, de forma natural, en Papá Noel o en los Reyes Magos de Oriente; la atención (son muchos los días de vacaciones y poco el tiempo que tenemos los padres y menos la paciencia) procuramos que se centre, de forma artificial e interesada, en el cine o cualquier otro tipo de entretenimiento.
El guión de Lluvia de albóndigas 2 es flojito. No se han estrujado los sesos los guionistas. Ya está mil veces contado y no tiene un mínimo de profundidad (es bueno recordar que los niños no son tontos y que no hay razón alguna para tratarlos como tal). Pero, a cambio, el trabajo de animación es excelente, algunas escenas son divertidísimas y el ritmo no deja respiro al espectador. La hora y media de película se pasa volando entre foodanimals originales con nombres originales.
Lluvia de albóndigas 2 tiene como base de su diseño la serie de películas Jurassic Park. Decir que es un guiño es quedarse muy corto. Algunas secuencias son, prácticamente, iguales. Cambias el T. Rex por una hamburguesa con pinta de asesina y listo. O cualquier otro dinosaurio por cualquier otra fruta o verdura. Lo que si hay es un guiño a King Kong (llegada a la isla en barco) y a Avatar (por el colorido, alguna conversación de los personajes y algunas escenas finales).
Esta vez, el inventor Flint Lockwoods es fichado por su ídolo Chester V para acabar con lo que quedó de su invento desperdigado en su isla. La película comienza con un prólogo que nos sitúa justo al final de la película original. Flint se verá acompañado por sus amigos. El villano, Chester V, por Barb; una orangután con celebro humano y femenino que puede ser manipuladora, maliciosa y retorcida. Pero que nadie se enfade. Esto es animación para niños y la cosa se endereza. Las pocas sorpresas de las que disfruta el espectador se encuentran en la isla y en forma de ingenio en el diseño de los foodanimals. En el argumento no busquen. No hay sorpresa alguna.
En cualquier caso, la película es muy entretenida. Desde luego, los niños disfrutan mucho. No tanto los mayores. Aunque estos últimos deberían saber que eso no supone, de ninguna de las maneras, que puedan contestar las llamadas telefónicas (dos butacas más allá, una mujer parecía estar en casa atendiendo compromisos sociales), ni es razón para permitir que los niños griten, hablen o vayan de aquí para allá dando el coñazo. Tal vez deberían realizar una prueba de buena educación antes de entrar en una sala de proyección. Resulta desagradable convivir con gente así.
En fin, si piensan ver la película (es una buena opción para pasar el rato) no esperen al DVD. En formato casero perderá mucho.
© Del Texto: Nirek Sabal


jun 25 2013

Monstruos University: Nada de inventos, nada de emoción, nada de riesgo

Las películas de animación, en la actualidad, deben ser visualmente perfectas. Esto es algo obligado y que cualquier espectador da por sentado y piensa que formará parte del trabajo antes de entrar en la sala de proyección. Lo asombroso, hoy en día, es que esa perfección no esté presente. Lo que diferencia una película de otra no es el recurso técnico (todas las factorias de animación importantes son parejas en ese ámbito); es el guión, la capacidad del trabajo para sorprender, emocionar o hacer reír lo que marca la diferencia. Si no hay buenos personajes, frases brillantes y una trama exquisita o la banda sonora; cualquier película entra en el saco de lo repetido y falto de interés. Y esa opinión no es sólo de los adultos. Los niños aprenden rápido y saben sacar sus propias conclusiones.
Monstruos University se queda dentro de ese saco. Salvo un divertido concurso de sustos, la gran parte de la película es conocida, repetida, casi sobada y vacía. Esta vez, a Pixar no le basta con un alarde técnico asombroso. Tal vez a los niños les divierta porque Monstruos University es una buena película de animación (casi todas lo son a estas alturas), pero ni se acerca a lo que todo el mundo espera de un imperio de la animación de esta categoría.
Ni arriesgan, ni inventan, ni emocionan.
La película cuenta cómo se conocieron Mike Wazowski (el pequeñajo, redondo y con un sólo ojo) y James P. Sullivan (el peludo y grandullón). Cómo se conocieron y cómo salieron adelante en la universidad del susto obligados a rodearse de compañeros bobalicones y frikies. Les aseguro que los detalles de la trama la pueden intuir casi al milímetro. Piensen en cualquier película ambientada en una universidad norteamericana y voilà.
Todos esperábamos una secuela de Monstruos, S. A. y Pixar presenta una precuela. Un cambio de rumbo que intenta un mismo destino. Pero los cambios de rumbo llevan a lugares distintos. Unos al éxito y otros, por ejemplo, a la apatía.
Es algo decepcionante no encontrarse con lo nuevo, con lo que nunca esperas aunque alguien te trae en forma de película. ¿Los personajes son simpáticos? ¿El ritmo narrativo de la película es el adecuado? ¿Esta es una película impecable desde el punto de vista técnico? Pues sí. ¿Destaca algún villano o algún frikie que merezca la pena? ¿El guión es inteligente y está lleno de chispa? Pues no. Todo es decepcionante aunque se pase un buen rato frente a la pantalla. Una pena.
© Del Texto: Nirek Sabal


abr 29 2013

Rompe Ralph: Malos anónimos

La factoría Disney tiene mucho que decir. Sabe adaptarse a los cambios como cualquier otra firma y si le toman ventaja encuentra caminos para volver a las primeras posiciones.
Rompe Ralph es una película maravillosa, una película con propuestas más que interesantes (¿puede un villano protagonizar una película para niños? ¿puede realizarse una película que, visitando lugares comunes, deje al margen tópicos?).
Técnicamente impecable, Rompe Ralph resulta ser un relato divertidisimo y muy bien narrado. No falta nada para que así sea. Personajes principales con los que se empatiza desde el primer momento; unos secundarios magníficos que cumplen con el papel de actantes de forma exacta, una paleta enorme y brillante; unos diálogos muy cuidados que, inevitablemente, contienen un mensaje para los niños aunque escapan de moralinas cargantes; momentos emotivos, momentos de acción trepidante; tensión narrativa a espuertas y giros argumentales muy bien diseñados. Una joya de la animación.
Para el espectador de edad algo más abultada, Rompe Ralph se convierte en un homenaje a las míticas arcades (esos primeros videojuegos que nos parecieron cosa de otra galaxia), pero los más jóvenes tienen la posibilidad de sonreír ante los guiños a, por ejemplo, Gears of War. Cuando la trama se centra, fundamentalmente, en un videojuego lleno de chuches y color rosa, aparece el manga para que no falte de nada. Todo se funde apareciendo la técnica del videojuego y la animación del siglo XXI. Metal Gear, Lara Croft, Mario. Todo está por allí. Una delicia.
Ralph y la insoportable Vanellope ocupan la pantalla de extremo a extremo. Protagonizan el relato en su zona principal. Pero Félix y la maravillosa sargento Colhoun no fallan en la subtrama.
El realizador Rich Moore sabe mezclar todos los ingredientes, incluida una banda sonora muy divertida y acertada, para conseguir una cinta estupenda. Quizás algo exagerado con el colorido en algún tramo del trabajo aunque se le perdona cuando termina haciendo un chiste sobre lo cargante de esa estética. Ya sabía él que se había pasado de la raya.
La reunión de malos anónimos es impagable. La historia previa a la trama en la que interviene la sargento Colhoun hilarante. Y el final muy de niños que es lo que tocaba.
No dejen de buscar un niño excusa para invitarle a ver la película. Se divertirán usted y él. No tengan la mínima duda.
© Del Texto: Nirek Sabal


mar 31 2013

Los Croods (Una aventura pehistórica): El miedo al cambio desde el humor

Mientras seguimos a la espera de la secuela de Monstruos, S. A. o Lluvia de albóndigas, las pantallas de los cines se llenan con Los Croods. Una excelente película de animación.
Los Croods es el último trabajo de la factoría Dreamworks. La dirige Kirk de Micco. Y resulta ser una grata sorpresa se mire por donde se mire. Si bien es verdad que las moralejas del relato están algo manoseadas (la familia unida es fundamental; a pesar de todo, un padre es, siempre, un padre) la película es muy divertida, técnicamente impecable, colorista y original en el diseño de personajes y de un mundo que representa cualquier universo de cualquier tiempo pasado o por venir.
Es especialmente atractiva la idea que se desarrolla alrededor del miedo que el ser humano siempre sintió ante los cambios. Aferrarse a lo conocido aunque la supervivencia se haga imposible. En definitiva, el miedo del hombre a lo desconocido.
Pues bien, todo esto se presenta rodeado de un exquisito humor, de momentos locos que divierten a niños y a los adultos que los acompañan (los cines se llenan más de adultos que de niños para ver las películas de animación. Echen cuentas. Un niño por familia de media. Dos adultos acompañando).
Grug es el padre. Intenta mantener con vida a su familia valiéndose de la fuerza bruta, sin fuego, atemorizando a todos para que tengan que seguir las reglas establecidas que son, básicamente, salir a cazar y regresar a la caverna para no ser devorados. Un buen resumen de esto es cada cuento que Grug narra a su familia al encerrarse en la cueva. Por ejemplo, fulanito salió a pasear y muere, fulanita enseña una mano y muere, y así sucesivamente. Eep es la hija adolescente que se niega a que la vida consista en no morir. Piensa que, más bien, se trata de vivir. La relación entre padre e hija es la que articula la acción. Y, un buen día, aparece un muchacho (Guy) con una antorcha, buscando un mañana. A partir de este momento, todo se mueve, todo deja de ser lo que era.
La película tiene un ritmo narrativo extraordinario. No hay un solo minuto de relleno o, si quieren, de transición (en este tipo de películas se suele resolver con una canción insoportable o con un discurso de los personajes que no viene a cuento). La banda sonora se planta a la altura de la factura técnica de la cinta; es decir, es estupenda. El diseño de los personajes es espléndido y no hay una sola fisura en ellos ni en las relaciones que mantienen con los demás (la del padre con la suegra es, verdaderamente, hilarante). Estos personajes no son originales (esta es una película para niños y todo tiende al cliché que pueda ser bien entendido y asimilado), pero se desarrollan perfectamente. Los escenarios son espectaculares por su originalidad (esto sí lo es) y su colorido que llena de matices cada secuencia. Acción, humor y la dosis justa de romanticismo.
Bienvenida sea esta película.
© Del Texto: Nirek Sabal


oct 28 2012

Hotel Transilvania: Drácula reducido a la nada

Hace años que la cosa se ha convertido, si hablamos del cine de animación siendo una propuesta familiar, en los niños se tragan todo y da lo mismo, así que hagamos más llevadero a los padres lo de ir al cine a ver una de pequeños. Algo que, inevitablemente, nos lleva por un camino justito de ideas, un par de golpes graciosos, una técnica deslumbrante y poco más.
Hotel Transilvania es una película del montón. Genndy Tartakovsky, el director, amontona una cantidad improbable de escenas, las suelta a la velocidad del sonido y listo. Eso está muy bien aunque no logra tapar las carencias del guión, la eliminación de los personajes que se convierten en imágenes sin gran contenido y un vacío importante en el espectador que quiere ver cine aunque vaya acompañado de los niños.
La idea no es mala, pero la resolución se deja detrás lo fundamental. Esa acumulación de personajes reconocibles y tan llenos de sentido debería haberse convertido en una mina. Salvo un par de detalles todo se queda en una superficie insulsa.
Técnicamente, la película es fantástica. A eso no se le puede poner una sola pega. Aunque el mérito, sea lo que sea que se haga, comienza a ser irrelevante dado el nivel que la informática ha proporcionado a los profesionales de la animación. Sin perfección técnica, hoy, estás acabado.
No falla. Si el guión lo firma un batalló, malo. En este caso son Kevin Hagerman, Dan Hagerman, Todd Durham, Peter Baynham y Robert Smigel los que lo hacen. Mucho arroz para tan poco pollo. Simple, ramplón y, en algún momento, excesivo para los niños por pesado y, al mismo tiempo, excesivo para los padres por pretencioso.
La música, un ingrediente clásico y necesario en la animación y en una película de estas características que busca el triunfo, es un pequeño desastre. Busca más el lado cómico de los personajes que otra cosa. Como el guión. Y eso reduce a esos personajes a casi nada.
Si hay que destacar algo es el cambio en el ritmo narrativo que se produce mientras los monstruos juegan al bingo. Un golpe efectivo que funciona muy bien. El resto, como ya adelantaba antes, se cuenta a ritmo de locos, casi sin sentido.
La película se la tragan los niños sin inmutarse. Les parecerá divertida, seguro. Incluso a los padres que están tan hartos de hipotecas, recibos y noticias nefastas. Pero, al salir, si se piensa un poco sobre lo que se ha visto, la cosa se derrumba con facilidad pasmosa.
Estoy deseando que alguien ponga orden en el mundo de la animación, que alguien entienda que se puede hacer una gran taquilla con un poquito de hondura. Que alguien haga algo, hombre.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 14 2012

Frankenweenie: Un homenaje a los monstruos de siempre

Elegantemente triste. Técnicamente justa. La película de Tim Burton funciona como un enorme y exquisito tributo al cine de terror de todos los tiempos y se centra en la trama y en ese homenaje dejando los detalles técnicos en manos de la normalidad. Y no es malo. Ya está bien de tanto ordenador y de tanto 3D a costa de lo esencial del cine. Y lo esencial del cine es el espectáculo, la emoción.
En la película está Igor, los Gremlins, Vincent Price, Gozzilla, Frankenstein (por supuesto), los cementerios de siempre, la candidez de los monstruos, el terror a lo desconocido. Está todo lo que el cine de terror clásico ha ido dejando en la retina de millones de personas.
Burton consigue una historia estupenda que nos hace reír y nos hace llorar; nos hace imaginar y nos pega a una realidad que soporta todo lo necesario para que podamos seguir acudiendo a una sala de cine llena de magia.
Después de sus últimos trabajos, Burton consigue levantar la cabeza y ponerla a funcionar. Falta le hacía porque la cosa se estaba poniendo difícil incluso para sus admiradores más apegados. Con un blanco y negro acertado (artísticamente la película apestaba a esa falta de colores), una animación sencilla aunque suficiente y un guión notable, el realizador nos hace recorrer sentimientos, vivencias e imaginaciones que todos tuvimos alguna vez. Bien en el cine, bien escribiendo, bien dejando la mente libre para que llegara hasta donde quisiera.
Todo se convierte en una enorme máquina de hacer terror. Tan falso como la verdad del cine siempre nos ha permitido. Y concluye con un mensaje de exquisita relevancia: Nada es posible en este mundo si no se le echa amor al asunto. Un mensaje simple. Eso sí, nos lleva hasta ese territorio a través de una especie de montaña rusa que pasa por el susto del personaje, por la alegría, por la amargura, por el terror. Subidas y bajadas rápidas y eficaces que terminan haciendo sonreír a cualquiera, llorar a cualquiera, también.
El guión es espléndido. Deja atrás todo formalismo y todo maquillaje narrativo innecesario para centrarse en lo importante, en que los personajes vayan creciendo sin pausa. La música es espléndida por lo que matiza la acción. Tal vez la partitura por su cuenta sea algo sosa, pero en el conjunto de la película funciona a la perfección. El montaje exacto. Todo bien en este trabajo.
Es una película que pueden ver los más pequeños porque el terror que llega no es tal. Pero la tristeza sí es eso, tristeza. Más de uno puede salir llorando como una magdalena de la sala de proyección. El universo de Burton es así. Ni un final feliz es capaz de alegrar a nadie después de un baño de tristeza tan clamoroso. Aunque está muy bien que todos sepamos que al cine se va a eso, a emocionarse, a pensar tras la película, a vivir entornos tan desconocidos como familiares al mismo tiempo. Una opción estupenda para una tarde de otoño.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 1 2012

Brave: Nada nuevo

Brave es la última producción de la factoría Disney-Pixar. Y, francamente, se la podrían haber ahorrado y nadie hubiera notado la diferencia. Brenda Chapman, Irene Mecchi, Steve Purcell y Mark Andrews, los guionistas, debieron entender al recibir el encargo que el trabajo consistía en mover mucho las animaciones, introducir algún villano o peligro horrible y que la cosa acabara en final feliz. Debió ser algo así porque, de otro modo, la cosa se hace inexplicable. Los diálogos son pésimos. Que la película sea para los niños no significa que deba ser una parida. No son tontos; son pequeños, pero no son tontos. La trama está forzada desde el principio. Es imposible saber en qué consiste la propuesta. Como en cualquier película, el guión es fundamental.
Técnicamente es estupenda como todo lo que se hace ahora utilizando un ordenador. Sin embargo, eso que fue más que suficiente en su momento ya no cuela.
Cuando en una sala de proyección llena de niños faltan las risas, mal asunto. Salvo que esté en un error, tan sólo se escucharon cuando los personajes aparecieron en cueros. Ya saben ustedes que los pequeños eso lo agradecen mucho. Cuando en una sala de proyección los adultos que acompañan a los niños están locos por levantarse, malo también.
Los personajes son simpáticos. Un padre feroz cuando toca y amoroso siempre, una madre mandona y estirada con buen corazón, unos hermanos que parecen peluches, un montón de guerreros que viven para repartir leña, una bruja que no es mala del todo y la protagonista, Mérida, que abandera esa igualdad que tanto deseamos entre hombres y mujeres. Pero sólo son eso, simpáticos. La profundidad (un mínimo debe tener un personaje aunque sea para el público menudo) no existe. La gran evolución que sufren los principales es que modifican su punto de vista respecto del mundo tras una experiencia traumática. Menuda cosa.
En fin, nada nuevo en el mundo de la animación. Una película completamente prescindible que no pasará a la historia, ni será un clásico de los dibujos animados. Por mucho ordenador y mucho marketing que se le eche al asunto.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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sep 2 2012

Las aventuras de Tadeo Jones: Una factura impecable para un guión flojito

El cine de animación español está de enhorabuena. Enrique Gato sabe lo que hace y lo hace muy bien. Las aventuras de Tadeo Jones presenta una factura excelente. No creo que nadie pueda decir una sola palabra en contra del uso de los medios técnicos que despliega el equipo del director. El trabajo es visualmente deslumbrante y técnicamente magnífico.
Ahora bien, la deuda con otras películas es muy elevado. Indiana Jones, aunque el intento por velar su presencia es enorme aunque fallido, está por todas partes. Eso y retales de otras películas o personajes que terminan molestando a cualquiera. Más que nada porque el guión es flojo, se llena de frases que no llevan a ninguna parte buscando sonrisas y complicidades que no aparecen. Ni en niños ni en adultos. Si a esto le sumamos la publicidad de una compañía aérea que no encaja ni a la de tres, toda la propuesta se comienza a derrumbar.
El comienzo es esperanzador. Mucho. Pronto, todo se mezcla para que el espectador tenga la sensación de ver una réplica de un refrito difícil de digerir. Tadeo es albañil y siempre quiso ser arqueólogo y aventurero dedicado a descubrir tesoros. Junto con su perro Jeff, después de un desastre más al que él está muy acostumbrado, termina viajando a Perú. Allí Sara con su loro Belzoni y el guía Freddy se unirán para conseguir llegar a Paititi en busca del mayor tesoro jamás visto. Pues eso. Imaginen una de Indiana Jones y ya se saben el resto. Eso sí, los villanos no terminan de ser lo suficientemente malos y la tensión narrativa se arregla a base de carreras, persecuciones y bajas entre los malos. Todo se hace algo aburrido entre chistes facilones y frases más vistas que el tebeo. Aunque insisto en que la película, como se decía antes, está muy bien hecha.
Una pena porque las posibilidades para este cine español son enormes. Creo yo que no hace falta mirar tanto a lo que triunfó. Enrique Gato puede rodearse de gente que tengan cosas nuevas que contar. Si lo hace triunfará sin problema alguno. De momento, lo que podemos hacer es ir al cine a ver esta película buscando otra oportunidad para el realizador. Porque la cosa se está poniendo fea para el mundo de la cultura y el cine lo es. Se pongan como se pongan algunos, lo es.
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 4 2012

Madagascar 3 (De marcha por Europa): ¿Otra vez lo mismo?

Las secuelas de las películas de animación se parecen tanto unas a otras que se vacían a sí mismas y a la primera entrega. Esto comienza a ser como un chiste contado más de dos veces. La primera puedes reír. La segunda todo parece ridículo.
Los animalitos de otras entregas están en África. Esperan el regreso de los pingüinos para volver a Nueva York. Así comienza la cosa. Salvo un par de golpes francamente divertidos el resto ya se lo saben (no hace falta que se lo cuente ni que acudan a la sala de proyección; ni siquiera es necesario haber visto las dos partes anteriores). Y la cosa es aburrida. Mucho alboroto para que los pequeños no se enteren de mucho. Eso es lo que encierra esta tercera entrega de Madagascar. Por supuesto, los diálogos son demasiado irónicos para los niños pequeños y demasiado previsibles para los papás de esos niños. El villano (en este caso villana) excesivamente idiota. Ella y todo su equipo. Los personajes son los estereotipos a los que nos tienen acostumbrados en esta serie y muchas más. El sensato, el chivato, el gracioso, el loco de atar, etc. El guión es un despropósito monumental. Debe ser que han decidido que el cine de niños puede serlo (un despropósito) y tratan de colar algunas cosas que no se tragan ni los bebés. Son pequeños. No son tontos.
Pues bien, esto es Madagascar 3 (De marcha por Europa). Por cierto, casi todo ocurre lejos del viejo continente.
Una película prescindible que es mejor ver en vídeo cuando llegue el momento. Si no hay otra cosa mejor que hacer, claro. Y, ahora, voy a hacer cualquier cosa que no sea perder más tiempo con este paquete.
© Del Texto: Nirek Sabal


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jul 22 2012

Ice age 4: La formación de los continentes

Ya van cuatro y son todas iguales. Casi iguales. Muy parecidas. Similares. Cuatrillizas. Genéticamente compatibles en un 95%. En fin, más de lo mismo en cada entrega.
Cambian algunos personajes, los diálogos se modifican (mucho menos de lo que puede parecer) y el resto es un calco de lo visto. Pero es divertido. Eso no se puede negar.
La animación es cosa de niños. Al menos, eso debería ser. Pero nada más lejos de la realidad. Ice age 4 es para todo el que se siente frente a la pantalla. Tiene escenas disparatadas que hacen reír a los niños porque, además, se incluye vocabulario escatológico o que tiene que ver con vómitos o amores tiernos (estas cosas funcionan muy bien entre los pequeños). Y tiene escenas más de guiño que otra cosa que hace sonreír o reír a los adultos mientras los niños miran atónitos a los padres que parecen estar locos de remate. Si papá paga y acompaña al crío al cine debe salir satisfecho o no volverá a a suceder. Los señores de la industria del cine se las saben todas. Por tanto, la película la puede ver cualquiera. Y cualquiera pasará un buen rato con estos animalitos prehistóricos y sus aventuras.
Técnicamente, la película está muy lograda. Realizar una película de animación con un presupuesto alto y hacerlo mal es casi imposible. Otra cosa es que el guión sea nefasto o no se acierte con el personaje. Pero la técnica permite hacer cosas completamente increíbles a estas alturas. Es decir, esa zona de espectáculo que debe ofrecer cualquier película de cine, está más que garantizado.
Se repiten personajes. Clásicos que siempre aparecen en las películas desde los años ochenta con una regularidad aplastante. Mezcla de sensatez y locura, de inteligencia e idiotez, de amor y maldad. Estas características se reparten entre los personajes y en cada uno de ellos sobresale una de ellas. En la animación los personajes no tienen mucho de complejos. Lógicamente. Se repiten aventuras y se cambian los escenarios. El villano cambia de aspecto, de número, pero nunca deja de ser tan malo que parece una persona de carne y hueso. Una trama trepidante, casi de locos. Es decir, un calco de otro calco. Y así, hasta llegar a la primera de las películas animadas.
En esta ocasión, la excusa es la formación de los continentes y el desastre que se produjo. Podría haber sido, qué se yo, la caída de un meteorito o la aparición de un cementerio de mamuts. Eso es lo de menos. Todo en esta película se sostiene sobre diálogos disparatados, golpes en el cráneo imposibles de aguantar, carreras vertiginosas y cosas así. Hasta alguna referencia a La Odisea de Homero presenta la película. Un toque culto, digo yo. El caso es es que todo el que mire la pantalla tenga un punto de anclaje.
En fin, una película divertida y repetida. Un buen rato con los niños que se lo pasan más que bien. Poco más aunque suficiente. y más no se puede decir de algo que trata de ser entretenido. Sólo eso, que lo es.
© Del Texto: Nirek Sabal


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