dic 18 2011

Arthur Christmas: Operación Regalo

Ir al cine sabiendo que estarás rodeado de niños, bolsas de palomitas, padres dormidos o que creen que en el cine (para niños) sus hijos pueden hacer lo que les venga en gana, es un riesgo. Enorme. Puedes salir sin haber prestado atención a la película, con los pantalones llenos de pisadas del compañero de butaca y con un cabreo de los grandes. Pero para hablar de cine hay que asistir a las proyecciones. Y si tienes hijos pequeños, como es mi caso, hay que asistir hables de cine o de política.
Efectivamente, el cine era como el patio de un colegio. Sin luces, eso sí. Y la sala estaba medio vacía. Cosa extraña tratándose de un domingo. Es lo que tiene hacer una mala campaña de comunicación y competir con El gato con botas. Pero esta vez me ha dado un poco igual. Me lo he pasado, francamente, bien.
Arthur Christmas: Operación Regalo es una película divertidísima. La primera media hora tiene un ritmo narrativo sensacional. A partir de ese momento, la cosa va a menos y la trama visita los lugares tópicos aunque no pierde la gracia. La animación está muy bien (no puedo decir nada del 3D puesto que he visto la versión digital), los diálogos son muy locos y ocurrentes. Los personajes crecen con rapidez sin dejar detalles sueltos. En conjunto, se trata de un buen trabajo aunque, al tratarse de una película infantil, el metraje se hace algo largo. La excusa de hacer películas para niños que puedan ver los padres sin aburrirse se ha convertido en un cheque en blanco para alargar tramas muy simples haciendo pequeños guiños a los adultos.
Arthur es el hijo de Santa Claus. Uno de ellos. Bastante patoso y todo bondad. Una niña se queda sin su regalo a causa de un error y decide viajar hasta su casa para evitar que deje de creer en la navidad y en la figura de Santa. Un hermano al que se le dan mal los niños, un abuelo que fue Santa durante años, el actual titular del trineo (gigantesco y último grito tecnológico), una madre internauta y miles de elfos especializados en sus trabajos; serán los compañeros de aventuras de Arthur. El viaje alrededor del mundo del muchacho es toda una experiencia para los niños que aprenderán cómo es posible que los regalos lleguen a tiempo y a todos los lugares del mundo.
Merece la pena ir al cine para echar un vistazo a esta película. El mensaje es sencillo, el desarrollo de la trama muy entretenido, los efectos visuales espectaculares y prepara el camino para que la navidad llegue con una nueva experiencia dentro del cine. Aficionarse a esto de ver películas es algo que llega desde la experiencia. Y los niños son esponjas para las cosas del aprendizaje. Además, es raro escuchar aplausos en una sala de cine salvo que sean niños los que se tragan una película con entusiasmo y sin prejuicios. No dejen de llevar a sus hijos, sobrinos, nietos o a los niños que les endosan sus amigos para poder ir a la cena de la empresa. Ustedes tampoco se aburrirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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nov 9 2011

Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio

Los que hemos crecido leyendo los cómics de Tintín celebramos la llegada de esta película firmada por Steven Allan Spielberg con alboroto y entusiasmo. Hemos ido al cine ilusionados y, seguramente, todos hemos regresado a casa satisfechos. Digo seguramente porque alguno habrá levantado la ceja pensando que Tintín es otra cosa; que el carácter de los personajes es distinto en la película que en las viñetas de Hergé, que el mundo que representa un cómic está menos encorsetado puesto que la imaginación del lector puede manejarse con mayor soltura. Y no deja de ser cierto. Pero la película presenta un despliegue técnico de tal categoría que deslumbra a cualquiera que se sienta en la butaca de la sala de proyección. La puesta en escena es espectacular y logra que el mito de Tintín se tambalee lo mínimo. Por otra parte, lo que cuenta la película (al ser mezcla de viñetas de diferentes historietas) tiene su punto de originalidad incluso para los que conocemos bien la obra de Hergé. Todo lujo de detalles sobre el mundo de Tintín, todo lujo de detalles técnicos que hacen agradable la película; eso es lo que ofrece el trabajo de Spielberg.
Los personajes, aunque sobradamente conocidos, van creciendo durante el metraje sin dificultad. El director los trata como si fueran perfectos desconocidos y eso ayuda mucho a que el progreso se produzca con buen ritmo. Es verdad que Spielberg no puede evitar algunas elipsis en la narración que pueden ser una traición a esta estrategia narrativa, pero no se convierten en gran problema. Podríamos decir que se le puede perdonar (en este caso y sólo en este caso). La correlación entre ritmo narrativo y el progreso de los personajes es aceptable. Un ritmo que, por cierto, es algo más pesado al comienzo y se dispara de forma un poco alocada finalmente. Porque al principio se desarrollan los perfiles de Tintín, Milú y Hernández y Fernández, dejando el terreno preparado para la aparición del Capitán Haddock. Y, a partir de ese momento, todo se convierte en una gran y veloz aventura que deja pasmado a cualquiera.
La factura de la película es excelente y los intentos de Spielberg por arrimarse al fondo del original son de agradecer. Poco más. No encontramos un sentido claro en la película salvo el de hacer una cifra en taquilla que quite le respiración. O el de entretener. Pero el cine no es sólo espectáculo. Debe ser algo más. Y no por ser la adaptación de un tebeo se pueden manejar licencias que en cualquier otra película serían consideradas un fraude. Por ejemplo, esas elipsis de las que hablaba, las que ayudaban en algunos aspectos se sostienen sobre una falta de información clamorosa e irritante. La película se llena de cabos sin atar de principio a fin. Se dan por sabidas cosas que son fundamentales. Y eso no puede ser. Del mismo modo que los personajes son tratados como desconocidos, la acción salta de un lugar a otro dando por hecho que eso que no se cuenta ya lo debe conocer el espectador. Y si no es así, da igual. Spielberg juega a maquillar este terrible error con el uso de una técnica abrumadora y escenas de acción que no dejan pensar a nadie. Una película -sea adaptación o no- debe funcionar de forma autónoma respecto a lo que ya existe; tenga que ver o no con ello. El espectador echa en falta cierta profundidad en lo narrado. Todo lo bueno de la construcción del personaje se convierte en un nefasto uso de la técnica narrativa y destroza lo que de cine pudiera tener la película.
Un producto carísimo, una máquina de hacer dinero que tiene como último sentido entretener. Es decir, una película más.
Pero a eso hemos ido al cine muchos. Y, seguramente, repetiremos con las copias en formato DVD. Porque nos gusta Tintín, porque necesitamos divertirnos. Pero cuando queramos disfrutar del buen cine buscaremos otras alternativas.
© Del Texto: Nirek Sabal


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oct 27 2011

Bambi: Terror en el cuerpo

Terror (Del lat. terror, -ōris), según el diccionario de la Real Academia Española significa, entre otras cosas, miedo muy intenso.
Si hablamos de Bambi, la película de Walt Disney, podemos afirmar que lo hacemos sobre uno de los grandes clásicos del cine de terror. Disney ha sido, casi con seguridad, uno de los seres humanos que más ha aterrorizado a los niños del planeta tierra con sus trabajos. Brujas horribles, incendios destructores, madres y padres muertos en circunstancias atroces. Todo lo que uno puede llegar a imaginar en esa zona oscura del ser humano. Es verdad que alternaba el puto horror con alguna cosita más agradable y que los finales eran felices, pero el rato que hacía pasar a los niños este psicópata son inolvidables para todo el que tiene un mínimo de memoria y de sensibilidad. Hagan memoria. ¿Cuándo lloró usted en el cine siendo niño? Hay que joderse; ir al cine siendo una criatura y que te destrocen la tarde o, a los más sensibles, la infancia.
Bambi es un clásico del cine de terror. Asistimos a la muerte de su mamá, al ataque de una jauría en pleno incendio del bosque en el que vive Bambi que casi se lleva por delante a todo bicho viviente (jauría e incendio), a la soledad de un cervatillo con voz de pito que se tiene que buscar una vida de futuro incierto. Viendo esto no se libran de un soponcio ni padres ni hijos. Además, la película se llena de detalles tremendos. ¿Recuerdan a Tambor? Hay millones de muñecos de peluche con la forma de Tambor en los hogares de este mundo. Una ricura de conejo ¿verdad? Tambor era un mamón. Cuando nace nuestro protagonista le recibe llamándole torpe y riéndose de él cuando se cae intentando aprender a desplazarse por sí mismo. Por si era poco, lleva al cervatillo hasta un lago helado (Tambor es un patinador de primera categoría) en el que se mete castañas por doquier (el cervatillo) y termina hecho un ocho. Pero no queda ahí la cosa. No, Disney era mucho más retorcido que todo eso. Tambor conoce a una coneja y se va sin decir adiós. Maravillosa enseñanza para los niños. Tus amigos son unos mierdas o pasa de tus amigos que es más importante tu propio destino. Por cierto, volvemos a ver a Tambor rodeado de varios conejitos. Sus conejitos.
Además del miedo atroz que provoca esta película, hay un aspecto indignante. El papel de cervatillas, mofetillas y conejillas. Observen su coquetería, su atrevimiento, casi la agresividad que muestran para llevarse al huerto a cervatillos, mofetillos (¿?) y conejillos. Y lo desahogadas que son todas ante un mundo horrible. ¿Han pensado que hay muchas más brujas o hermanastras que villanos? A este tío le pasaba algo con las mujeres. Se lo digo yo.
Una de las escenas más terroríficas de la historia del cine es la que nos muestra el bosque ardiendo (eso parece el fin del mundo) y los animales corriendo, intentando salvarse. Espeluznante. Pero, en general, la película es eso, el puto horror hecho realidad. Y la letra de las canciones es, no sé cómo decirlo, tengo dudas, no tengo palabras… ¿extravagantemente horteras? En fin, entre unas cosas y otras, mejor no pensar en esto antes de dormir.
Si su hijo ve Bambi y llora siéntase culpable. ¿A quién se le ocurre, joder?
© Del Texto: Nirek Sabal


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ago 11 2011

Los pitufos: Tortura azulona

Los pitufos son unos seres azulones. Pequeños. Cada uno de ellos es conocido por su habilidad. Papá pitufo, Pitufina, Filósofo, Torpe o Presumido. Viven en un mundo oculto, miden lo mismo que tres manzanas apiladas una sobre otra y son perseguidos por un tipo muy malo y su gato.

Los pitufos (la película) cuenta una historia disparatada que, a pesar de ser para niños, no cuela por ningún lado. Hoy el cine de animación en su gran mayoría parece estar pensado para retrasados mentales. Es algo parecido a ese teatro en el que aparece un actor sin gracia que se lía a dar voces mientras calza unos zapatos enormes. Los guiños a los adultos (los críos no van solos al cine y hay que entretener a los mayores) son despreciables. Y la única razón por la que alguien decidió contar esta idiotez es (supongo) aprovechar el dichoso 3D y endilgar un pastiche infame a niños y adultos. Porque es la misma historia de siempre. Yo, que de niño ya veía la serie de dibujos animados en televisión, me la sabía de pe a pa. Vale que se introducen cosas nuevas: humanos, un túnel que traslada pitufos de aquí para allá, una ciudad y una luna azul. Pero la trama es la misma. Gargamel y su gato persigue a los pitufos y estos se libran gracias a su astucia.

Me aburrí mucho. De hecho descabecé un sueñecito mientras proyectaban el bodrio. Un 3D normalito no es suficiente para ganar la atención de nadie. Si pueden evitarlo no lo duden. No se me ocurre una sola palabra más. De verdad que la película es espantosa.

© Del Texto: Nirek Sabal


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jun 19 2011

Kung Fu Panda 2: La exactitud de lo hecho

Cuando entro en una sala de cine espero encontrarme con algo nuevo. Incluso si lo que voy a ver es una secuela de algo visto.Ya puede ser cine de adultos o de niños.
Tengo cuatro hijos. Dos de ellos son muy pequeños todavía. Así que aprovecho para ver películas infantiles (que no tendría en la agenda nunca jamás) cuando me piden ir al cine. Como ya son diecisiete años los que llevo entrando en las salas de proyección agarrando la mano de un niño (los sábados o domingos por la tarde) soy de los que puedo decir que he visto todo lo que se puede llegar a ver en el ámbito del cine para los pequeños.
Los compromisos de mi esposa nos obligaron a adelantar algo la hora. Sesión de las 15.30. Además de nosotros tres, un matrimonio con su niña. Las dos niñas, la mía y la de ellos, terminaron dormidas. Pero no creo que fuera cosa provocada por la película sino por la edad. Muy pequeñas. Por tanto, en la sala 15, cuatro espectadores activos. No es de extrañar, cuando entrar en el cine me costó 23,50 €. Si hubiera sido la proyección en 3D la cosa hubiera sido mucho peor. 31,50 €. Definitivamente, comprar la copia en formato casero es mucho más rentable. Tardas algo más en ver las cosas, pero si haces números la cosa no tiene color. Alguien debería plantearse esto seriamente. De las palomitas y el agua no hablaré porque me pongo enfermo al pensarlo. Por cierto, el tipo que nos vendió las palomitas tuvo que venir corriendo desde otra barra (la cafetería) y, de paso, nos cortó las entradas y nos indicó la sala. Francamente, tremendo. Hoy en día, lo bueno es lo rentable. Sólo lo rentable. ¿Deberíamos dedicarnos a traficar con armas o con drogas? Eso es muy rentable. ¿Volverá ese tiempo en que lo bueno era bueno sin convertirse en un porcentaje de dinero que se queda en caja?
Kung Fu Panda 2. Entretenida. Repetición, casi un calco, de la primera parte. Cambian un tigre por un pavo real, añaden un ejército de lobos tenebrosos y ya está. La película no aporta nada nuevo a lo que ya teníamos. Pero para un niño es entretenida. Además, ya saben, zonas lacrimógenas aquí y allí. Para un adulto, sin duda, decepcionante. Otra vez lo mismo. Rentabilidad aprovechando una primera parte muy divertida.
Terminamos sabiendo de dónde procede el oso panda gordinflón. Esa es la única novedad. La película es repetición y, por tanto, previsible a más no poder. Que en las películas infantiles el final feliz esté garantizado no es excusa para dejar la imaginación a un lado y hacer siempre lo mismo. Se puede llegar a a la felicidad de muchas formas distintas.
Técnicamente, no encontramos nada que puede reseñarse como mínimamente importante.
Un número excesivo de peleas entre los personajes intenta ganar un terreno al ritmo narrativo que no encuentra en ningún momento. Y termina siendo algo aburrido el asunto cuando uno sabe que la cosa va a terminar de un modo concreto.
En fin, una secuela que desmerece por completo el trabajo inicial y de la que podríamos prescindir por completo. Pero, seguramente, es muy rentable. Y eso es lo importante. Al menos para algunos.
© Del Texto: Nirek Sabal


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feb 16 2011

Enredados: El cuento de Rapunzel

Cuando alguien a quien quieres demasiado te dice es que nadie quiere verla conmigo, no sé por qué, si es que soy bueno o agradecido con quien debería serlo, acabo diciéndole a esa persona que le acompaño. Claro que, cuando se trata de una peli de animación de una factoría Disney que ya no es la que era, una empresa que se ha quedado desfasada en su discurso con productos bastante estúpidos en la última década (ahí quedan para la posteridad Chicken little, Zafarrancho en el rancho o Descubriendo a los Robinsons o Hannah Montana, auténticas obras de culto para gente con muy mal gusto), lo quiera uno o no, te hace vacilar a la hora de tomar una decisión. Sobretodo con lo caro que está el cine. Y aún más, si se trata de una versión edulcorada del cuento de los Hermanos Grimm, Rapunzel. Y aún más si sigues con resaca. Y más si llueve.
Voy a ser cristalino como el agua, nunca me han gustado los cuentos de princesas ni principitos, ni siquiera en la literatura, donde la temática es más cruel de lo que muchos piensan. Esas historias donde prácticamente es todo perfecto, salvo el hechizo en cuestión que lanza la típica bruja malvada que hace que conseguir el amor de la mujer amada sea todo un jodido reto. O viceversa. No me gustan esos relatos. Y Disney, a lo largo de su periplo animado, ha desvirtuado muchísimos cuentos clásicos (no voy a dar nombres de más princesas pero todos sabemos cuantas hay en dicha factoría), y con ello han conseguido que el subconsciente colectivo prácticamente olvide las obras que tenían como base y (moraleja) asustar a las muchachitas, alejarlas de un mundo exterior donde las pasiones podían llegar a crear vicios nocivos, quitar la inocencia, y finalmente la virginidad. Si, aunque suene a broma, era así. Más de uno/a se asustaría al leer la fuente original, lo macabro de su mensaje.
Pero de todas formas, acepté ir a ver Enredados. Da la casualidad de que me tuve que tragar mis palabras, mis malas expectativas se esfumaron, y es que hay que dejar ciertos prejuicios atrás. John Lasseter (llegado desde Pixar) es el culpable de ello ya que desde que cogió el timón de las producciones de la factoría, no ha hecho más que intentar introducir cambios en la forma de realizar y de hacer animación, y antes que todo eso, dar nuevos aires a una fábrica de sueños que se estaba quedando estancada en productos de dudosa calidad. Así, en este film asistimos a una revisión modernizada del famoso cuento de la chica de cabellos rubios y extensos con el don de curar cualquier enfermedad o herida, encerrada en una torre por una malvada mujer que la quiere para ser eternamente joven, donde el humor y la aventura primará por encima de cualquier cosa, pero sin olvidar la parte grotesca y adulta que todo cuento de Disney tiene de fondo. Esa ambigüedad de todos sus relatos, donde lo realmente malo es casi una pesadilla salida de alguna mente alucinógena, todo ello enmascarado con bellas canciones de tono infantil y contenido a analizar. Aún así, la gracia de la propuesta es ridiculizar y parodiar muchos de esos cuentos, algo que ya hizo Shrek en su momento, presentándonos una gama de personajes secundarios a cada cual más excéntrico, desde un caballo olfateador que le gusta la camorra a una especie de camaleón parecido a un Pepito Grillo que no habla, pero que con solo una mirada o gesto sabemos qué piensa y qué dice, o unos guerreros vikingos que son unos sensibleros en el fondo, pasando por una revisión actualizada de la figura del héroe. Ahora no es un príncipe el protagonista, sino algo más actual. Un ladronzuelo muy pillo, con afán de protagonismo, pícaro como solo él sabe serlo, egocéntrico hasta decir basta, perseguido por muchos y odiado por otros tantos, pero de noble corazón que, cuando se encuentre con Rapunzel, empezará a entender que hay cosas más importantes en la vida que pensar en uno mismo.
Técnicamente la película es sublime, preciosista, un portento de la animación y de la expresividad, y es que Disney ha dado con la clave del éxito a la hora de presentar humor, música, romanticismo y terror a partes iguales en un producto que se nos presenta fresco, atrevido, que rompe un poco con la línea que había tomado últimamente, y aunque sea la misma historia de siempre que acaba en final feliz, no aburre, para nada. Es más, te dan ganas de vivir en ese cuento, en esos mundos, llenar tu vida de cierta fantasía. Y lo suscribe un servidor que en este blog se dedica a hablar de films del temática violenta donde salen a relucir todo tipo de defectos humanos, que habla de la realidad y lo patética que puede llegar a ser. Por eso pienso que siempre es conveniente darle una segunda oportunidad a esas cosas que tenemos juzgadas de antemano sea cual sea el motivo. Probablemente me esté haciendo viejo, o quizás me esté ablandando. Quizás estoy empezando a ver la parte buena de las cosas. Y es que ella lo vale (y les dejo con el interrogante de si es Rapunzel o la preciosa mujer que me acompañó). La vida no siempre tiene que ser un círculo de grises.
© Del Texto: Gwynplaine Thor

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dic 19 2010

Pesadilla antes de Navidad: Encontrar el sentido de todo esto

Ando de limpieza estos días y, entre las muchas cosas que he encontrado y suponía perdidas y olvidadas, ha aparecido una copia de la película Pesadilla antes de Navidad. Una cinta de animación. Llegó a mis manos a través de un fanático de este tipo de cine y me la entregó, en su día, como si fuera una joya, una verdadera película de culto. Debo decir que en aquel momento era difícil encontrar una copia en DVD y que había removido Roma con Santiago para encontrarla. Un regalo de esos de amigo invisible que he conservado porque quien me lo regaló pretendía convencerme que la Navidad tiene su aquel.
Ayer, antes de decidir que hacer con ella, la volvía a poner en el reproductor de DVD y hasta le he encontrado mucha más gracia que la primera vez que la vi y eso que, sinceramente, ni los musicales, ni el rollo gótico me van. Pero esta cinta tiene algo que la distingue de otras películas de animación. No me preguntes lo que es porque no se lo sabría decir.
Pesadilla antes de navidad es una película prototipo de las de Tim Burton (la idea original fue de este director), dirigida en 1993 por Henry Selick. Película de corta duración, apenas poco más de una hora que, aunque no se lo crean les va a transportar de nuevo al mundo de los niños y sus miedos. No tengo yo muy claro que este tipo de películas que parecen hechas para los niños sean realmente para ellos. No por los monstruos, ni las sombras, ni nada de todo ello, sino porque en el fondo, sin dejar de ser de una sensibilidad pasmosa, tienen bastante más miga que la que parece.
En la ciudad de Halloween viven todos los monstruos que pueblan los sueños y pesadillas de los niños. Jack Skellington es el Señor de Halloween, un esqueleto elegante, encargado de preparar las fiestas más terroríficas del mundo, pero que para su pueblo (hombres lobos, momias, fantasmas, brujas, etc.) son las más alegres y divertidas. Pero Jack, pese a ser el más admirado de Halloween siente un profundo vacío interior. Marcha de la fiesta y va vagando por el bosques mientras va pensando en su insatisfacción por hacer siempre lo mismo y empiezan a aparecer sus miedos. No está contento, necesita encontrar cosas nuevas. En este deambular por el bosque, llegará hasta los árboles que le dan entrada a un nuevo mundo, la Navidad. Entra en aquel mundo que, en contraste con el suyo es luminoso, lleno de color. Jack cree haber encontrado lo que busca.
Mientras Sally una muñeca llena de costurones, sigue en el mundo de Halloween, bajo el dominio de su creador el Dr. Flinkenstein. Quisiera poder marcharse del lado del doctor y hacer su vida pero ella no es como Jack, es mucho más quieta, melancólica.
Cuando Jack vuelve entusiasmado de Navidad, intenta explicarles a todo el mundo que es eso y su propósito de mejorarla. Sin embargo, Jack, sin darse cuenta, sólo consigue transmitir detalles mundanos de regalos, etc.; sin conseguir hacerles llegar los sentimientos que le provocó Navidad. Nadie entiende nada porque todos lo ven todo desde el prisma de Halloween. Sólo cuando les habla de Santos Clavos (Santa Claus) consigue arrancarles cierto interés, cuando les dice que es el Rey de Navidad, lo mismo que el Rey de Halloween.
Jack quiere saber lo que es la navidad, comprenderla y se esfuerza para ello, buscando incluso fórmulas matemáticas, lo que le produce enorme insatisfacción pues no llega a coseguir ningún resultado. Disecciona los regalos de navidad (disecciona un osito), observa todos los objetos de navidad por el microscopio, intenta hacer un copo de nieve gigante.
Mientras Jack anda con sus estudios, Sally intenta fugarse de nuevo saltando por la ventana (no hay problema, es de trapo, cae al suelo se destroza y ella misma se recompone cosiendo). Sally correra hacia Jack que sigue obsesionado con la Navidad y ella, viendo el erróneo camino de su amado, intentará evitar que camine hacia el desastre cuando intenta suplantar, tras secuetrarlo, al propio Santos Clavos, fundiendo en una sola la noche de Halloween y la de Navidad. No va a ser bien recibido y, será entonces cuando se dará cuenta de la estupidez de abandonar su propia personalidad por transformarse en quien no es. A partir de ahí, intentará liberar a Santa de los verdaderos malos de Halloween. Finalmente, tras el rescate, algo maravilloso va a ocurrir, pero eso…, no se lo voy a contar.
La película, toda ella de una estética absolutamente gótica, es muy entretenida y la banda sonora, compuesta de diez canciones expresamente escritas por Danny Elfman, es estupenda y ajustada a cada uno de los personajes que la interpreta dentro de la filmación.
Debo decir que ayer noche, mientras veía esta película, a oscuras y en la pantalla del portátil, me pareció que los personajes terroríficos de la película, me hacían un guiño, se habían convertido en bellos y estupendos. No tenía intención de escribir nada en relación a ella, pero ahora pienso que, aunque pueda parecer una gilipollez y mi texto no consiga que les entren ganas de ver esta película, creo que debía hacerlo. Tal vez por Jack, o por Sally o por mí misma. Alguien debía colgar, en este blog de cine, esta pequeña obra de arte del cine de animación y esa sólo podía ser yo, alguien a quien en Navidad le da por cantar boleros y poner margaritas en su casa.
PD.: He decidido quedármela, la iba a regalar, pero creo que no. Hoy ya le he encontrado el sentido. Véanla, con sus hijos, estamos en Navidad, y no se queden en lo anecdótico, buceen un poquito. Feliz Navidad.
© Del Texto: Anita Noire


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dic 12 2010

Megamind: Animados para nadie

Cuando alguien entra en una sala de proyección para ver una película de animación; acompañado por dos niños; cargado de palomitas y refrescos; gafas para poder ver la película en 3D y la sonrisa dibujada de antemano; espera que la hora y media siguiente se llene de risas y diversión. Cuando alguien sale de la sala de proyección sabiendo que las sonrisas han sido pocas (las de los adultos porque la de los niños no han hecho acto de presencia); acompañado por los críos con cara de poker y ganas de volver a casa; espera que alguien se plantee qué es lo que está sucediendo con las grandes producciones de animación (salvo la tercera parte de Toy Story me han aburrido todas las estrenadas este año).
Está muy bien que se inserten gags para que los adultos  (acompañantes seguros de los pequeños) se diviertan, pero el cine para niños no puede convertirse en cine de animación para mayores a los que acompañan un batallón de enanos devoradores de palomitas. La vocación de este tipo de cine debería ser la que siempre fue. Aunque los padres paguen la entrada.
Megamind cuenta la historia del bien contra el mal (disfrazado de superhéroe y de villano); cuenta la historia del bien que se camufla con el propio mal para que alguien se fije en él; cuenta una historia más de mayores que de niños chicos.
La versión en 3D no está conseguida del todo. Sí técnicamente, no argumentalmente. Algunas escenas hubieran lucido mucho mejor con un 3D más espectacular. No parece que sea más atractiva esta versión por esta razón. Efectos muy justitos.

Y los personajes no crean que pasarán a la historia del cine por sus cualidades o por los valores que representan entre frases ramplonas y superficiales en exceso para un adulto y algo cargadas para un crío. Tuve la sensación, desde el principio, de escuchar frases muy parecidas a otras de otras películas, de estar frente a un refrito que reducía a la nada el todo que fue.
Los niños no se rieron. Los mayores sonreímos (tal por hacer rentable el precio de las entradas y las palomitas; luego dicen que la gente no acude a las salas de cine cuando lo han convertido en un artículo de lujo). Y creo yo que nadie salió satisfecho. Megamind habla del arrepentimiento (entre los seis millones de temas que forman este batiburrillo). Era  premonitorio. Todos nos preguntábamos qué hacíamos allí. Arrepentidos y con sed después de tanta palomita salada.
© Del Texto: Nirek Sabal

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ago 25 2010

La sirenita: Disfrutando como niños

La última película de dibujos animados que vi en una sala de cine fue La sirenita. Lo pasé tan bien que me pareció alucinante. Debo reconocer que no acostumbro a ver películas de animación porque soy una romántica y me gusta conservar la idea original que tengo de las cosas. Tengo una idea preconcebida de los filmes de dibujos que construí viendo la televisión en blanco y negro, por lo general, y en la sesión continua del cine de mi barrio, las tardes de domingo, si había suerte. La edad me apartó de esas películas y la casualidad me llevo a ellas de nuevo.
Por eso, para mi fue toda una sorpresa, encontrarme de frente con La Sirenita, y retroceder mil años con una facilidad increíble, colgarme del brazo de Ariel, pasearme por el fondo del mar y salir del cine con la sonrisa pintada en la cara y que esta quedara así casi tatuada hasta que me acosté muchas horas después.
Esta película es un musical romántico que sirvió para que Disney volviera a colocarse en la cabeza, nuevamente, de las compañías que producen cine de animación. Leí en algún lugar que fue la última película que se coloreó. Lo que los entendidos dicen, a mano, a partir de ese momento, todo pasó a realizarse por ordenador.
Confieso que me gustó tanto que en su día compré la cinta de video alegando que era para regalar y que, tras la desaparición de estos, compré el DVD pretextando lo mismo. Y no sólo reconozco eso, sino que, debo confesar, que también soy la primera en colocarlo en el reproductor cuando entra un niño en esta casa.

No me cansa, me divierte, me pone de buen humor y, sólo por eso, creo que voy a conservarla sin dejar que ninguna visita enana se la lleve.
La historia, es la adaptación del cuento escrito por el danés Hans Christian Andersen en 1836, publicado en la colección Cuentos de hadas contados para niños. En el original, la sirenita había alcanzado la edad suficiente para subir a la superficie del mar. La primera vez que lo hace, rescata de morir ahogado a un príncipe del que quedará irremediablemente enamorada. Por su amado, hará un trato con una bruja, cambiará su aleta por unas piernas que le permitan vivir en tierra a cambio de entregarle su voz, de quedar muda para siempre, pero el príncipe se enamora de otra mujer. Ante esta situación Ariel puede volver al mar, pero para ello debe lastimar a su amado, por lo que finalmente decide no volver. Este sacrificio, que no llevará a que el príncipe se enamore de ella, sí la salvará finalmente de morir en la nada, convirtiéndose en aire.
Como pueden observar, la historia bien podría ser el argumento de una novela para adultos, el amor sacrificado que no lleva a nada, porque un amor no correspondido se convierte en dolor. Pero el mundo infantil tiene precisamente la gracia de transformar algo tan terrorífico como es la historia de La Sirenita en algo encantador y la factoría Disney, en este caso, lo bordó, no sólo lo mostró bonito, sino que dotó de nombre a la Sirenita, llamándola Ariel, cosa que en el cuento original no tenía, azucaró el argumento y lo dotó de un final feliz que, tampoco existe en el cuento de Andersen.
La Sirenita de Disney es almibarada al máximo, pero muy divertida. ¿Quién no recuerda la famosa canción Bajo del mar que cantan y bailan los peces, caballitos de mar, cangrejo incluido? En esta película todo es agradecido, delicioso, previsiblemente feliz, pero para eso están estas películas, para que los mayores volvamos a sentirnos como críos y los niños sigan disfrutando del desconocimiento de lo que un futuro aciago les depara.
No hay que correr. Las cosas llegan cuando tienen que llegar y no tiene nada de malo entregar grandes dosis edulcoradas de cine a los niños. Deben vivir la cara amable; es lo que les toca, las bofetadas y reveses de la vida ya les llegarán.
Hoy tengo un día regulín, creo que voy a volver a verla.
© Del Texto: Anita Noire

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jul 29 2010

Toy Story 3: Chapeau

Entro a la sala de cine, sin ser consciente de que estoy ante uno de los acontecimientos de la década, tomo mi asiento cual niño inocente, y me preparo para pasar un par de horas al lado de mis amigos viendo una película de aparente entretenimiento simplón. Cuán equivocado estaba, ¿sólo entretenimiento?
Culmina una etapa. Terminan muchas cosas. Así es como me he sentido al ver el final de una de las sagas más exitosas de la historia, una trilogía en la que ningún capítulo sobra o es peor que el anterior. Hablo de Toy Story 3. Hablo de esa fábrica de sueños que es Pixar. Hablo de magia en estado puro.
Una trilogía que se ha demorado nada más y nada menos que unos 15 años en cerrarse. Prácticamente la vida del niño que da pie a la película, Andy. Y es que si en las dos entregas anteriores, a Andy se le veía como un crío que simplemente jugaba con sus juguetes y los necesitaba, en esta tercera parte acudimos a lo que a todos nos ha pasado, la llegada de la madurez, el olvido de nuestra infancia, de lo que fuimos, y de los buenos momentos que vivimos en compañía de estos seres inanimados que solo tenían vida dentro de nuestra imaginación, que aguantaron nuestras llantinas cuando nuestros padres nos castigaban, nuestros monólogos interiores y por qué no, también ayudaron a ser lo que somos ahora. Andy se marcha a la Universidad, y los juguetes están abandonados en un baúl, en espera de acabar en un vertedero, en un mercadillo, o en un sitio más seguro, el desván. ¿A quién no le ha pasado esto?
Así, la película comienza con una gran escena, aparentemente carente de sentido, que mezcla diversos géneros, y que no es más que la imaginación de Andy cuando juega con Woody, Buzz y compañía. Nuestra imaginación. Y en Pixar lo saben, saben adueñarse de la nostalgia del espectador entrado ya en cierta edad. Recuerdo cuando jugaba a los Gijoe en el salón de mi casa, montando escenarios bélicos con todo lujo de detalles dignos de Salvar al soldado Ryan , elegía mis planos, los diálogos, quién moría, quién se enamoraba, quién era el malo, quién era el bueno….o cuando recreaba cualquier film de piratas en la bañera con mis Playmobils heredados de mi hermano mayor. Y es que el film también habla de herencia, no debemos olvidar quiénes fuimos ni lo que tuvimos, ¿De qué sirve tirar las cosas a la basura y hacer borrón y cuenta nueva? ¿Conseguimos algo con ello salvo tener más espacio para nuestro nuevo mueble de apariencia gélida del Ikea más cutre que no nos cuenta nada? La respuesta es no. Nos engañamos todos y cada uno de nosotros. Todo se puede aprovechar (esta vez con la metáfora de los juguetes), debemos transmitir lo mejor de nosotros mismos a las próximas generaciones, sin dilación, y no sólo hablo de objetos materiales como puedo dar a entender por mis preguntas, no. Y es una costumbre que se está perdiendo. No damos sin recibir, y si no recibimos…seguiremos siendo los mismos egoístas de siempre. Nos estamos perdiendo en el camino, y hacemos que los que vienen después de nosotros sufran por ello sin saberlo.
Entrando más en la película, Woody y sus chicos se enfrentarán al olvido más absoluto, tal y como predecía El Capataz en Toy Story 2, y por desatino del destino (lo sé, qué chiste más malo) , se verán como carne de cañón en una guardería para niños de la que prácticamente es imposible escapar y en la que los otros juguetes harán de las suyas para que no escapen, y es que, como si de seres humanos hablásemos, no todos son lo que aparentan y la maldad surge de la inseguridad y del rechazo, vaya, como en la misma vida real. Es imposible omitir que las mayores referencias están en El Padrino o cualquier peli de gángsters, mezclado con La gran evasión o La fuga de Alcatraz y cualquier film del estilo, dando lugar a escenas en las que lo grotesco se mezcla con el humor de una forma bastante peculiar. Muchos guiños aquí y allá, en los que cabe destacar el Buzz romanticón con charlatanería flamenca incluida; el cameo del oso de peluche con la forma de Totoro, mascota del estudio japonés de animación Ghibli, y de la que los componentes de Pixar son absolutos admiradores, incluido un servidor, un estudio que ha dado maravillas de arte; o la canción final de los Gypsy Kings, entre otras cosas. Pero son los valores de la amistad, la lealtad, la honestidad los que se imponen para lograr que Woody, Buzz y sus chicos salgan del apuro para volver con su dueño, Andy. Valores puros, esas cosas que pocas veces veo en la realidad, eso es lo que hay que transmitir. Si no, todo está perdido.  Y todo culmina con un clímax final digno de ponérsele los huevos de corbata a cualquiera, no me caían los sudores en una película desde…vaya usted a saber. Así, sin más. Chapeau para Pixar.
En definitiva, lo mejor que tiene Pixar y sus películas, es que al contrario que sus rivales (Dreamworks o la Fox) no caen en la repetición de gag tras gag hasta que la historia deja de tener sentido. No. La historia lo es todo, los protagonistas se desarrollan, cambian, viven, caen, ríen. Eso es lo que hace grande cada película que estrena Pixar.
Podría pasarme horas escribiendo sobre Toy Story, podría empezar a desvariar en un optimismo inusitado en mí y nunca terminaría de escribir. Pero lo resumiré en dos frases.
¿Qué es Toy Story?
Es la historia de nuestras vidas.
¿Qué quién es Andy?
Todos hemos sido Andy.

© Del Texto: Gwynplaine Thor

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