IV Festival Internacional de Magia de Madrid

A estas alturas parece que lo único posible con esta crisis que vivimos es hacerla desaparecer por arte de magia. ¿Se puede hacer algo así? Claro que sí.
Imaginen. Unos jovencitos llegados de Holanda nos empujan a la risa más sincera con trucos imposibles que van desde volar dentro de una caja de cartón hasta aparecer y desaparecer de y en lugares imposibles. Ted Kim, un muchacho coreano con pinta de haber salido de un vídeojuego, nos arrastra a un mundo lleno de color y sorpresas en el que el dibujo de una manzana es, en realidad, una deliciosa pieza de fruta; un mundo original sin primas de riesgo. La pareja formada por Scoot & Muriel, americanos ellos, parten por la mitad al que se acerca con una máquina infernal y, voilà, no pasa nada; todos contentos. Charlie Mag hace milagros; con peces y palomas; casí, casí, consigue lo de los peces y… los panes. Norbert Ferré, gabacho bueno (lo dice él y no yo que soy inocente) se ríe de sí mismo, del que le mira; y a la vez consigue que el mundo desaparezca para que sólo quede su público, sus cartas y él mismo. Y, por si era poco, Jorge Blass echa a volar como si tal cosa. Bye, bye, crisis.
El IV Festival Internacional de Magia de Madrid es, sencillamente, un espectáculo fabuloso. El público entra en la carpa del Circo Price y, durante dos horas, no es capaz de pensar en nada que no sea magia. El ritmo es arrollador. Tan sólo nos dan un respiro cuando el narrador (un niño que hace su trabajo con solvencia y con el desparpajo de alguien mucho mayor) presenta el siguiente número o trenza el hilo argumental que quiere soportar el espectáculo.
Tal vez el artista que desentona algo es Charlie Mag. No es que sea un mal mago; en absoluto. Pero sí está en la periferia de un conjunto muy sólido formado por el resto de magos. Excesiva solemnidad y magia, aunque original, con cierto acento anejo. En cualquier caso, no es fácil hacer aparecer peces de colores donde debería haber pichones.
Todos están muy bien, provocan que sintamos ese desconcierto que sólo te abruma ante lo inexplicable. Pero, sin duda alguna, son Norbert Ferré y Jorge Blass los que logran niveles extravagantes. Si Jorge Blass (director del festival) presenta unos trucos fabulosos y le echa una buena dosis de humor a su trabajo; Ferré es la elegancia pura. El que escribe nunca había visto una cosa igual. Pelotitas de colores y una baraja de cartas. No le hace falta nada más. Además, provoca grandes carcajadas con sus bromas y su lenguaje corporal.
Vivir en Madrid y no acercarse al Circo Price para asistir a este espectáculo no puede ser.
Ah, cuando se vayan ustedes a casa, se encontrarán con una agradable sorpresa. Los magos le esperarán en la puerta para que puedan hablar con ellos.


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