La gran familia española: Me gusta el fútbol

La gran familia española, del director madrileño Daniel Sánchez Arévalo, es una película con aroma a buen cine. Nada de complejos, personajes en los que los rasgos de su carácter son múltiples, diálogos llenos de acidez e inteligencia, un montaje estupendo (la escena en la que los jóvenes protagonistas hablan con sus familias por separado y que nos presentan como una única escena es una obra de arte en sí misma), una música notable y un ritmo narrativo rápido aunque sin atropellos. Eso es La gran familia española. Pero, al mismo tiempo, es una película con algunos cabos sueltos, con momentos que lejos de producir carcajadas lo que hacen es resultar vergonzosas, y algo ventajista puesto que elegir la final de la copa del mundo como vehículo de la trama es jugar sobre seguro entre los espectadores españoles.
Resulta algo irregular el metraje. Sólo cuando los personajes aparecen sin protección alguna es cuando la película marcha a toda velocidad. Y eso coincide con unos diálogos que escapan del chiste fácil y dinamitan los cimientos de los protagonistas.
Sánchez Arévalo intenta indagar en lo que supone el núcleo familiar que ordena la sociedad española desde mucho tiempo atrás. Pero también la necesidad de amor que el ser humano tiene que soportar; un amor que se puede desarrollar de muchas formas incluidas las que nos pueden resultar surrealistas. Desde ese territorio que ocupa el amor, el director da un salto hasta la construcción de la persona como reflejo, como complementario, de otros. Por eso la propuesta crece cuando los personajes se ofrecen sin tapujos. El resto de la película se tambalea. Afortunadamente, esas zonas que soportan el resto son más que las que flojean.
Las interpretaciones son estupendas. Y no sólo eso. Los actores disfrutan mucho con lo que hacen y la complicidad entre ellos es absoluta. Un reparto muy compensado. Suma que alguno de ellos son repetidores con este director y eso se deja notar en el resultado final.
Quim Gutiérrez, Antonio de la Torre, Patrick Criado, Verónica Echegui, Roberto Álamo, Héctor Colomé, Miquel Fernández, Arantxa Martí, Sandra Martín, Sandy Gilberte, Raúl Arévalo, Pilar Castro. Casi nada. Destaca Antonio de la Torre como ya es habitual de un tiempo a esta parte. Aunque si De la Torre está bien, Roberto Álamo y Verónica Echegui están espléndidos. La dirección actoral es uno de los fuertes de este director. De eso no hay duda. Y su capacidad para contar una historia. Parece como si el relato hubiera estado siempre ahí esperando a que llegase él para contarlo.
La trama arranca con la boda de una pareja que se celebra el mismo día que España juega la final de la copa del mundo frente a la selección holandesa. Y una declaración de intenciones queda clara desde el principio cuando las imágenes de la película Siete novias para siete hermanos sirven de prólogo a lo que va a pasar. Se suceden escenas disparatadas, se van sumando personajes extravagantes y una historia pasada que puede convertir esa familia en un vertedero.
Aparecen algunos problemas de guión de difícil solución. Por ejemplo cuando una casa desordenada por completo se ve ordenada como por arte de magia. Pero, salvo algún detalle como este, se busca una coherencia interna y una justificación de la acción bastante potente.
¿Es una buena película? Claro que lo es. ¿Le gustará a todo el mundo? Claro que no. Desde luego no es tan buena como para ser la favorita en cualquiera de los premios a los que ha optado y, desde luego, no es tan mala como para quedarse viéndolas venir en cada gala.
© Del Texto:Nirek Sabal


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