Carrie: Un calco

Cuando un aficionado acude al cine para ver un remake, espera que al salir de allí, algo nuevo se lleve en la memoria. Las opciones, siendo algo reduccionista son: la nueva versión es algo novedoso que, aun contando la misma historia, logra aportar cosas desde el punto de vista narrativo y técnico; la nueva versión es la misma cosa que el original con ciertos toques de autor y se hace prescindible; la nueva versión es lo mismo y la novedad es que una buena historia original la han convertido en un peñazo.
Carrie, película firmada por Kimberly Pierce, se encuadra en la segunda de las opciones. Es la misma Carrie de Brian de Palma (1976) con un aire más sosegado, un toque humanista algo más potente que en la original. Pero, por el contrario, la forma de narrar del maestro De Palma se pierde. El resultado es que la sensación de repetición, sin un sentido claro, se impone con fuerza. Pierce trata de modernizar la trama incluyendo aspectos tecnológicos que sólo actualizan la escena mínimamente. Que aparezcan móviles e Internet no dan un toque moderno. Los efectos especiales son buenos aunque eso, en los tiempos que corren ya no suman. Un mal uso sí que resta, pero el uso correcto de descuenta antes de empezar.
Chloë Grace Moretz, sin ser mala actriz, no es Sissy Spacek. El rostro de Spacek era el de alguien completamente poseido por un estado de ánimo extraordinario. El de Chloë Grace Moretz es el de una mujer de muy mala leche. Además, cuando llega el momento de la fiesta, la belleza de la nueva Carrie pone en duda parte de las motivaciones de un personaje que en el libreto original es visto con rareza por todos y en todos los sentidos, incluido el físico. Por su parte, Julianne Moore defiende su papel con solvencia, sin despeinarse. Entre otras cosas porque su personaje se queda sin explotar, no se le exprime lo que cabría esperar (en la novela de King se le saca un partido asombroso) y, así, el trabajo se hace más llevadero.
Para el que no conozca la primera versión, esta de Kimberly Pierce, puede ser que cuele. El guión de Roberto Aguirre-Sacasa y Lawrence D. Cohen se ajusta al que ya filmó De Palma y funciona bien. Es cine que deja entrever alguna calidad. Pero para el que ya pudo disfrutar de la Carrie original sentirá algo de decepción. No siempre basta con hacer las cosas con corrección. Si la idea es partir de algo ya realizado el objetivo es llegar a más. ¿Por qué alguien querría ver una película que se sabe de cabo a rabo y no que no le fuera aportar algo más? Pues eso.
© Del Texto: Nirek Sabal


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