La vida secreta de Walter Mitty: Perdido entre algodón de azucar

Desenfocada y algo perdida. Así resulta la película de Ben Stiller. Del todo curioso cuando la verdadera protagonista de la trama es una fotografía (concretamente un negativo perdido) y todo el trabajo, todo el conjunto que forma el producto final, se soporta sobre una excelente labor fotográfica. Stuart Dryburgh presenta un trabajo de excelente factura. El que escribe hacía mucho tiempo que no disfrutaba con algo de estas características.
Ben Stiller se pierde junto a su personaje, al personaje que él mismo interpreta. Walter Mitty sueña, a Walter se le va la cabeza entre imaginaciones extraordinarias que van configurando un universo a su medida. Y Stiller pierde la perspectiva con tanto juego entre ficción y realidad, con tanta sensatez mezclada con un surrealismo algo enlatado y manoseado, con tanto aderezo humorístico de una inocencia desproporcionada. Un texto (bueno) se convierte en una fábula -sin interés alguno- en el momento en que la perfección melosa y extravagante de un mundo se apodera de cada fotograma.
Además de la excelente fotografía, la película tiene cosas buenas. Si no fuera así, después de la gran inversión que se ha realizado, sería de juzgado de guardia. La banda sonora es muy atractiva. Escuchar a David Bowie cantando A Space Oddity ya es una garantía por sí msimo y merece la pena (un placer algo caro si va sólo y teniendo en cuenta el precio de la entrada). El montaje, aunque sin grandes novedades, resulta atractivo y ahorra al espectador parte de la trama que se haría pesada por innecesaria. La belleza plástica de una puesta en escena muy elegante, suma. Y algunos golpes humorísticos que hacen sonreír son de agradecer.
La Vida Secreta de Walter Mitty toca, tangencialemente, el dolor de la crisis, el dolor del desamor, el dolor de crecer y dejar la niñez atrás, el dolor de la soledad en una sociedad llena de idiotas que están a los mandos. Pero de refilón, sin querer encontrar problemas que rebajen el tono edulcorado de la película.
Ben Stiller no se anda con miramientos cuando ataca el mensaje principal. Todo es posible si uno lo quiere conseguir; el trabajo, cualquier vida, tiene su recompensa y la vida merece la pena. Les podrá parecer poco a alguno de ustedes. Y es que lo es. Poco y sobado.
Ahora sí, la película se deja ver. Conectando el modo voy a pasar un buen rato que para eso he pagado una pasta puede resultar entretenida. Pero ya les advierto que no deben desconectar el piloto automático. Un desierto de dudas se presentaría ante ustedes y cruzarlo no merece la pena.
© Del Texto: Nirek Sabal


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