La bicicleta verde (Wadjda): Todos somos iguales

El cine modesto tiene reservado un hueco en el cajón de gustos del espectador. No por ser eso, modesto, está condenado a ser mal cine. Una historia bien contada, un actor o una actriz que haga su trabajo con acierto y profesionalidad, o la buena dirección de un director, son garantía de aceptación entre los aficionados al cine. No hace falta recordar que, por contra, las pantallas del mundo entero de llenan con tostones multimillonarios que son rechazados aunque lleguen precedidos de una enorme campaña de marketing y un reparto de campanillas.
La bicicleta verde (Wadjda) es la primera película de Haifaa Al-Mansour, una mujer de Arabia Saudí. Por tanto, la noticia no es sólo que podamos ver cine de ese país sino que el trabajo lo firma una mujer. Entre otras cosas, La bicicleta verde es una película muy crítica que nos acerca, que nos enseña, un universo que, para los occidentales, es completamente desconocido. Un universo en el que las mujeres tienen un papel inconcebible, hoy, en el mundo occidental.
Wadjda es una niña que quiere una bicicleta para poder competir con su amigo en igualdad de condiciones. Pero eso de tener una bicicleta siendo mujer está muy mal visto en la sociedad saudí. Va en contra de toda norma social. Pero a la niña le da igual y pelea por conseguirlo.
La historia que nos cuentan es poca cosa. Un par de subtramas se desarrollan buscando profundidad dramática que no termina de llegar. Este es el gran problema de la película. El esfuerzo se queda más en el dibujo social y del personaje central. El resto se queda en el terreno más anecdótico. Aunque, aun siendo verdad todo esto, el conjunto resulta muy atractivo, muy agradable.
La directora logra crear un clima opresivo respecto a la mujer que se convierte, desde que nace, en una especie de accesorio o algo así, para los hombres. La discriminación de la mujer, apoyada en un religión omniopresente y todopoderosa, es brutal, casi insoportable. Sea lo que sea que hagan las mujeres pasa por un filtro social y religioso que impiden el progreso de estas. Les garantizo que, después de ver esta película, pensarán que Arabia Saudí está en Urano o más lejos.
El personaje central, Wadjda, es delicioso. Y la niña que lo interpreta, Waad Mohammed, lo es del mismo modo. Enamora y seduce. Su madre representa a la mujer saudí, podría ser cualquiera de ellas. Pero, al mismo tiempo, junto con su hija, lanzan un mensaje importante: las mujeres de todo el mundo son iguales; sus ganas de vivir, sus ganas de hacerse un hueco en la sociedad; todo lo que pueda pensar una mujer occidental, africana o asiática, es la misma cosa. A pesar de los lastres sociales, religiosos, económicos o idiomáticos, las mujeres mujeres son. Y de los hombres, se puede decir lo mismo.
Haifaa Al-Mansour se estrena con este trabajo. Prometedor como mínimo. Con lo poco que tiene logra un resultado más que aceptable. Lástima que el guión esté poco trabajado en la vertiente más dramática. Habrá que seguir la pista de esta mujer. Ya empieza a ser costumbre que lo que llega desde oriente viene cargado de sorpresas agradables y nuevos aires que ventilan el aburrimiento y la mediocridad en la que nos hemos instalado aquí, en occidente.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.