Malavita (The Family): Nada nuevo entre los mafiosos

Películas sobre mafiosos italo-americanos ya se han rodado unas cuantas. Algunas verdaderas obras maestras, otras pasables y muchas insoportables. Intentar algo novedoso en este territorio es difícil.
Luc Besson se animó y entrega un trabajo desigual que va de un arranque prometedor a la explosión ininterrumpida de artefactos, al millón de disparos y al disparate absurdo. Pero antes se pasea entre todos los tópicos conocidos, por los personajes más irrelevantes y por la reiteración de lo que ya nos han contado otras veces.
Malavita (The Family) cuenta el día a día de una familia protegida por el FBI. El padre (Robert De Niro) es un mafioso que ha delatado a la plana mayor de la organización; la madre (Michelle Pfeiffer) es una mujer deprimida por tanto traslado, por haber renunciado a su vida; y suele incendiar, de vez en cuando, alguna tienda local. Los niños (Dianna Agron y John D´Leo) son un par de psicópatas. Allá donde va esta familia deja marcado el territorio con algún muerto, alguna paliza o algún negocio en quiebra. Y a todos ellos les busca la mafia.
A ratos es divertida acumulando disparates y violencia que, acompañada por alguna frase ocurrente, resulta cómica. Pero no encontramos nada nuevo (por cierto, en El Padrino cualquier cosa se acompañaba de una frase inteligente que puede parecer lo mismo sin serlo, claro). Lo más sorprendente es la cantidad de arrugas de la señora Pfeiffer y de Tommy Lee Jones. Porque todo lo demás es de una normalidad excesiva. Nada destaca salvo lo previsible de la trama y el bajón en el pulso narrativo del minuto treinta en adelante.
Los personajes no son tan originales como el director quiere que aparenten. En la serie de televisión La familia Addams ya se dijo todo sobre esto de las familias formadas por seres raritos. No son tan originales y se podría prescindir de alguno de ellos. Del de la hija, por supuesto (no sé qué pinta en todo esto un personaje así). Por lo poco desarrollado, el del hijo, también.
Robert De Niro interpreta su papel sin despeinarse. Tal vez sea este sea un problema. Mucho actor para tan poco personaje, para tan poca exigencia. Y, por qué no decirlo, ya le tenemos muy visto como mafioso. La señora Pfeiffer cumple con el suyo que tampoco exige nada del otro mundo. Tommy Lee Jones se limita a poner cara de póker. Poco más. Los dos jovencitos parecen tener potencial aunque en este trabajo no despuntan.
El montaje deja espacios para algunos flashbacks que resultan interesantes puesto que intentan dibujar a los personajes. Pero no lo consiguen. Cualquier cosa que se quede en la superficie tiene el mismo problema.
El resto pasa desapercibido. Todo el ímpetu del director en el arranque se desvanece entre escenas violentas que procuran disimular las lagunas de un guión más flojo que otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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