Don Jon: Catecismo y moralina

De esta película se han dicho muchas cosas y, casi todas, buenas. De Joseph Gordon-Levitt, que puede dirigir bien y que logra un papel notable; del guión, que es divertido además de estar bien construido; que la fina ironía cubre cada secuencia; cosas así.
Sin embargo, la película es mediocre; el trabajo de Gordon-Levitt, como actor, es pasable (siendo generoso) y, como director, discreto (siendo muy generoso); la ironía no está por ninguna parte salvo que esa ironía sea el mal gusto, las palabras malsonantes soltadas a diestro y siniestro o el intentar que todos nos veamos reflejados en un tópico tras otro. Pero lo peor es que Don Jon termina convertido en una especie de catecismo fabricado por el director y guionista para obsequiarnos con una filosofía barata y más vista que el TBO. Moralina pura.
La historia que nos endosa Joseph Gordon-Levitt es la de un adicto al porno, infeliz por no poder liberarse por completo cuando experimenta la realidad. Músculos (ya se encarga el director de enseñarnos hasta el último detalle de sí mismo) belleza e insatisfacción. Aparece una rubia explosiva (Scarlett Johansson) que quiere cambiar a nuestro chico. Eso no funciona, claro. Continúa la adicción al porno, a la confesión en la iglesia del barrio y a sí mismo. Mucha adicción y poco de lo demás.
Pero un día aparece otra mujer (mayor, experta en todo tipo de cosas que tengan que ver con la vida misma porque es mayor; lo que supone una auténtica idiotez; es Julianne Moore) que lo arregla todo. Estarán ustedes pensando que les he desvelado la trama. Tienen razón. Pero les aseguro que es tan previsible que esto da igual. Lo hubieran descubierto ustedes mismo al poco tiempo, entre bostezo y bostezo.
La dirección actoral no está mal auqnue contar con la señora Johansson y la señora Moore es una garantía de éxito en este aspecto. El montaje es excesivo en las reiteraciones aunque imagino que, dadas las circunstancias, había que conseguir minutos de metraje medio potables. El guión, salvo algunas cositas, es bastante ramplón. Encontrar alguna frase importante es imposible; se intentan giros argumentales que no aportan nada resultando ridículos y estériles; y el remate del relato busca una importancia moral impostada e inexistente. La música atronadora. Es lo que tiene hacer una película pensando más en uno mismo que en el propio trabajo.
Propuesta fallida y tramposa al intentar colar de rondón lo que, sencillamente, no está. Don Jon no pasará a la historia del cine. Eso es seguro.
© Del Texto: Nirek Sabal.


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