The Indian Queen: Experimento sin gas

El Teatro Real de Madrid presenta, esta vez, lo que pretende ser un espectáculo en el que se integran danza, teatro, textos literarios, música y una escenografía novedosa e inspiradora. Pero se queda en la mera pretensión. Porque el resultado es insípido, porque todo resulta plano en exceso. Y porque alguna de las apuestas es fallida por su imperfección o extravagancia.
Henry Purcell no pudo acabar de componer su obra. Además, cuando escribió The Indian Queen, la ópera no era lo que entendemos hoy en día que es. En realidad, no era. Con lo escrito por Purcell, añadiendo algunos himnos y canciones de este mismo autor, incorporando textos de distintos autores, sumando los textos de Rosario Aguilar que se narran y la escenografía de Gronk; se presenta esta versión de The Indian Queen en coproducción con la Ópera de Perm y la English National Ópera.
El proyecto, sobre el papel, resulta atractivo. No tanto cuando uno se sienta en la butaca del teatro.
La puesta en escena de Peter Sellars, sobria y escasa, se llena de carreras de unos y otros que destrozan el ritmo musical y, sobre todo, el clima que intenta crear. Los cantantes y figurantes (vestidos de baratillo) parecen no saber qué hacer en algunos momentos. Si no entran o salen del escenario a la carrera se les nota algo despistados. El resto del trabajo de Sellars es correcto (salvo la entrada en escena de los españoles que es casi ridícula) aunque no brilla, no enseña nada realmente nuevo o que conmocione.
Parece excesiva la presencia y la importancia que toma la narradora. No porque sea innecesaria (que no lo es) sino porque sus intervenciones son explicativas y poco más. Nos cuenta lo que va a ocurrir a continuación. Sin matices, sin aportar nada que no sea lo que intuimos o, poco después, sabemos. Como mucho (siendo muy generosos en el análisis) inserta detalles narrativos sin importancia dentro del conjunto de la propuesta. Es suficiente escuchar la música y a los cantantes para que el hilo argumental quede claro. Esto no significa que los textos de Rosario Aguilar sean mejores o peores (en realidad, son bastante normalitos) sino que en el conjunto no funcionan. Sólo eso. Además, las elipsis son un recurso que hacen de cualquier sistema narrativo algo más expresivo, algo que deja lugar al espectador para una lectura personal. En esta versión de The Indian Queen, con esta voz narrativa que tiende a eliminarlas, parece que alguien sienta algún temor que, por cierto, termina siendo una muestra de inseguridad y una forma de alargar innecesariamente el espectáculo.
Los bailarines, sencillamente, no están bien. Cumplen y poco más. En esta producción, la importancia que asumen es muy grande y deberían sobresalir. Es una pena que la buena coreografía de Christopher Williams se vea envuelta en cierta mediocridad.
El coro de Perm, dirigido por Vitaly Polonsky, funciona a la perfección. Las voces son estupendas y el grupo de mueve con gracia, muy coordinados. Es lo mejor en The Indian Queen.
Tal y como ya ocurrió en La Conquista de México con los personajes aztecas, las voces de los mayas intentan representar la fascinación con la que se recibió a los conquistadores españoles. Aquellos hombres y mujeres no entendían nada, no sabían si se enfrentaban a hombres o a dioses, no terminaban de entender que no había hueco para el amor en lo que sería una conquista violenta en busca de riquezas, que no habría espacio para ellos al ser despreciados por un pueblo que nunca buscó la integración de unos y otros.
Vince Yi (Hunahpu) y Christophe Dumaux (Ixbalanqué) están muy bien. El resto del reparto cumple sin grandes problemas.
Teodor Currentzis hace un trabajo estupendo (vibrante, sensual) aunque el brillo no llega con claridad al patio de butacas por estar instalado en un producto que no funciona.
Algunos claros, grandes zonas oscuras. Así no hay forma.
© Del Texto: Nirek Sabal


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