Asalto al poder: Disparar a matar… al cine

Asalto al poder es una película tan estúpida como entretenida, tan vacía como bien facturada (si sólo tenemos en cuenta los efectos visuales, especiales y sonoros).
Parece que la moda en el circuito comercial norteamericano marca la tendencia más victimista, patriota y sangrienta. La cartelera va de ataque terrorista a otro mucho más terrible y de ese a un posible ataque nuclear. Y, puestos a marcar tendencia, a realizar un cine mediocre.
Asalto al poder es un buddy film en el que Roland Emmerich hace un alarde prodigioso de mala dirección, de falta de ideas y de chapoteo en los tópicos. Es verdad que, con un guión como este, poco se puede hacer, pero es alarmante que el trabajo no tenga nada, absolutamente nada, que merezca la pena. Incluso los efectos especiales y visuales se hacen pesados. Inquieta que una película con este presupuesto no contenga una sola frase inteligente. Es un desastre absoluto. Eso sí, entre chorradas y explosiones, el tiempo se pasa volando (es lo único que no vuela por los aires hecho añicos, por cierto).
Channing Tatum y Jamie Foxx liquidan a un pequeño ejército armado hasta los dientes. Uno con valentía y violencia asombrosos. El otro con una calma y una heroicidad que sólo un presidente de los Estados Unidos puede manejar con acierto (en una película de cine, claro). Eso es lo que intentan colarnos. En realidad, nada es verosímil; todo parece la gran estafa del mes. Eso sí, muy entretenida. Maggie Gyllenhaal y James Woods (qué mayor está) y otros, se mueven por la pantalla sin pena ni gloria. Les matan al poco tiempo o interpretan papeles insignificantes o, sencillamente, no pintan nada en la película.
Asalto al poder es una película prescindible en la que todo apesta a mal cine. Prescindible y totalmente predecible. El espectador puede intuir lo que pasará en cada escena y desde el principio. Tal vez, por eso resulta tan entretenida. A todos nos gusta medir nuestras dotes adivinatorias y tener éxito en el intento. Con esta película nos convertimos en visionarios perfectos. No fallamos ni una.
Si esto es todo lo que se les ocurre a los productores para gastar su dinero, estamos arreglados. Es posible que recuperen la inversión haciendo buenas taquillas, pero destrozarán, de paso, lo poco que queda de la industria cenematográfica. Pronto empezarán los quejidos, las lágrimas, las lamentaciones. Y será tarde.
Asalto al poder es tan catastrófica como la historia que quiere vender. Eso sí, el tiempo pasa volando.
© Del Texto: Nirek Sabal


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