Il Barbiere di Siviglia: Blancos, negros y un toque de color

La temporada operística del Teatro Real de Madrid se inicia con la excelente obra de Gioachino Rossini Il Barbiere di Siviglia; una ópera bufa en dos actos y libreto de Cesare Sterbini.
La dirección musical de Tomas Hanus y la dirección de escena a cargo de Emilio Sagi hacen llegar hasta el Teatro Real de Madrid la primera alegría del año. Todo funciona y funciona bien.
Musicalmente, Tomas Hanus desarrolla la partitura de Rossini sin altibajos, consiguiendo un encaje certero entre voces e instrumentos. Esta no es una ópera excesivamente exigente con los músicos aunque sí requiere una interpretación en la que el aroma que desprende el escenario se corresponda con cada nota. Ya en la obertura quedan claras las intenciones de Hanus dirigiendo con delicadeza aunque con ímpetu si es preciso.
Por su parte, Emilio Sagi nos prepara un escenario en el que todo se mueve y en el que es difícil que encontremos respiro. Las escenas se montan moviendo las partes del escenario (todas sobre ruedas) y los elementos de atrezzo que son transportados con gracia y orden. Pocas veces el escenario del Teatro Real ha sido tan práctico como este. Esto aquí y eso allá para dibujar una plaza. Ahora aquello lo colocamos junto a eso otro y tenemos un interior. Coloquen esas sillas en el centro y la mesa al fondo. Todo muy fácil, sin desbarajuste alguno, perfectamente ensayado. Un resultado atractivo y vistoso. La coreografía de Núria Castejón ayuda ostensiblemente a que esto ocurra. Al mismo tiempo que se modifica el escenario, el aire sevillano está presente, sin topar con territorios comunes y gastados, sin estridencias tópicas que tanto molestan (sobre todo en este caso al tratarse de un teatro español lleno de espectadores españoles que no van vestidos de torero o gitana por la vida aunque algunos lo crean). Los recursos escénicos se convierten desde el principio en parte importante de los elementos puramente dramáticos. Con la iluminación (perfecta) ocurre lo mismo. El vestuario sencillo y eficaz. El escenario se llena de blancos y negros que predominan durante toda la representación. Tan sólo un personaje, Rosina, arrastra cierto toque de color que realza el carácter alegre y atrevido de la mujer. No hace falta decir que los negros corresponden a los caracteres más apagados y antipáticos. La escena final se sale de este continuo para ofrecernos un colorido espectacular en la que intervienen todos los personajes de la obra. Un final feliz con globo aerostático incluido. Una buena y bonita idea que se justifica plenamente.
La obra de Rossini es de una belleza aplastante y deja momentos muy divertidos e incluso cuadros auténticamente emotivos. Pero de esta ópera poco se puede decir. Ya lo han dicho cientos de veces todo. Lo interesante es que la esencia de Il Barbiere di Siviglia no se pone en peligro con esta producción. No se reproduce con fidelidad el momento histórico en el que se desarrolla la trama aunque la propuesta está muy próxima a este; nadie trata de inventarse cualquier patraña para dejar su impronta personal. Todo lo que es original, con talento e inteligencia, se puede ajustar a lo esencial como ocurre en este caso.
La producción cuenta con dos repartos, ambos estupendos. Destacan Dmitri Korchak (en el papel de Conde de Almaviva) y Serena Malfi (Rosina), Tanto uno como otro consiguen momentos de emoción alcanzando tonalidades bellísimas en sus registros. La señora Malfi hace un uso portentoso de sus agudos. Todos, desde el punto de vista actoral están sobresalientes. La dirección se deja notar. Ninguno tiene que quedarse media hora quieto esperando a que otro deje de cantar, ninguno abusa del histrionismo. Tal vez Susana Cordón (Berta) está en el límite de la sobreactuación, pero se compensa con lo bien que canta y lo divertido que termina resultando su personaje. Como de costumbre, el coro muy, muy, bien.
Buen y prometedor comienzo de la temporada. A ver si los aficionados tenemos suerte y no tenemos el placer de recibir durante unos meses a nadie que quiera inventar la ópera o que intente ocultar la falta de talento bajo escandalosas extravagancias que no llevan a ningún sitio. A ver si hay suerte.
© Del Texto: Nirek Sabal


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