Ahora me ves: Un gran truco que se ve a la primera

Todo en Ahora me ves está diseñado para que el espectador esté pegado a la butaca sin moverse hasta que los créditos aparecen en pantalla. Para no dejar que piensen. Si lo hicieran se levantarían, como muy tarde, en el minuto treinta. Una trama que promete y se reduce con el paso del tiempo en un disparate increíble. Un asunto -la magia- que siempre gustó al ser humano y que se convierte en una excusa estúpida para que las escenas parezcan brillantes siendo oscuras y estando vacías. Una música que puede funcionar durante una escena, pero que se convierte en la gran invasora formando parte, desde muy pronto, del gran engaño (nada mágico) que es esta película. Una cámara que comienza histérica y termina loca de remate arrastrando con sus movimientos inexplicables a todo y a todos. Un reparto prometedor del que no se aprovecha ni un gesto. Esto es Ahora me ves.
¿Es divertida? Pues sí. ¿Es irritante? En el momento de intentar saber qué te han contado (nada) lo es y mucho. ¿Merece la pena? Pues si te invita un amigo puede colar, pero pagar un dineral no (lo que cuesta ir al cine empieza a ser cosas de locos y no parece el mejor camino para que la industria cinematográfica pueda seguir adelante).
El guión es flojo. Todo se intenta solucionar con giros argumentales completamente ridículos. Por supuesto, la trama se cierra en falso con una idiotez. Los diálogos son explicativos por lo que los personajes quedan planos. No se sabe casi nada acerca de ellos y no interesan en absoluto. No están perfilados en ningún caso. Si alguno de ellos fuera cambiado por cualquier otro, no pasaría nada. Y eso al narrar es algo que destroza cualquier relato. Por supuesto, ni una sola frase merece la pena, ni una idea, ni nada de nada. Boaz Yakin, Ed Solomon y Edward Ricourt logran una estafa perfecta y carente del más mínimo interés desde muy pronto.
La dirección de Louis Leterrier es completamente desquiciante. Arranca con cierto brillo, con cierta elegancia, para quedarse sin ideas con las que defender la propuesta. Y toma la peor de las decisiones: mueve la cámara con un frenesí apabullante para tapar los defectos. eso convierte el trabajo en una locura imposible. A los actores no les saca ni lo mejor ni lo peor. Tan sólo los coloca delante de la cámara (sería más exacto decir corriendo delante de la cámara para no quedar fuera de campo) y deja que la suerte y el marketing llene las salas de proyección mientras se pueda.
Melanie LaurentMichael Caine, Jesse Eisenberg, Woody Harrelson, Morgan Freeman, Mark Ruffallo, Isla Fisher y Dave Franco enfrentan su papel como pueden. Pero si el personaje no existe no hay nada que se pueda hacer. Actores, actrices y personajes son la misma cosa: nada.
Lo de la banda sonora merece un comentario aparte. Hacía mucho tiempo que un director no consentía una burla como la que se vive en esta película. La música intenta obligar al espectador, se entromete, en lugar de matizar prevalece y, además, no es de gran calidad. Es una cosa muy normalita colocada con el volumen a tope.
Un desastre que se olvida a los diez minutos. Por fortuna.
© Del Texto: Nirek Sabal


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