Casablanca: Sorprendente, pero Inevitable

Sorprendente pero inevitable, es una premisa del guion de cine. Pero, ¿eso qué es? Va de finales, en este caso concreto, el de Casablanca.
En diferentes clases de guion de cine, con distintos profesores y compañeros, siempre ha surgido esta cuestión y, se ha puesto Casablanca como ejemplo. Un The End, tiene que sorprender al espectador pero, al mismo tiempo, ser inevitable. Lo cual significa que, debe guardar relación con el devenir de la trama. Lo contrario, sería sacarse un as de la manga, sin venir a cuento. No es muy ortodoxo que digamos.
Este largometraje se centra en el conflicto de Rick, que deberá escoger entre el amor y la virtud: Su amor por Elsa y el deber de salvar a Laszlo (P. Henried), héroe de la resistencia.
Los profes siempre mantenían que, Casablanca, no podía terminar de otra manera. Ni mis compañeros ni yo, nos dábamos por vencidos y, todos planteábamos nuestras propuestas de final. Yo, poniéndome el mundo por montera, quería que Elsa (la Bergman) y Rick (Bogart), acabasen juntos a toda costa, sin tener en cuenta el posible destino de Laszlo.
Se me partía el corazón ver la mirada de la Bergman, momentos antes de coger esa avioneta. Y el pobre Rick ¡Menudo trago tan amargo! Detrás de su aspecto de tipo duro, con las solapas de la gabardina levantadas y, cigarro en boca, se escondía todo un sentimental. También estaba la niebla, añadiendo dramatismo a la escena.
¿Con qué derecho Laszlo iba a romper ese amor de película? Cuestión de matemáticas: Para que Laszlo, una persona, viviese feliz, Rick y Elsa, dos personas, debían separarse. El uno gana al dos. Pero, ¿dónde se ha visto eso? No me parece justo, que lo sepáis.
Laszlo, un hombre inteligente y valiente, tendría que darse cuenta de que, entre su mujer y el dueño del The Rick’s Bar, saltaban más que chispas. Alguien como él, acostumbrado al sacrificio, debería renunciar a su mujer, animándola a escapar con el hombre de su vida, Rick.
Rick y Elsa harían un poco de paripé, para finalmente, tomar juntitos la avioneta. Laszlo permanecería en Casablanca, iniciando una bonita amistad con el capitán francés Renault (H. Rains), con la amenaza del gobierno nazi planeando sobre su vida y, todo por mi culpa. Aquí hay algo que chirría.
Me rendí y me rindo, ante lo sorprendente, pero inevitable. Casablanca tiene uno de los finales más inolvidables del cine y, you must remember this. ¿Estáis de acuerdo conmigo? ¿Puedo pedir algo? No de beber, aún es pronto. Necesito un poco de música: Sam, tócamela otra vez.
© Del Texto: Mar Franco


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