Objetivo: La Casa Blanca – Grite usted USA USA USA

Izar la bandera de los Estados Unidos de América mientras se escucha un patriota y contundente discurso del presidente de ese país. Este es el que parece ser único fin de películas como esta; poder incluir una escena llena de patriotismo casposo al final de la película. Otra cosa no se me ocurre.
Objetivo: La Casa Blanca es una película de acción que narra como los coreanos (los del norte, los demonios sin escrúpulos, según los guionistas Creighton Rothenberger y Katrin Benedikt) atacan la Casa Blanca. Su plan es espectacular y el despliegue de armamento y personal monumental. El de los americanos lo es del mismo modo, pero reciben las derrotas una tras otra. Pero no pasa nada porque el que fue jefe de seguridad de la Casa Blanca logra llegar dentro del edificio para poner las cosas en su sitio. Mientras que Banning (así se llama esa especie de superhéroe) va matando sin piedad a los malos, rescata al hijo del presidente, es capaz de desconectar todos los sistemas nucleares y esas cosas, el pobre presidente y sus colaboradores tienen tiempo para demostrar su heroicidad. No sabría decir con exactitud cuantos muertos van quedando en el camino aunque de trescientos no baja. Más o menos los mismos tópicos que arrastra el guión.
Este tipo de películas ejercen un tremendo magnetismo sobre los espectadores. No dan tregua, no dejan pensar en nada que no sea el instante narrativo. Explosiones espectaculares, armas sofisticadas, peleas violentísimas. Todo hace que el ritmo sea extenuante. Pero de cine nada, pero nada de nada.
Objetivo: La Casa Blanca se sostiene sobre un guión muy endeble que intenta giros argumentales absurdos y deja cabos sueltos cada minuto. Por ejemplo, una de las líneas argumentales que mueven la acción desde el principio gira alrededor del hijo del presidente; si es capturado la cosa se pondrá imposible. Pues bien, es rescatado a tiempo, pero da lo mismo porque los malos consiguen su objetivo sin él; es decir, que lo del hijo era un truco para crear tensión y aumentar los minutos de la cinta. Y los guionistas cobraron hasta el último céntimo haciendo estas chapuzas. El director, Antoine Fuqua, intenta salir airoso moviendo la cámara con cuidado, pero eso es algo incompatible con este guión. Todo es histérico. Aaron Eckhart es el presidente, Gerard Butler es Mike Banning y Rick Yune es Kang (el malo malísismo). También histéricos entre tanto golpe repartido (por otros o por ellos mismos) y tanto disparo (si los muertos no bajan de trescientos, los disparos sobrepasan los cien mil). Morgan Freeman también actúa. Defiende un papel menor que no le causa el menor problema porque su personaje es plano e insignificante.
La película no es otra cosa que eso, que un exceso de violencia. Los diálogos son intrascendentes, las actuaciones mediocres, la fotografía muy normalita y el montaje facilón. Para pasar el rato puede colar. Para cualquier otra cosa mejor no intentarlo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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