La delicadeza: De lo vulgar no puede salir nada bueno

David Foenkinos guionista y director (junto a Stéphane Foenkinos) de La delicadeza, intenta lo que ya había hecho en su novela; intenta solventar la papeleta con dos o tres frases ingeniosas y un par de situaciones extraordinarias. La novela funcionó (inexplicablemente al ser un texto bastante vulgar), pero la película no terminó de prosperar en taquilla ni en los comentarios críticos como este que leen. Y es que un par de frases ingeniosas son eso y sólo eso; y es que una escena, sea cual sea, debe ser filmada con corrección (al menos) o no funciona ni a la de tres. Esa originalidad que trata de encontrar el realizador sólo aparece en el último plano secuencia de la película. La idea de Foenkinos, eso que quiere decir y encierra el sentido del trabajo, debería ser el eje de la película, pero no. Ni aparece ni se le espera tras el primer minuto de proyección. La propuesta se queda en nada ya que el riesgo asumido por el director es mínimo; se conforma con repetir a ver si cuela.
Foenkinos coloca frente a la cámara a Audrey Tautou, confía en una adaptación muy literaria de la novela y (supongo) reza todo lo que sabe. Eso es todo. Y eso no suele funcionar bien. Hacer películas de cine es más fácil que
conseguir milagros.
La película cuenta con una buena fotografía -a veces, el empeño por enseñar París como si fuese cosa nueva se hace pesado puesto que no aporta gran cosa a la trama- y con una banda sonora notable. Sin embargo, el movimiento de la cámara resulta insípido y no enseña nada que no supiéramos hace un siglo.
Audrey Tautou hace la que tiene que hacer. Y lo hace bien. Esta mujer tiene un talento especial con el que llena la pantalla aunque aparezca rascándose la nariz. Una pena tanto para tan poco. François Daimiens está correcto. Y el resto pintan poco.
La historia que se cuenta en La delicadeza está muy cercana a los territorios que tanto aburren cuando ya son conocidos y se repiten sin cesar. La delicadeza es eso aunque se disfrace con un muerto, con un sueco o con una bofetada de la empleada a su jefe. La delicadeza es una historia rosa chillón, una historia de chica conoce chico y cuando menos lo espera se enamora. Ni más ni menos. ¿Ya se lo saben? Pues eso es lo que hay.
Además, es inevitable pensar sobre el problema que plantea adaptar una novela para construir un guión de cine. No se escribe una cosa igual que la otra. Si el que adapta ese texto es el propio autor el problema se multiplica, todo se complica. Lo que le parece esencial al autor puede que sea lo más literario y, seguro, no querrá eliminarlo. Problema enorme. No puede encajarse una frase por maravillosa que sea en un guión porque parecerá una garrapata si no deja atrás el código novelesco. No se escribe como se habla. Ni se escribe del mismo modo cuando un actor dará vida a tu personaje. En cine la traducción de la realidad tiene su propio mecanismo.
Foenkinos escribió una novela que funcionó. Dirigió una película que no lo hizo. Debería sacar sus conclusiones.
© Del Texto: Nirek Sabal


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