Fast & Furious 6: Pim, pam, pum & catapom 6

Bueno, bueno, bueno. Salgo del cine con ganas de coger un coche y estamparlo contra un muro, saltar con él desde un puente muy alto o declarar la guerra a Corea del Norte. Porque no pasa nada. Todo es posible. Si eres calvo o guapo o estás cachas o eres tonto de remate, cualquier cosa que te propongas es posible. Después de ver la peor película del año (sin miedo a equivocarme digo esto e, incluso, afirmo que deberían detener de inmediato al director, al productor y al reparto enterito, por tirar el dinero de forma criminal), decía que después de ver la peor película del año, pienso en la cantidad de dinero que se malgasta en el mundo del cine. Y me resulta insoportable.
Justin Lin vuelve a la carga con otra entrega de Fast & Furious. Es la sexta. No dirigirá la siguiente, afortunadamente. Aunque lo más sano para la humanidad es que no hubiera más. El guión está escrito por Chris Morgan. Este señor repite, también. Desconozco que es lo que puede gustar de semejante bodrio aunque el caso es que la película funciona muy bien en taquilla. Habrá que pensar que al ser humano le gusta eso de lanzarse con un automóvil contra un carro de combate, conducir a velocidades improbables o ser perseguido por la policía del mundo entero. No voy a entrar a valorar gustos, pero si hablamos de cine esto es una estafa, un trabajo menos que mediocre.
El argumento arrastra asuntos de entregas anteriores aunque la película se puede ver sin saber dónde tienes la mano izquierda. Es tal el disparate que sólo cuenta el ruido de los motores, los golpes entre unos y otros (con vehículo o a puñetazos) y nada más. Encontrar una frase de diálogo que merezca la pena es tan imposible como lo que se cuenta en este trabajo del señor Lin. El trabajo de los actores y actrices (si es que se les puede llamar así) se reduce a poner cara de duros, a enseñar biceps en tensión y a evitar que se les note que están sonados.
Algunas escenas son una calamidad. Por ejemplo, ver un carro de combate de no sé cuantas toneladas corriendo a todo correr delante o detrás de automóviles rápidos y manejados por especialistas es desconcertante. Aquello no cuadra ni a la de tres. Pero, además, la cosa se desarrolla con saltos imposibles de los personajes, con contradicciones con la física más elemental. Espectacular, tanto como tonta, la escena. Y la final, en la que un avión tarda veinte minutos en despegar (qué pista de despegue tan larga, oiga) ocurren, sin exagerar, seis millones de cosas completamente ridículas. Yo no había visto una cosa igual en mi vida. Por cierto, y como cualquier aficionado al cine habrá intuido, el montaje es lamentable. No se puede recrear ese despegue aunque se alternen escenas que ocurren al mismo tiempo (esa es la idea aunque ni se acerca al éxito) haciendo que la cosa se extienda durante veinte minutos.
No soy de los que critican a otros por ver un tipo de cine u otro. De hecho me parece muy bien que la gente se mate por una entrada de cine siendo la película esta u otra parecida. Eso no es motivo de crítica. Pero que haya profesionales dedicados a sacar músculo (como los protagonistas) con escenas trepidantes y dejen vacío el trabajo me parece lamentable. ¿No podrían hacer un esfuerzo y escribir un guión con un poquito, sólo un poquito, de sentido?
Si le gusta el cine evite este desastre. Si le gusta el mundo del motor o el de los músculos y la testosterona, no se la pierdan.
© Del Texto: Federico de Vargas y Expósito


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