The Purge (La noche de las bestias): Un presupuesto para un mediocre

Será difícil que una idea tan prometedora como esta se desaproveche de forma tan triste. The Purge: La noche de las bestias presenta, en su arranque, todos los ingredientes precisos para que se pueda narrar algo importante. Pero James DeMonaco decide que no, que es mejor no arriesgar quedándose en esa zona en la que el gran público traga con cualquier cosa entretenida y compra después el producto en formato casero.
Del mismo modo que la idea es estupenda, el guión es nefasto, facilón y previsible. Ni uno de los personajes, ni uno solo de ellos, muestra cierta profundidad para que crezca por poco que sea. Y sin personaje no hay nada que hacer. Todo se reduce a intentar provocar la tensión en el espectador a base de apariciones sorpresivas o, lo que es peor, desapariciones absurdas. Todo se reduce a eso y a un buen número de escenas violentas. Lo que podría haberse planteado como una verdadera crítica social y del sistema capitalista, se queda en una caricatura sin pizca de gracia en la que los actores y actrices corren delante de la cámara, lloriquean, ponen cara de seres crueles y poco más.
Si tuviéramos que valorar la dirección actoral de DeMonaco teniendo en cuenta el trabajo de Max Burkholder podríamos jubilar al realizador hoy mismo. Es verdad que Max es joven, tan verdad como que debería pensar en otra cosa que no sea esto del cine. Horrendo el muchacho y horrendo el trabajo del director incapaz de sacar un poquito de semejante marmolillo. Ethan Hawke justito y Lena Headey lo mismo. Ambos algo atacados y tendentes al hitrionismo. Es decir, que el señor DeMonaco hace un trabajo muy flojo con los actores. Igual se tiene que pensar lo de la jubilación
Es triste que presupuestos tan elevados caigan en manos de mediocres. Si DeMonaco se dedicase a mover la cámara o a decir a los actores lo que tienen que hacer (acudiendo a un curso previamente, claro), tal vez se ganase algo. Por ejemplo, dejaría que un buen guionista desarrollase sus ideas sin desgraciarlas como él mismo hace. No es lo mismo escribir un guión que planificar una escena. Y son muy pocos los que hacen esas dos cosas bien y para el mismo trabajo. No hace falta decir que este hombre no está en la lista.
La ciencia ficción es un género en el que no todo cabe. Hay quien cree que la fantasía o la ciencia ficción es esa zona narrativa en la que uno tiene una idea, la inserta y puede jugar con ella a las casitas porque, total, esto pasa en el futuro, en un sitio extraño y puede hacer lo que me dé la gana. Sin embargo, la credibilidad es un factor intrínseco a todo tipo de relato. Otra cosa es que lo que se cuenta esté, más o menos, pegado a la realidad, a eso que llamamos verdad. Lo que sucede en The Purge: La noche de las bestias es creíble en su comienzo. Completamente. Ahora bien, a medida que la trama avanza, a medida que suceden cosas a los personajes, todo cruza la frontera de lo creíble. La película pasa a ser estúpidamente real. Y se produce una paradoja. Como estamos viendo ciencia ficción, convertir el trabajo en algo cercano a lo más estúpido de la realidad causa un efecto devastador. Una pena de dinero lo que ha tirado por la ventana este DeMonaco. Y los espectadores al pagar la entrada. Con lo que cuesta ganarlo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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