No: La emoción de todos

Del mismo modo que miramos un álbum de fotografías para recordar y emocionarnos, el cine debería servir para recordar, imaginar y emocionar. El espectáculo es eso, emoción. El espectáculo es eso: algo que se integra en nuestra experiencia y podemos hacer nuestro. El cine es eso y no debe perder la esencia para poder seguir siéndolo.
No, la película realizada por Pablo Larrain en 2012, es un excelente retrato de un momento histórico lleno de complejidades, de peligros y de posibilidades para el pueblo chileno. Larrain opta por narrar las cosas intentando no posicionarse, tomando distancia para dejar un hueco al espectador que tendrá que decidir por sí mismo ante una doble moral repugnante, ante la división social de un país, ante lo que supone el poder de los medios de comunicación y la duda que genera el saber que bien podría ser una cosa u otra dependiendo de técnicas de marketing estando todo alejado de las ideologías. Larrain intenta engarzar, y lo consigue con gran éxito, la ficción con la realidad grabada y archivada; utiliza en la ficción personajes que en la realidad tuvieron gran protagonismo (con más canas les coloca ante una situación ya vivida y moviendo la cámara nos lleva hasta un monitor en el que ya se ve la imagen de archivo con el mismo personaje, más joven); inserta mucho del material que se utilizó en las campañas pidiendo el voto en aquel plebiscito; también de las situaciones más interesantes que se vivieron. Pero, además, soporta el trabajo sobre un guión bien trabajado, cuidado y salpicado de ironía. Pedro Peirano, el guionista, consigue un trabajo muy compensado, brillante en los momentos de mayor tensión.
Larrain, por su parte, mueve la cámara con ímpetu y no duda en probar todo tipo de encuadres y recursos dependiendo de lo que sus personajes y la acción demandan. A la vez, coloca a sus actores y los mueve con acierto. Muy bien dirigidos, Gael García Bernal está impecable y Alfredo Castro, defendiendo un papel algo menor, lo mismo.
Destaca la fotografía de Sergio Armtrong tendente al mate, muy filtrada. El clima que consigue es inquietante, sobrio y alejado de una belleza innecesaria.
Las películas en las que se tratan asuntos tan delicados pueden convertirse en un panfleto infumable. No es el caso. Todo va fluyendo en No de forma natural y el espectador encuentra justificación a todo lo que va viendo.
Pero una característica hace enorme la película por encima de interpretaciones o cuestiones técnicas. La emoción se respira, la esperanza flota en cada escena y nos lo llevamos puesto a casa después de ver los créditos (muy divertidos y originales, por cierto). Conocemos qué es lo que pasó, pero nos conmociona y nos emociona.
Buen trabajo. Muy buen trabajo.
©Del Texto: Nirek Sabal


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