Smashed: El recipiente vacío

Vivir con honestidad, sin arrimarse a cualquier tipo de mentira o truco que convierta el mundo en algo aparentemente fácil; es muy difícil y causa gran fatiga. Las drogas, incluido el alcohol, son atajos que sirven para que algunos crean durante un tiempo que el mundo se rinde a sus pies o que el entorno es muy distinto a lo que es. La vida es dura y aburrida cuando se inunda de rutinas molestas o de problemas que nos impiden ser felices. No parece todo esto que digo un gran descubrimiento ni nada que no se haya dicho un millón y medio de veces.
El realizador James Ponsoldt elige un alcoholismo descontrolado y lesivo para contar una historia que sabemos cómo comienza y cómo acaba desde las dos primeras escenas. Un matrimonio formado por una pareja de jóvenes, grandes cantidades de alcohol, el peligro de nuevas drogas y un entorno hostil que evita la recuperación, son los ingredientes fundamentales de un flojo guión que se centra más en lo que rodea el problema que en el propio problema. Ponsoldt mira más la historia de amor entre los jóvenes que la botella vacía. Y eso hace que todo quede en tierra de nadie. No quiere profundidades porque no sabe si quiere indagar o no, si quiere arriesgar o no. Ante esas dudas, el resultado final es soso y prescindible. En cualquier caso, decepcionante. Lo único que se establece desde el primer minuto es un estado de desasosiego e imposibilidad de regreso a la normalidad. Lo que ya sabíamos.
Leaving Las Vegas o Días de vino y rosas ya contaron estas cosas. Bastante mejor, por cierto. Smashed no aporta nada nuevo.
Lo único que se puede rescatar es un excelente trabajo de Mary Elizabeth Winstead interpretando a Kate. Natural, creíble y bella. Muy convencida de lo que hace. Aaron Paul cumple bien encarnado su personaje.
Parece imperdonable pisar territorios tan delicados con la sosería con la que lo hace James Ponsoldt. Si lo intentas debes arriesgar. Como siempre ocurre, es el guión lo que hace aguas por los cuatro costado y por donde la película se convierte en un recipiente vacío. Sin guión no hay personajes; y sin personajes no hay nada que pueda interesar de un relato. Pero, claro, no hay nada más cómodo que un guión facilón.
© Del Texto Nirek Sabal


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