El cuerpo: Atar cabos para tener un cabo enorme

En cine o en literatura, nos encontramos con novelas o guiones que tratan de sobrevivir con giros argumentales improbables o increíbles. Naturalmente, el relato o la película que no está instalado sobre una trama sólida o unos personajes bien construidos y desarrollados, no sobrevive con estos intentos desesperados por encontrar una salida digna. Hace falta algo más.
Por otra parte, un guión que deja atados todos los cabos no es, necesariamente, más creíble que otros. Atar cabos, ordenar todo para que encaje, está muy bien; pero si lo que ensamblamos son disparates o tonterías, el resultado final es un enorme disparate o una tontería inmensa.
El cuerpo es una película en la que el realizador y guionista Oriol Paulo procura dejar las cosas en su sitio sin tener en cuenta qué son esas cosas que maneja. Además, los personajes que presenta van de lo superficial a lo prescindible. Si sumamos una dirección actoral espantosa, en la que los actores y actrices terminan ofreciendo un recital de gestos insulsos, el resultado es muy flojo. Casi tedioso en su desarrollo, con un arranque prometedor hacia ninguna parte y un desenlace que resulta estúpido cuando trata de ser una explosión de creatividad narrativa. Y todo gracias a la cantidad de lagunas que nos encontramos en el camino. Para ser más exactos, lodazales que no pueden disimularse con facilidad.
Oriol Paulo monta la película queriendo convertir los flashbacks en fundamentales. Lo que consigue, sin embargo, es ser repetitivo hasta la extenuación. Conocemos que la situación es una y nos la repiten sin saber la razón por la que hacen algo tan aburrido e innecesario. De este modo, el metraje se le antoja excesivo a cualquiera. En noventa minutos o algo menos se puede contar lo mismo. Igual de reiterativa es la banda sonora. Reiterativa y algo violenta con el espectador ya que parece querer obligar a estar en tensión o a sufrir de lo lindo con lo que se ve en pantalla; algo que se debe intentar por otros medios, lógicamente.
José Coronado no pasa del aprobado esta vez. Está muy mal dirigido. Del mismo modo que el guión está lleno de tópicos, su personaje y su actuación están plantados en lugares comunes y sobados. Lo peor de todo es que Coronado no es capaz de escapar de allí. Belén Rueda, desenvuelta y solvente, defiende un personaje absolutamente prescindible. Sin él se podría contar lo mismo. Hugo Silva parece estar dormido, tal lo esté. Y Aura Garrido algo verde.
Demasiadas vueltas sobre la misma cosa, excesivas molestias en minucias. Todo muy previsible incluido un final que se puede ver llegar desde mucho antes. El resultado roza la idea de estar ante una película farfullera, tramposa y sin fondo alguno.
Tendrá que ser en otra ocasión.
© Del Texto: Nirek Sabal


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