El gran Gatsby: Otro que no se entera de nada

Interpretar un texto literario es muy difícil. Encontrar la clave de una lectura correcta no está al alcance de cualquiera cuando la novela o el relato es complejo; pero, si además, el lector no se hace preguntas sobre lo que le van diciendo, la cosa se antoja imposible.
No sabemos si el realizador Baz Luhrmann lee mucho, poco, bien o regular. Lo que sí se puede afirmar, sin posible error, es que de la novela de F. Scott Fitzgerald no se ha enterado. De nada. Tal vez se la contó un amigo, tomó nota en una servilleta y escribió un guión o lo que creía él que podría serlo. No se puede estar más alejado del texto original. Con media docena de frases textuales (que no son ni mucho menos las de mayor relevancia), con todo lo superficial del texto; con eso es con lo que ha trabajado el señor Luhrmann. Bueno, y potenciando la figura del narrador (un narrador que no tiene nada que ver con el del relato) aunque todo indica que lo hace sin saber la razón por la que hay que hacerlo. Debe ser que alguien le dijo oye, Baz, el secreto está en el narrador y él lo potenció. No hace falta decir que, con estos mimbres, la propuesta es aburrida, extravagante en todos los sentidos y vacía.
Es verdad que F. Scott Fitzgerald habla de la imposibilidad de recuperar el pasado, eso que pudimos ser y va quedando, poco a poco, en un lugar inalcanzable. Es verdad y a eso se agarra el director y guionista como si fuera lo único que se encuentra en el universo de Gatsby. También es verdad que Fitzgerald dibuja una sociedad frívola y alocada. También se agarra Luhrmann a ello. Pero lo hace para entregar un alarde estúpido, un ejercicio que suspende desde el principio. Porque la esencia de El gran Gatsby es otra bien distinta. La cosa no va de fiestas y sólo de fiestas; no va del pasado como algo inalcanzable y sólo de eso. De ser así, la novela sería un tostón.
Efectivamente, la figura del narrador, de Nick, es fundamental. Pero ¿por qué? ¿Por qué esa fascinación por Gatsby? ¿Por qué Nick escribe una novela para contarnos todo esto? Según Luhrmann porque se lo prescribe un médico. ¡Y se queda tan ancho! No es que este hombre se distancie de la novela para poder hacer cine; es que este hombre desgracia el texto por completo y, además, no hace cine.
La puesta en escena es exagerada, la cámara parece estar en manos de un histérico dando carreras de un lado a otro, la banda sonora no puede estar peor elegida (es uno de los peores experimentos que recuerdo). Todo se desliza hasta el ridículo. Entre bostezo y bostezo, eso sí.
Se libran los actores que muestran cierto empeño por sacar el proyecto adelante. Leonardo DiCaprio defiende el papel principal. El de Jay Gatsby. No pasa de estar correcto aunque, dentro del conjunto, se agradece su decencia. Si intentó salir corriendo del plató no se nota. De todos modos, hay actores que encajarían mejor con el Gatsby de Fitzgerald. No pasa nada, en cualquier caso, el Gatsby de esta película no es el del autor. Tobey Maguire se esfuerza mucho, muchísimo. Su trabajo es notable. Carey Mulligan (muy bien fotografiada por Simon Duggan) sale airosa del empeño. Bien de expresión corporal, bien contenida, bien en todo.
Una decepción enorme. ¿Cuándo alguien leerá bien esta novela y dejará a un lado la idiotez antes de hacer una película?
La única forma de entender esta obra reside en la voz narrativa. Y, concretamente, se percibe en la fiesta a la que asiste Nick junto al marido de Daisy. Allí se encuentra con un fotógrafo. Este tiene en la mejilla restos de espuma de afeitar. Nick que la quita con su pulgar mientras el tipo duerme. En esta película, podría haber metido el dedo en un enchufe y hubiera dado lo mismo. Pero en la novela es el momento en que descubrimos lo que está por debajo del propio texto. Nada más y nada menos que la condición sexual de Nick. Algo que marca, definitivamente, la narración; que nos hace ver a los personajes desde un punto de vista novedoso, interesante, profundo. Pero Baz Luhrmann (y todos los directores anteriores) no ven nada. Así es imposible.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.