El artista y la modelo: Aprender a mirar

Mirar una obra de arte. Intuir, conocer, entender, disfrutar. No es fácil. Una obra de arte es lo más parecido a una persona; se puede ver y tocar y oler, pero hay una zona que no es posible aprehender si no se entiende el proceso por el que esa obra o esa persona está ahí.
Fernando Trueba es un cineasta refinado en sus formas, sensible e inteligente. Pero, sobre todo, es un hombre que deja en cada una de sus obras un mensaje esencial: su amor por el cine, por la música, por cualquier manifestación artística que merezca la pena.
El artista y la modelo habla de un escultor (seguramente Aristide Maillol), de la modelo que posó para él (seguramente Dina Viernyl), de la relación que se va estableciendo entre ambos, de cómo la modelo se introduce en el mundo del artista, de cómo comienza y cómo no acaba nunca el proceso de creación. Es una película extraordinaria, que debe verse como el proceso cretivo que envuelve al artista protagonista. Ni Trueba parece que tuvo prisa por escribir el guión o rodar la película, ni el espectador debe tener prisa por recibirla. Todo lleva su tiempo, todo debe degustarse si de arte se trata.
Trueba presenta la cinta en blanco y negro, rodada en fransés y español, soportada sobre un guión cuidado y cuidadoso (todo encaja en lo verosímil, todo toma profundidad en cada frase, en cada explicación que el artista hace), sobre una fotografía excelente de Daniel Vilar que juega con la luz de forma primorosa.
La dirección de Trueba con los actores es sobresaliente. Jean Rochefort resulta creíble, arrollador desde la calma, hipnótico. Aida Folch impactante y bella, muy aplicada en su papel. Claudia Cardinale estupenda igual que Chus Lampreave. Trueba vuelve a dar una lección en este sentido.
El guión es magnífico. Acogedor, atractivo, sugerente. La trama no es de una potencia excesiva aunque no es necesario. En esta película se trata de mirar, de entender, de disfrutar con las imágenes y los conceptos que se van desarrollando. Es una película lenta porque no puede ser de otra forma. Hay que parar en cada detalle, en cada forma, en cada palabra. Recuerda, en cierta medida a El sol del membrillo. Aun siendo otra cosa, ambos trabajos se mueven en zonas parecidas y del mismo modo. Ambas son excelentes.
Carece de banda sonora. Sólo al final escuchamos la novena de Mahler, lo que hace que la cinta ocupe un momento único en el universo del espectador que regresa a la zona de la realidad con un poso duradero e imborrable.
Un aspecto muy interesante de El artista y la modelo es la relación entre los personajes encajados en un mundo creado con cuidadoso detalle. Entre todos ellos. Por ejemplo, la frialdad con la que se reciben artista y modelo para evolucionar alrededor de la escultura hasta la calidez; la familiaridad con que la sirvienta recibe a la modelo creyendo que no es posible cambiar y cómo esta relación se difumina mientras el personaje crece sin pausa; la relación entre el artista y su mujer que se sustenta sobre la necesidad de crear de uno y una vida entregada para que eso suceda de la otra. En definitiva, un universo en el que los personajes avanzan; un universo amenazante (1943, Francia); bello, pero hostil, esperando su turno. Un espacio que funciona del mismo modo que lo hacen el resto de personajes.
Excelente trabajo de Fernando Trueba. Tal vez lo más personal e íntimo que ha dejado ver hasta ahora. No dejen de echar un vistazo a la cinta. Les encantará.
© Del Texto: Nirek Sabal


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