El chef, la receta de la felicidad: Opereta sin peso

La propuesta del realizador Daniel Cohen; que firma, también, el guión de El chef, la receta de la felicidad; es muy simple: mire la pantalla y relájese, se trata de pasar un rato agradable. Así de sencilla. Aunque estas cosas tan simples, incluso estas, deben conseguirse. El que quiere hacer una película profunda debe echar toda la carne en el asador. El que quiere conseguir entretener y poco más debe echar toda la carne en el asador. Otro tipo de carne, otros condimentos, pero todo lo necesario sin faltar nada. Ya que la cosa va de recetas, hay que decir que a la de Daniel Cohen le faltan cosas o que, al menos, las cantidades están equivocadas.
La excusa de repasar los excesos y ridiculeces de la Nouvelle Cuissine no está mal aunque no basta con intentar chistes o situaciones algo desastrosas. Se necesita una dosis mínima de inteligencia y algo de elegancia, unos personajes con cierto empaque que no se reduzcan a la oportunidad de que los actores se paseen por la pantalla. Sin una pizca de sal en los diálogos no funciona nada. Y esa sal no llega de poner caras graciosas al decir cualquier frasecilla ingeniosa (¿?). La sal se encuentra en las palabras utilizadas. En El chef, la receta de la felicidad no está. Ya les digo yo que no se encuentra por ningún sitio.
La cinta trata de ser una comedia ligera y se queda en una especie de opereta sin gracia ni peso. La baza de colocar como protagonista a Jean Reno (que no se defiende mal en la comedia, pero que nadie podría explicar qué pinta en este trabajo) no sale del todo bien. Parece que quiera hacer su trabajo, cobrar y salir corriendo. Aunque lo peor es colocar a su lado a Michaël Youn. Histriónico y fuera de control. Recuerda mucho este actor a los españoles que repetían, película tras película, en los años 70, 80 y 90. Un Fernando Esteso con bonito acento francés. Santiago Segura hace una aparición que coincide con lo peor de la cinta. Ya nos explicará alguien a qué venía esto. Incomprensible del todo.
La película es previsible desde el primer momento. Es cierto que, en este tipo de películas, eso no importa demasiado, pero un poquito, sólo un poquito de tensión narrativa no está mal. La sensación que deja El chef, la receta de la felicidad es la misma que deja cualquier película de esas que nos endosan los domingos por la tarde en la televisión. Les voy a recomendar que vean (mucho mejor) Ratatoille. Va de fogones y es mucho más película. Donde va a parar.
© Del Texto: Nirek Sabal


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