Hanna: Alicia en el país de las nikitas

Antes de hablar de cine, conviene dejar claro lo limitados que son algunos guionistas, así como los realizadores que aceptan guiones patéticos, y lo mal informados que están unos y otros.
Imaginemos. Una niña vive, desde siempre, aislada en un punto lejano de la civilización. Se sorprende si ve un avión. Pero un par de días después ya navega por internet sin que nadie le enseñe, como por arte de birli birloque. Enciende la luz eléctrica y casi sufre un desmayo por la impresión que le causa, pero es capaz de utilizar el servicio de correos de un país desconocido como si lo hubiera inventado ella misma. Su padre, porque tiene padre y todo, se lanza al mar y comienza a nadar hasta llegar a una costa cualquiera para eliminar a los malos. Como todo el mundo sabe, los padres pueden nadar en aguas heladas y sin protección, tanto como sea necesario. Mientras papá nada, la niña conoce mundo. Se agarra a un vehículo militar desde el suelo (el vehículo avanza a una velocidad más que considerable, pero ese detalle lo dejamos pasar) y, poco a poco, vehículo a vehículo, llega a España. Allí conoce a un muchacho muy español que invita a salir a nuestra protagonista. ¿Dónde van? Pues claro, a un poblado gitano lleno hasta los topes de guitarras, de flamencas y de mierda. Lo que suelen hacer los chicos en España, claro que sí. Podría continuar señalando idioteces, clichés estúpidos y cosas parecidas, pero me aburro con estos asuntos. El caso es que una niña que ha vivido en una cabaña aislada en algún punto de Finlandia, que no conoce nada más allá, no puede transitar a los quince minutos por Berlín como si fuera la ciudadana del año. Esto es algo que repela a cualquiera.
Hanna es todo esto y mucho más. El realizador Joe Wright intenta una propuesta que envuelve con violencia el tierno mundo infantil. Lo intenta y obtiene a cambio una castaña pilonga de gran tamaño. También lo intenta con la poética y el resultado es bochornoso. Un ejemplo: El personaje se va a meter en problemas, en uno de imposible solución. Pues nada, como tengo un parque de atracciones a mano, le hago entrar en un túnel oscuro que, lógicamente, se inicia con la cabeza de un lobo enorme. Impresionante.
La película queda como mezcla de muchas otras y arrastra los problemas (en forma de cliché) de todas ellas. Pienso en Bourne, en Species o en La joven del agua. Pero, sobre todo, en Nikita. Como Joe Wright agarra ese mundo infantil al que me refería, podemos decir que este paquete sería una Nikita en un mundo de las maravillas o al revés. Qué más da.
Saoirse Ronan, Eric Bana y Cate Blanchett hacen lo que pueden. Y no están mal. Las coreografías de las peleas las resuelven con cierta solvencia sin ser fáciles. Ni siquiera se duermen en medio de una escena que es lo que debería pasar en películas como estas. Debieron cobrar cantidades importantes.
La banda sonora se hace estridente en exceso y resulta casi extravagante. Los Chemical Brothers son una banda estupenda. Pero está mal encajada y conviene modificar los registros para no cansar al espectador. Si la intención era llamar la atención de los jóvenes, me temo que también han fracasado.
La fotografía sí tiene cosas buenas. Sobre todo al principio de la cinta en el que se intentan cosas muy interesantes con los filtros.
Y, ahora, la gran noticia. La protagonista cruza en ferry el estrecho de Gibraltar. Es decir, el realizador sabe dónde está España, la España cañí. Bravo, bravo, bravísimo. Y nuestro toro de Osborne aparece en pantalla. Bien, bien.
Ignorantes.
© Del Texto: Nirek Sabal


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