El doble del diablo (The Devil’s Double): Prendido con alfileres

Una de las reglas de oro que no hay que olvidar para poder contar historias es saber qué quieres decir. Esto podría parecer obvio, algo inevitable en cualquier caso. Sin embargo, no lo es. Unas veces por falta de ideas, otras por exceso de ellas; otras más, por desastres o deficiencias técnicas; el objetivo, que es claro, se queda lejos del trabajo del autor y no hay forma de acercarlo al lugar debido.
Eso pasa en El doble del diablo (The Devil’s double) del realizador Lee Tamahori. Tampoco es ninguna sorpresa tratándose de este hombre. Cada, toma, cada escena, se queda en tierra de nadie o, lo que es igual, en la superficie. En la de los personajes, en la de las relaciones de estos, en la de la crítica social, en la de la propia historia. Nada se agarra y se disecciona. Nada. La cosa queda en peliculilla de acción con una buena interpretación del actor principal y poco más. Porque Dominic Cooper lo hace bien y le echa una buena dosis de entusiasmo. El guión hace aguas en sus diálogos y en sus elipsis exageradas que terminan centrando todo en la vida sexual de Uday Hussein (hijo del dictador iraquí). Todo queda prendido con alfileres. Tal vez la primera parte de la película pudiera salvarse del suspenso, pero la segunda es tan desastrosa que tira por tierra lo logrado. Vamos de lo entretenido a lo cutre, a lo desastroso.
La banda sonora no está mal aunque resulta algo repetitiva. Se libra por los pelos. Igual que los efectos especiales. Justitos aunque aprobados.
Además de todo esto, es destacable que durante un momento concreto, todo se desliza hacia la mala caricatura y lo que trata de ser un drama horrible, se convierte en un circo descontrolado. Mucho gemelo, mucha acción que de extravagante parece un chiste.
Tamahori intercala imágenes reales que tratan de ilustrar el momento histórico. Creo yo que busca más decir al espectador que está ante la historia real de Latif Yahia para que se trague todo sin poner pegas. Se intenta apoyar en algo que nunca termina de funcionar salvo que el trabajo sea bueno. El que es malo no se arregla con cuatro imágenes de telediario.
Prescindible. Una posibilidad como otra cualquiera para cubrir una tarde aburrida de domingo. Eso sí, si tiene algo mejor que hacer, ni se lo piense. Ya tendrá tiempo de perder el tiempo con El doble del diablo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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