La caza (Jagten): La duda histérica


Una vez sembrada la duda es muy difícil que las cosas vuelvan a ser como antes. Aglutinar esfuerzos y gentes alrededor de la verdad es muy complicado. Hacerlo teniendo la maledicencia, la histeria colectiva o la duda como soporte es muy sencillo, duradero y convincente. El ser humano podría pensar que un tipo con cara seria, las uñas sucias y los pantalones mugrientos, es un asesino en serie. En cuanto tuviera un pequeño indicio en el que apoyarse lo haría. Pero es muy improbable que viendo a un tipo pulcramente vestido, sonriente y con alas a la espalda, afirme que es un ángel.
La duda arrasa con todo y todos los que se pongan por delante.
La caza o Jagten o The Hunt, como prefieran, es el último trabajo de Thomas Vinterberg. Una película que utiliza la duda como motor argumental y sobre la que se articula toda la trama. En esto se parece mucho a la película de John Patrick Shanley, Doubt.
Con un ritmo lento y en el que cada detalle toma relevancia, Vitenberg cuenta cómo un profesor de niños muy pequeños es acusado de abusar, primero de una cría, después de medio mundo. Todo comienza con lo que la niña calificará de tontería. Pero, una vez dicha,  ya nada puede parar la maquinaria brutal de una sociedad que funciona histérica ante cualquier peligro cierto o imaginado.

Introduce el realizador elementos más que interesantes. Quizás el más potente es el que llega desde la percepción de la realidad por parte de un niño. Si le sumamos la interpretación que hace un adulto de ese relato infantil tenemos como resultado un disparate, un peligroso disparate. Otra zona de interés que está presente durante la película es la terquedad que muestra el hombre al modificar una idea levantada sobre la postura común. En este territorio sobresale el aspecto más animal, más rabioso de los personajes frente a, por ejemplo, la dignidad, la compasión o la caridad.
Thomas Vinterberg no deja títere con cabeza en la sociedad que presenta. Y lo peor es que la esperanza desaparece con un final demoledor. Las dos últimas escenas son formidables.
La fotografía de Charlotte Bruus Christensen es preciosa. Busca los ocres con insistencia para que el relato funcione con fluidez y solvencia. Lo logra de sobra.
Mads Mikkelsen está estupendo. Es un actor poco expresivo, frío. Pero sabe aprovechar eso mismo para que las escenas más emotivas hagan saltar por los aires las barreras levantadas por el espectador. Bien, muy bien, la interpretación de este hombre. No será raro que vaya acumulando premios por su papel.
La tensión se instala en el espectador desde el principio. Todo se complica, la injusticia está servida. Aunque ¿qué haríamos nosotros sin la información de la que disponemos como observadores? La madeja se hace grande. Una madeja que nunca adelgaza ¿verdad?
© Del Texto: Nirek Sabal


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