Alacrán enamorado: Crochets para todos


El boxeo ha sido gran fuente de inspiración para escritores y directores cinematográficos. Tanto que, casi siempre, es raro encontrar elementos novedosos en lo que nos quieren contar de un tiempo a esta parte. Con Toro Salvaje ya quedó todo dicho. El mundo negruzco, duro, sucio y desolador alrededor del cuadrilátero ya se ha relatado con detalle y de todas las formas posibles. Al menos eso es lo que parece. Pero esto no debería causar problemas. Homero ya contó todo en su Iliada y su Odisea y, sin embargo, hemos seguido insistiendo sin descanso relatándonos la realidad.
Alacrán enamorado es una buena película. Más por el lenguaje cinematográfico que maneja el realizador Santiago A. Zannou que por el guión que hace aguas por todos los lados. La cámara de Zannou está siempre bien colocada y no busca preciosismos, ni lugares en los que pueda respirar otra cosa distinta de la narrada. Si bien es verdad que las escenas presentadas a cámara lenta no terminan de funcionar bien al buscar detalles ya implícitos en la imagen, y que son lugares comunes mil veces narrados; en general, la dirección de Zannou es vigorosa, correcta astuta e inteligente. Acompaña, de principio a fin, una cuidada fotografía de Juan Miguel Azpiroz que facilita mucho el trabajo.
Los problemas llegan desde el guión. El propio realizador y Carlos Bardem (autor de la novela que se adapta en este trabajo) se muestran irregulares al escribir; intentan aportar un contenido que sirve de relleno al suavizar la trama principal. Y esa es la zona conflictiva. Porque, por ejemplo, el personaje principal modifica su forma de entender sin tener que enamorarse, pero (no sé si por inseguridad de los guionistas, no sé si porque creen que los espectadores necesitan mucho para creer las cosas) se enamora mucho. Esta subtrama parece insertada a la fuerza sin que aporte gran cosa al sentido del relato. En el arte no todo lo que se añade suma.

La película es algo previsible y, casi desde el principio, sabemos que el camino es uno y sólo uno. Se intentan algunos giros argumentales que no terminan de cuajar resultando algo molestos.
Los personajes se perfilan bien. Este es uno de los logros importantes de Alacrán enamorado. El entorno aparece como uno más de ellos. En él se desarrollan los acontecimientos aunque su propia fisonomía provoca que las cosas ocurran. Los actores, lógicamente, ayudan en gran medida. En general, todos están bien aunque destacan Álex González, Carlos Bardem y Hovik Keuchkerian. Javier Bardem defiende un papel muy corto con intensidad. El resto se manejan bien delante de la cámara aunque sin grandes logros.
Tal vez, lo peor de todo, sea la falta de hondura al desarrollar la trama homófona. Parece que está llamada a ser lo que estructure el relato y, efectivamente, se intenta, pero la falta de profundidad y la cercanía al tópico lo deja todo en un intento muy superficial. Se afronta un asunto muy complejo y espinoso y la sensación del espectador puede ser que desembarque en la misma anécdota que de costumbre.
El mundo del boxeo se llena de golpes, de miserias, de trampas, de dolor, de fama pasajera. Se llena de ganchos y directos, de un buen juego de piernas, de pasión, de odios que te hacen perder la pelea. Por eso funciona tan bien en el cine; porque se parece mucho al resto del universo.
Zannou nos intenta dejar besando la lona con Alacrán enamorado. Logra una victoria a los puntos. Todo un éxito dadas las circunstancias y los paquetes (otro término pugilístico) que nos endosan en la cartelera. Aunque, a decir verdad, algún crochet se lleva puesto.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.