Oblivion: Un gasto indecente


Dice el director Joseph Kosinski que Oblivion es un homenaje al cine de ciencia ficción. Después de ver la película, hay que suponer que quiso decir que es un poquito de cada película de las que quiere homenajear; que se ha introducido el material en una coctelera para agitar muy fuerte y poder tirar el resultado frente a la cámara digital o dentro de un disco duro. Caiga como caiga la plasta obtenida.
Antes de realizar semejante operación, el señor Kosinski debió pensar que, como el papel protagonista lo iba a defender Tom Cruise, debía, al mismo tiempo, diseñar un trabajo a medida para el actor. Pero se le olvidó. Total, como al señor Cruise todo le cae bien, para qué pensar más de la cuenta. A lo mejor, lo del trabajo a medida fue impuesto por el actor y fue él quien arrojó el contenido de la coctelera para probar suerte. No lo sabemos. El caso es que el resultado es un trabajo previsible desde el principio, visto cien veces y soporífero incluso cuando la acción se acelera entre disparos de máquinas infernales.
Se libran, cómo no, del desastre, los efectos especiales, los visuales y los de sonido. Nada del otro mundo hoy en día.
El guión es espantoso. Lento, cansino; un intento de dosificar la información para alargar el metraje que termina siendo un reparto irregular que hace de la película una montaña rusa que siempre avanza hacia el ridículo. Una montaña rusa muy aburrida.
Los diálogos son vergonzosos. Creo que no hay una sola frase que merezca la atención. Ni una. Todo lo que se dice es superficial, vacío. Para decir algo inteligente, el guionista recurre a los clásicos romanos. Con esto está todo dicho.
Tom Cruise hace de Tom Cruise aunque en la película se hace llamar Jack Harper. Pero no se dejen engañar; es Tom Cruise. Le acompañan de cerca Olga Kurylenko y Andrea Riseborough. Discretitas. Todos están discretitos. Todo en esta película lo es.
La cosa va de un planeta Tierra destruido e imposible de habitar durante la guerra nuclear y la destrucción de la luna por parte de unos alienígenas malísimos. De eso, de la expoliación de la Tierra y del amor. Es decir, la cosa va de lo de siempre. ¡Anda, ahora que lo pienso Tom Cruise ya hizo de Tom Cruise en La guerra de los mundos. Y en esa también querían dejar el planeta hecho unos zorros! Debe ser una de las homenajeadas.
A los cinco minutos de proyección, ya se sabe lo que va a pasar. Lo peor es que eso y lo que pasó anteriormente y lo que está pasando no despierta el más mínimo interés. Nada interesa. Ni siquiera las batallitas y persecuciones resultan atractivas o divertidas. Cuando las máquinas asesinas aciertan cualquier blanco con una precisión pasmosa y no son capaces de atinar en un dedo o algo de Tom Cruise las batallitas resultan una ridiculez. Su personaje no es un mecánico. Es Dios, hombre. Omnipresente, onmipotente y omni lo que quieran. Es omnipatético, también.
La película es, sobre todo, un gasto indecente que no aporta nada. Ni a nadie ni a nada. Más de lo mismo. Resta a lo que es el cine de género aburriendo colosalmente.
Hacer cine no es ser habilidoso con el ordenador. El cine es otra cosa. Ya tenemos las consolas para ver aventurillas.
Una pena y una gran decepción.
¿Cuántas buenas películas podrían rodar los directores desconocidos y rebosantes de talento con el presupuesto de Oblivion? Muchas, ya se lo digo yo.
Esperen a verla en casa cuando se edite en formato doméstico. Al menos podrán levantarse tantas veces como quieran o descabezar un sueñecito sin peligro de perderse cosas.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.