Octopussy: Bond con andador

Que Roger Moore ha sido el peor James Bond de todos es algo que pocos se atreverán a discutir. Y que las películas protagonizadas por él (las de la saga 007) son entre pésimas y lastimosas tampoco es algo que se aleje en exceso de la verdad. Coincide la llegada a la serie de Moore con un giro de producción y en los guiones que consistió en dar un aire más juvenil y otro aire más irónico. El resultado es una ventisca llena de mal cine, llena de estupideces que nada tienen de juvenil y llena de un humor casposo propio de cualquier personaje añejo y soso. En 1983, cuando se estrena Octopussy, el nivel se eleva hasta límites asombrosos. Un 007 al que le falta un andador, una idiotez en el guión fuera de lo normal y unos diálogos lamentables. Alguien dijo que la película es entretenida y se deja ver. Pues no. Es un tostón y no hay quien, siendo seguidor de Bond y amante del cine, pueda mirar la pantalla sin ruborizarse.
Octopussy nace de la lectura de dos relatos breves firmados por Ian Fleming. Octopussy y Prperty of a lady. De ahí sale la primera idea que se mezcla con un guión que nada tiene que ver. Un refrito espantoso. Esta es la 13ª entrega de la serie y la sexta en la que aparece, por desgracia, Roger Moore. En ese momento, 1983, Indiana Jones se mueve con fuerza por las pantallas y se trata, con esta película, de emular las aventuras del héroe. Lógicamente, sin resultado alguno. Para que ustedes se hagan una idea, James Bond aparece gritando como Tarzán y se lanza de liana en liana. Pero, además, va de un lado a otro a caballo (¿recuerdan a Indiana?) tratando de parodiar las persecuciones propias de los westerms; y, si se trata de agua, se traslada dentro de un cocodrilo mecánico. Como remate, Bond se disfraza de payaso en un auténtico climax de patetismo (una excelente metáfora de la época Moore).
Con estos mimbres, John Glen hace lo que puede. Sin resultado positivo, tampoco. Vemos una persecución en la jungla india que está mal rodada, mal montada y mal rematada. Una constante en la película. Y es que cuando no hay de donde sacar es mejor dejarlo estar. Por otra parte, la credibilidad narrativa es nula. El circo femenino de Octopussy es, no solamente poco creíble, es un desastre interpretativo.
Los villanos, Louis Jordan y Kabir Bedi, no son mas que secundarios planos que si los cambiasen por otros distintos, sería lo mismo. Y las chicas Bond, Maud Adams (la única que repitió durante la serie) y Kristina Wayborn, son como floreros en la trama. Por cierto, Bond vuelve a ser el de La espía que me amó, en cuanto a su relación con la protagonista que queda reducida a una especie de caniche desvalido y necesitado de un amo protector.
Se salva del desastre la escena inicial en la que Bond escapa a bordo de un avión muy curioso y no está mal la escena final que se desarrolla en otro avión más convencional (esta vez es una pelea en el exterior de la nave y en pleno vuelo).
John Barry repite con la partitura. No está mal.
Desmontar un personaje con el carisma de James Bond ya parece una herejía. Hacerlo para convertirlo en un fantoche debería ser un delito con posibilidad de grandes penas. Porque hacer una mala película de aventuras, no tener gracia o querer ganar dinero ofreciendo un pastiche, tiene cierta justificación y lo han hecho muchos y muchas veces; pero hacer esto con un personaje como el de Fleming no tiene perdón alguno.
© Del Texto: Nirek Sabal


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