Los Croods (Una aventura pehistórica): El miedo al cambio desde el humor

Mientras seguimos a la espera de la secuela de Monstruos, S. A. o Lluvia de albóndigas, las pantallas de los cines se llenan con Los Croods. Una excelente película de animación.
Los Croods es el último trabajo de la factoría Dreamworks. La dirige Kirk de Micco. Y resulta ser una grata sorpresa se mire por donde se mire. Si bien es verdad que las moralejas del relato están algo manoseadas (la familia unida es fundamental; a pesar de todo, un padre es, siempre, un padre) la película es muy divertida, técnicamente impecable, colorista y original en el diseño de personajes y de un mundo que representa cualquier universo de cualquier tiempo pasado o por venir.
Es especialmente atractiva la idea que se desarrolla alrededor del miedo que el ser humano siempre sintió ante los cambios. Aferrarse a lo conocido aunque la supervivencia se haga imposible. En definitiva, el miedo del hombre a lo desconocido.
Pues bien, todo esto se presenta rodeado de un exquisito humor, de momentos locos que divierten a niños y a los adultos que los acompañan (los cines se llenan más de adultos que de niños para ver las películas de animación. Echen cuentas. Un niño por familia de media. Dos adultos acompañando).
Grug es el padre. Intenta mantener con vida a su familia valiéndose de la fuerza bruta, sin fuego, atemorizando a todos para que tengan que seguir las reglas establecidas que son, básicamente, salir a cazar y regresar a la caverna para no ser devorados. Un buen resumen de esto es cada cuento que Grug narra a su familia al encerrarse en la cueva. Por ejemplo, fulanito salió a pasear y muere, fulanita enseña una mano y muere, y así sucesivamente. Eep es la hija adolescente que se niega a que la vida consista en no morir. Piensa que, más bien, se trata de vivir. La relación entre padre e hija es la que articula la acción. Y, un buen día, aparece un muchacho (Guy) con una antorcha, buscando un mañana. A partir de este momento, todo se mueve, todo deja de ser lo que era.
La película tiene un ritmo narrativo extraordinario. No hay un solo minuto de relleno o, si quieren, de transición (en este tipo de películas se suele resolver con una canción insoportable o con un discurso de los personajes que no viene a cuento). La banda sonora se planta a la altura de la factura técnica de la cinta; es decir, es estupenda. El diseño de los personajes es espléndido y no hay una sola fisura en ellos ni en las relaciones que mantienen con los demás (la del padre con la suegra es, verdaderamente, hilarante). Estos personajes no son originales (esta es una película para niños y todo tiende al cliché que pueda ser bien entendido y asimilado), pero se desarrollan perfectamente. Los escenarios son espectaculares por su originalidad (esto sí lo es) y su colorido que llena de matices cada secuencia. Acción, humor y la dosis justa de romanticismo.
Bienvenida sea esta película.
© Del Texto: Nirek Sabal


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