Looper: Lío en el tiempo

Las películas que se soportan sobre viajes en el tiempo tienen unas complicaciones argumentales difíciles de resolver. El guionista que aborda una trama con el tiempo y su ruptura como base tiene la obligación de ser cuidadoso para cerrar el relato con cierta coherencia. Eso de los bucles en el tiempo tiene su complicación, su coherencia propia y rígida.
Pues bien, el realizador Rian Johnson es, también, el guionista de Looper. Y se hace un pequeño lío con algunas cosas.
Este tipo de películas pueden verse sin realizar preguntas. El espectador no termina de entender bien lo que le cuentan, pero pasa un rato agradable. Punto. Este tipo de películas pueden verse realizando preguntas. El espectador entiende todo con un esfuerzo mayor. Si el guión está bien armado (cosa muy poco probable) disfruta mucho más del espectáculo. Si no lo está, aquello comienza a ser una tortura y el enfado es notable. Los engaños siempre provocan este tipo de cosas.
Digo que Rian Johnson se hace un lío porque, de entrada, parte de una premisa que desmonta él mismo con el desarrollo de la acción. Se supone que en el futuro no se puede asesinar a nadie de forma impune. Y no es así. Una escena (no quiero desvelar contenidos) es clarísima en ese sentido. Alguien muere en ese futuro y no ocurre nada, lo que hace suponer que puede haber asesinatos. Entonces ¿por qué no acabar allí mismo con los Loopers y se termina el problema? Pues porque no habría película que contar. El realizador se pone esto por montera y nos intenta colocar una castaña disfrazada de no sé qué. Los loopers son los encargados de asesinar en el presente a los que no se puede asesinar en el futuro. Se plantean dos líneas temporales distintas y nada cuadra, todo se llena de lagunas inexplicables. En una de ella, Joe (el protagonista cuando es joven) hace cosas que impiden que Joe (el protagonista cuando es viejo) siga siendo lo que es y lo que fue. Y, en las dos, el bucle temporal queda sin resolver.
Aparte de estas cuestiones casi de lógica, Johnson comete errores de principiante como realizador. El narrador cuenta cosas que son materialmente imposible que conozca. En la escena final, el punto de vista es donde más aguas hace. Hay escenas en las que lo que ocurre y el ritmo narrativo se ven alterados de forma absurda. Joe (viejo) se lía a matar a malos por docenas, de pronto y sin que eso cuadre con el resto del trabajo. Se intenta profundizar en la psicología del personaje a través de unos planos que no aportan nada nuevo y dejan ese intento de aproximarse a la consciencia de Joe en pura anécdota. Y, lo peor de todo, es el momento en que Joe dice no querer hablar de esos bucles temporales porque ya está harto. Así, de este modo tan fácil, se escatima la información al espectador que busca explicaciones para algo que, sencillamente, es una chapuza de la que es mejor no hablar efectivamente. Más tosco no podía haber sido el señor Johnson.
Técnicamente la película está bien. Buena fotografía, buena puesta en escena, buenas interpretaciones de Bruce Willis y Joseph Gordon-Levitt, música adecuada. Pero cuando el guión falla la cosa se pone imposible. Aunque metas a niños peligrosos en escena o ranas que permiten llevarte a la cama a los héroes. Si ven la película ya entenderán lo que digo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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