Los amos del barrio: Ni risas, ni sonrisas

Cuando alguien acude al cine para ver una película espera encontrarse con lo esperado. Es decir, anunciamos una comedia y el espectador cree que reirá, anunciamos un musical y espera disfrutar de una trama soportada sobre música, canciones y coreografías. Esto es lo básico, es verdad, pero no deja de ser la expectativa primera. El espectador elige  o no las películas, entre otras cosas, por su estado de ánimo, por sus apetencias en un momento concreto. De este modo, si quieres ver una comedia, echas un vistazo a la cartelera para señalar una de ellas. Vas a la sala y esperas reirte, sonreír, pasar un momento agradable. En fin, quieres ver una comedia.
Los amos del barrio se anuncia como una película divertida, simpática, llena de posibles carcajadas. Es, en realidad, un tostón que no hace sonreír a nadie, una película que intenta fundir esa carcajada con un toque de horror (tampoco hay horror alguno) llegado del espacio exterior en forma de aliens. Esos aliens son una mofa a la inteligencia, sosos como el resto del trabajo. Un paquete de tomo y lomo. Todo sin excepción.
Ben Stiller dicen que es un todo terreno de la interpretación. Sin embargo, es más alguien que quiere hacer muchas cosas y no termina de hacer ninguna bien. Es un actor mediocre. Vince Vaughn intenta defender su papel, pero eso es casi imposible. Su personaje se pasa la película entera diciendo idioteces sin gracia alguna. Jonah Hill hace lo que puede con un personaje que es medio tonto y llevado al extremo para conseguir arrancar una risa que no llega. Lo de Richard Ayoade es el colmo de la sosería. Un auténtico marmolillo. Aparece en pantalla Rosemarie DeWitt en algunas escenas y nadie se explica para qué.
Pero si lo de los actores y sus personajes es un desastre, lo del guión es vergonzoso. No se puede acumular mayor número de memeces en tan poco tiempo y en el mismo libreto sin convertir el resultado en un monumento a lo que no debe ser.
La dirección de Akiva Schaffer es muy floja. Dedica sus esfuerzos a que todo fluya sin tener en cuenta que no hay nada que pueda hacerlo. Porque nada tiene sentido, porque todo se vacía por los cuatro costados al minuto y medio de proyección.
La película contó con un presupuesto altísimo que no se recuperó. Normal, no se puede usar el dinero para algo tan tonto como esto y quererlo vender como si se tratara de la película del año.
Los espectadores no son tan tontos como los personajes de Los amos del barrio. E intentar colocar una película sin esa premisa por delante no puede traer nada bueno. Tal vez sea la película en la que más dinero se han gastado por chiste malo de la historia del cine.
© Del Texto: Nirek Sabal


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