La senda: Fotocopias borrosas

Intentar dar gato por liebre suele terminar en conflicto. Si el timado se percata de estar siendo engañado, el timador puede salir huyendo sin dudarlo porque el escándalo puede ser grande.
Si esto del gato y la liebre te toca vivirlo en el cine, el escándalo se convierte en tedio y en una promesa firme de no volver a caer en la trampa de un autor que espera éxitos clamorosos. Los autores que lo esperan deben contar con que el público no es una manada de tontitos que tragan con lo que se les eche.
La Senda en una película deudora (mucho) de la película de Stanley Kubrick El Resplandor. Deudora y alejada. No pueden compararse por tratarse (La Senda) de una fotocopia burda. Es previsible desde el principio, pretenciosa y vacía.
Los diálogos son un insulto a la inteligencia. La información es tramposa y es, en realidad, una ocultación estúpida que sirve para que su director, Miguel Ángel Toledo (guionista junto a Juan Carlos Fresnadillo), intente jugar a ser realizador. Se apoya, además, en un montaje igual de tramposo y que trata de ser original cuando es un calco de otros que ya están más vistos que el tebeo.
La dirección actoral es penosa. Gustavo Salmerón se pasa la película entera dentro de un mismo registro que es soso y aburrido. Irene Visedo muy justita. Ariel Castro más soso todavía. Parece que se aburrían en cada toma, no hay un solo momento con chispa. Es como si estuviéramos viendo esos totems que hay en los aeropuertos para que aprendas a facturar sin ayuda de otros.
La música es exagerada y añade engaño intentando matizar imágenes que, por sí mismas, deberían funcionar sin agobios externos. La fotografía se libra del desastre aunque no es nada del otro mundo.
El guión hace de la película una tortura insoportable.
Un fiasco de los gordos.
La cosa va de una familia que viaja al campo nevado para pasar unos días. Raúl (Gustavo Salmerón) está como una chota. Ana (Irene Visedo) es la esposa y pasa de Raúl ampliamente. Samuel (Ariel Castro) es un vecino que tiene pinta de palmarla según aparece en pantalla. Nico es el hijo (Ricardo Trénor) Van haciendo cosas que demuestran lo loco que está uno, lo poco que se fía otra, el miedo y la desconfianza que reina en la casa de campo, lo poco que le queda a otro., el trauma del niño. Todo contado con lentitud, como dando una clase de buen cine que ya nos sabemos. Sin ritmo.
Está muy bien tener referencias a la hora de crear y, sobre todo, cuando empiezas. Pero no puede faltar la honestidad. Nadie puede querer colar un producto ya visto, sabido, contado. La Senda es una película floja. No pierdan el tiempo con ella. Mejor ver a Kubrick o cualquier otro clásico.
© Del Texto: Nirek Sabal


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