Operación Trueno (Thunderball): Los mismos mimbres

Si elegimos unos buenos mimbres para hacer una cesta es posible que consigamos una cesta preciosa. Si la deshacemos y utilizamos esos mismos mimbres para hacer otra cesta, tal vez, consigamos una cesta diferente aunque igual de preciosa. Pero no apreciaremos tanto el trabajo. Intentándolo, una y otra vez, lo que tendremos como resultado es una cesta que nos aburre por muy bonita que sea. Por otro lado, los mimbres se estropearían por el uso. Pues esto mismo pasa cuando con los mismos materiales narrativos tratamos de contar historias que tratan de ser originales.
Operación Trueno no es una mala película. Ni mucho menos. Contiene en su estructura todo lo que hizo famosa la saga de James Bond. Aunque, a pesar del altísimo presupuesto con el que se realizó, no terminó de funcionar del todo bien. Quizás por la repetición del formato, quizás porque la sensación es la de saberse la película de principio a fin, quizás porque la novedad era un fondo del mar repleto de buceadores repartiendo guantazos sin que se llegase a saber a quien había que aplaudir o llorar (los trajes que utilizan los buceadores impiden que sepamos si se trata de uno u otro personaje; a pesar de los colores la cosa se pone difícil).
Operación Trueno es la cuarta entrega de la saga. Se estrenó en 1965. Las tres anteriores habían resultado sorprendentes. Parecía necesario un argumento muy original para conseguir un gran resultado. La mejor idea fue rodar un cuarto de la película bajo el agua. Con ello la acción se hizo más lenta de lo deseado. Esa era la gran novedad y falló. El resto era muy parecido a lo ya visto.
Sean Connery es James Bond. Bien en su interpretación aunque algo arrogante (no Bond sino Connery). Misógino, irónico, valiente, inteligente. 007, vaya. Aunque el 007 del cine porque está algo alejado del personaje de las novelas de Ian Fleming. Las chicas Bond fueron Molly Barker (divertida), Luziana Paluzzi (sosa) y Claudine Auger (una de las mejores de toda la saga, por su belleza, por su trabajo notable y porque su personaje toma parte activamente de la trama siendo decisiva).
El villano interpretado por Adolfo Celi se queda a medio camino. Su confrontación con el agente británico no termina de cuajar. El guión no ayuda mucho a que eso ocurra cuando les hace aparecer en escenas juntos que más parecen trocitos de Love Story. En este sentido, hay que decir que resulta algo incomprensible la razón por la que uno no acaba con el otro mucho antes.
Bernard Lee repite como M., un jefe del MI6 que tiene que arreglárselas como puede en plena guerra fría. La colección de gadgets es, esta vez, muy extraordinaria. Bond huyendo con cohete a la espalda (por mar y aire), Bond ingiriendo cápsulas gracias a las que podrá ser rescatado allá donde esté, cacharros que sirven para hacer cosas improbables y su Austin Martin.
Además, la música de John Barry presenta una factura sobresaliente. Tom Jones interpretó el tema con el que se presentan los créditos Thunderball.
Todo igual o muy parecido a lo que ya había funcionado de maravilla. Pero una cesta es una cesta. Por lo que, si está fabricada con los mismos materiales, el problema debe estar en la forma. En este caso, el exceso de secuencias marinas, un malo no demasiado malo, excesiva confusión en los enfrentamientos violentos, lo original que se convierte en tópico, Connery sin estar a gran altura y una organización criminal (Spectre) de mercadillo en la que son más malos entre sí que con el resto.
A pesar de todo, Operación Trueno es una buena película. Si alguien la viese sin conocer el resto de la saga, seguramente, le gustaría mucho.
Ya sé que las comparaciones son de mal gusto, pero no puedo evitar hablar de esta película pensando en las tres joyas anteriores.
© Del Texto: Nirek Sabal


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