ene 27 2013

Hábleme de usted (Parlez-moi de vous): Una grata sorpresa

De forma inesperada, algunas veces en la vida nos encontramos con algo que nos sorprende, que nos conmociona. En las salas de cine (ahora, muchas veces frente a la pantalla del televisor o del ordenador) pasa más de una vez. Es por eso que las personas se aficionan y sienten la necesidad de ver películas. Perder el tiempo no le gusta a nadie. Si ese tiempo pasa y se aprovecha al mismo tiempo es mucho más gratificante. Y en el cine se viaja, se conocen personas nuevas, historias que siendo ajenas se convierten en propias. La magia del cine no es el 3D o unos efectos especiales deslumbrantes. La magia del cine reposa en el paso del tiempo convertido en experiencia vital.
Hábleme de usted es una película deliciosa. Dirigida por Pierre Pinaud, nos habla de la soledad, del olvido, de las posibilidades perdidas para siempre. Pero también hace un guiño al futuro incierto, a lo que una persona puede aspirar y que no es otra cosa que a ser auténtica, pase lo que pase.
Mélina es una locutora de radio. En su programa, los oyentes cuentan sus problemas y ella trata de dar solución a los mismos. La audiencia es altísima. Nadie conoce el aspecto de la mujer. Mélina tiene una historia que encajaría a la perfección en su programa, un pasado digno de ser contado. Y eso es lo que descubrirá el espectador a medida que la trama avance.
El personaje es estupendo. Maniática, distante, infeliz. Aplastada por su pasado; un pasado que no le permite vivir el presente ni plantearse el futuro. Está tan anclada a lo ocurrido que vive cómodamente instalada en el recuerdo como única realidad.Y es capaz de convertir cualquier experiencia reciente en un recuerdo lejano. Es un personaje repleto de conflictos internos y con su entorno.
Mélina es encarnada por Karin Viard. Estupendo el trabajo de esta actriz que sabe equilibrar el gran drama que interpreta con los puntos cómicos que van apareciendo. Nicolas Duvauchelle acompaña a la actriz. Algo más soso aunque suficiente.
La partitura original la firma Maïdl Roth. Extraordinaria, con gran presencia si es necesario y discreta cuando la acción lo exige. Pero siempre adornando, matizando. Música arrebatadora, elegante y envolvente.
Los encuadres que busca el director son un intento constante por dar sentido a la narración. Desde planos desenfocados hasta escenas largas de gran emoción. Todos buscan un significado, todos buscan ser una imagen que encierre un sentido necesario para entender el mundo interior de los personajes.
Una verdadera sorpresa. Grata, muy grata. Esperemos que las distribuidoras apuesten por ella. No pasaría nada si lo hicieran.
© Del Texto: Nirek Sabal


ene 27 2013

Anonymous: Lo cierto de la ficción

No se puede valorar una obra de ficción por lo y que tenga dentro que sea cierto. Podremos valorar el acierto del autor recreando una situación, un escenario. Vale. Pero si la trama no respeta lo histórico no pasa nada. Al contrario, hay que celebrarlo. Una obra de ficción no es un ensayo.
Si William Shakespeare escribió o no su obra es lo de menos. Es la obra lo que perdura y no su autor. Si alguien quiere jugar a las conjeturas y hace con ello una película no es malo. Lo malo es hacer una película mediocre.
Anonymous es una película que explota mucho y bien algunas cosas descuidando mucho otras. Eso le convierte en un trabajo que se queda a medio camino cuando todo era favorable para hacer una buena película. Roland Emmerich cuida al máximo la puesta en escena. Con ello consigue recrear un momento histórico y una ciudad de forma portentosa. Ayuda que la fotografía de Anna J. Foester sea tan cuidadosa y unos efectos visuales, francamente, buenos. Esta película es, en este sentido, espectacular por su detalle, por una presentación que nos arrastra al Londres de la Reina Isabel, de Shakespeare. Pero ¿para qué este espectáculo, por qué todo esto? Estas son las grandes dudas que asaltan al espectador cuando acaba la proyección. Una puesta en escena como esta sirve de poco si los personajes se dibujan con trazo grueso y no se entra en su psicología con cierta profundidad. Roland Emmerich (en manos del guión de John Orloff) pone a funcionar intrigas palaciegas, venganza, cierta violencia, unas gotas de sexo y celos; sobre la base del teatro. Todo quiere convertirlo en todas las comedias del autor inglés, de Shakespeare. Y eso hace que todo aparezca sin tener una importancia suficiente. Por ello los personajes aparecen más desdibujados que otra cosa.
El guión es mucho más flojo de lo que puede parecer. No ya por las incorrecciones históricas que incluye sino por la falta de acierto al repartir las frases importantes. Las mejores son las robadas a la obra de Shakespeare. El resto buscan más ligar una escena con otra para que exista una continuidad argumental. Pero, claro, sin personajes, esa continuidad da un aspecto a toda la historia de culebrón sin mucho sentido.
Tanto Rhys Ifans como Vanessa Redgrave están algo atacados al interpretar sus papeles. Él amanerado en exceso; ella sin contención alguna en escenas concretas (eso sí, muy bien caracterizada). Lo que sucede es que el resto del reparto está muy discretito y podría parecer que esta pareja está estupenda.
En la película lo que cuentan es que Shakespeare era un actor de segunda y casi analfabeto. Tiene la suerte de hacerse con fama gracias a la obra de un conde que no quiere ni puede aparecer como autor de esas comedias o tragedias. Sí es interesante esa lectura que hace Emmerich sobre lo que representa para un artista su forma de concebir e interpretar la realidad. No es la propia obra ni la fama lo que importa. El artista necesita sobrevivir rodeado de ese arte que le deja poco espacio. Los enredos, los amores, las traiciones o la venganza van dibujando a un número tan elevado de personajes que ninguno termina viéndose con claridad. Además, los flashbacks son frecuentes y molestos. No todos están justificados. Entre los diferentes escenarios, las diferentes subtramas, el gran número de personajes, las rupturas espacio-temporales y las intrigas, todo se queda en tierra de nadie.
Anonymous no es una mala película, pero no será recordada como una obra cumbre y necesaria. Demasiados errores para que eso sea así. Se deja ver. Curiosa y ya está.
© Del Texto: Nirek Sabal