Martha Marcy May Marlene: La importancia de un nombre

Estupenda, emocionante, desasosegadora, inquietante, tenebrosa. Cualquiera de estos calificativos van bien para definir la película de Sean Durkin. Martha Marcy May Marlene es una película muy bien contada, con una propuesta arriesgada que agarra al espectador desde el principio. Nada es ajeno, todo lo que va ocurriendo se termina enroscando sobre sí para tejer una tela de la que es difícil escapar.
El asunto es que la protagonista huye de un lugar atemorizada. Un lugar organizado y gobernado por un tipo magnético, oscuro; un tipo que sodomiza para purificar o mata como forma poética de entender las cosas. Este personaje lo interpreta un magnífico John Hawkes. Una de las escenas nos muestra cómo su personaje canta y toca la guitarra. Marcy’s song es el tema. Subyugante y capaz de hacer sonreír a la muchacha por ello, una Marcy May embelesada ante lo que ve. John Hawkes está magistral. La escena es poderosa y pone los pelos de punta. La protagonista (se llama Martha, Marcy May o Marlene dependiendo del momento narrativo) es interpretada por una prometedora Elizabeth Olsen. Logra contenerse y es dirigida a la perfección. Desde el primer momento, es capaz de transmitir el miedo, la alegría, la conmoción o el dolor que siente el personaje.
Sean Durkin se acerca con su película al cine de Bergman, al de Hitchkock. Aunque el metraje es algo excesivo (se podría contar lo mismo en menos tiempo evitando alguna repetición innecesaria) desde una excelente fotografía el director crea un clima opresivo, lleno de desesperanza y desasosiego (los tonos grises y mates de la granja, las sombras que ennegrecen la pantalla o los colores vivos y alegres que se van apagando cuando el regreso se va haciendo realidad). El temor se puede palpar. Y eso, el espectador lo recibe como una seria amenaza. Por otra parte, la verosimilitud es absoluta. Clima y protagonistas forman un conjunto demoledor.
Martha es Martha cuando se encuentra en el mundo al que perteneció y al que nunca podrá regresar aunque, físicamente, se encuentre en él. Será Marcy May cuando llegue a la granja y comience su aprendizaje. Allí todo se envuelve en mentira y en una libertad tan subyugante como la canción que el líder canta para chica. Esto lo sabemos a través de flashbacks que llegan sin previo aviso y aumentan la tensión narrativa enormemente. Pero, también, es Marlene cuando la descubrimos integrada en la secta, cuando es maestra y líder, cuando ya está convertida en un engranaje más de la trituradora de personas que es ese grupo.
La banda sonora es monocromática y se aproxima al experimento. Eso sí, cuando la escuchamos nos hace remover en el asiento. Daniel Bensi y Saunder Jurrians hicieron un trabajo de lo más fino.
Cada encuadre elegido por Sean Durkin se convierte en un fabuloso mecanismo de narrar. Busca aquí y allá, experimenta, salta la línea de lo convencional. No se puede hablar de algo así desde lo que el mercado demanda. Habría que escribir otra película. Al fin y al cabo, lo que se nos cuenta es que pertenecer a una secta es horrible. Tanto como dejarla y tratar de volver a la normalidad. Ese es un viaje duro y, seguramente, imposible. Nada que quiera saber el público después de pagar una entrada.
También es cierto que deja alguna trampa por el camino. Por ejemplo, las primeras rupturas espacio-temporales los acompaña haciendo que algún personaje mencione el nombre de la chica (bien Martha, bien Marcy May). Posiblemente, sabía que, de no ser así, la cosa sería más confusa de lo conveniente y haría que el espectador tuviera que hacer un esfuerzo extra o perdiera el hilo conductor del relato. Remarca en exceso alguno de los rasgos de los personajes (especialmente los de MMMM) que ya conocemos o intuimos con fuerza. Eso debería surgir con naturalidad desde la interpretación o desde los diálogos.
Escuchamos frases como tienes que compartirte. Y es que las mujeres son sombras. Esto es algo explícito en la película. Pero asistimos a conversaciones que inquietan al espectador por esa falta de mensaje explícito. Hay un momento en el que la chica, ya en casa de su hermana, cuestiona la forma de vida del matrimonio y defiende las ideas que se manejaban en la granja. Y no resulta descabellado. El espectador sabe que la realidad es tremenda, pero se encuentra ante un discurso lleno de ideas con una coherencia interna que asusta. El líder también lo sabe. Envuelve con esas palabras al que llega. Y lo logra. Luego, todo es tremendo aunque ya es tarde. Todos son Marlene (Patrick, el líder, lo primero que hace es cambiar el nombre de las personas, no les deja ni eso). Todos son lo mismo. No son nada.
Martha Marcy May Marlene es un excelente primer trabajo de este director al que habrá que seguir la pista. Una película dura, sin concesiones a la galería (en esto no muestra dudas el director incluso al dejar el final abierto y aspero), una película que se queda en el pensamiento como una esquirla molesta y duradera.
Tienen que verla. No se arrepentirán.
© Del Texto: Nirek Sabal


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