Kika: Almodóvar visionario

Kika es una película de Almodóvar. Eso es decir bastante. Pero si añadimos que es una película gamberra, atrevida y que indaga en territorios prohibidos, cualquiera puede suponer que la pantalla nos hace transitar territorios difíciles, zonas oscuras que tratadas desde el humor no dejan de serlo.
Kika es una película de Almodóvar que cosechó críticas terribles, muy negativas. Si añadimos, que en 1993, España seguía bebiendo ideales ultrareligiosos, más que conservadores, que cualquier novedad en el cine se miraba con recelo, que España se parecía a la España más mostrenca y mojigata; no es de extrañar que el trabajo de Almodóvar pareciese (a muchos) una acumulación de extravagancias sin sentido, una búsqueda insensata de ir un poco más allá llevado a cabo por un descerebrado.
Kika es una película que hay que volver a ver. Y es una película que acumula grandezas y errores, lo bueno y lo malo de Almodóvar. Algunas escenas son excelentes, divertidas. Otras son algo deslucidas. Algunos hilos argumentales se quedan en nada cuando requerían cierto recorrido y otras sirven de anclaje para que los personajes crezcan y desarrollen su psicología. Esto hace que la película se llene de claros y de oscuros. Más de claros que de oscuros.
Quedan cosas sin explicar que hubieran mejorado mucho el resultado final. ¿Qué pasa con el actor porno huido de la cárcel? ¿Cómo termina esa historia? ¿Por qué uno de los personajes sufre desmayos eternos y nadie da una sola explicación? ¿Por qué narrar desde el flash forward el principio del relato si no aporta nada el recurso? Y los arcos dramáticos de los personajes son muy limitados salvo en el caso de Kika (aunque la pelícua tiene como base única al personaje principal y el director trata de construir secundarios actantes para iluminar al principal, hubiera sido necesario profundizar más en alguno de ellos). Por aquí hace aguas la películas. pero abundan los claros. La escena de la violación es divertidísima y está rodada de forma magistral (y no pasa nada por frivolizar sobre algunas cosas); la entrevista al escritor es surrealista, transgresora hasta más no poder; el desenlace de la trama principal es sensato y coherente (desde el principio, Almodóvar deja pistas como para que no quepa un desenlace distinto); el colorido construye una atmósfera ideal para lo que se quiere contar (los colores cálidos siempre con Kika; los más oscuros y violentos siempre con Andrea Caracortada; y Alfredo Mayo, director de fotografía, pilotando como garantía total); el movimiento de la cámara buscando encuadres y planos diferentes, el uso de vídeos, de fotografías; todo abunda en la composición de un gran collage como los que adornan los decorados de esta película.
Kika es una película en la que se critica la televisión dedicada a husmear en lo privado, en el dolor, en lo más sucio de las personas. Viendo la película hoy, es sorprendente lo adelantado que estaba el director al mirar este asunto desde la crítica feroz. Lo que pareció en 1993 una extravagancia absurda, hoy es una realidad. Esa sí que es absurda y consentida por muchos de los que vieron la película y se llevaron las manos a la cabeza denunciando frivolidad a espuertas.
Verónica Forqué hace un papel maravilloso. Arrastra con ella todo el peso narrativo, todo el humorístico, todo el peso trágico. Es el personaje que mejor se dibuja sin lugar a dudas, el que más crece (tal vez el único de toda la película). De hecho, a partir de la escena de la violación (la de Kika) el relato se estructura de forma distinta. Hay un antes y un después en la película porque hay un antes y un depués en el personaje. Algunos entendieron muy mal el significado de esta escena. Kika modifica su relación con el resto de personajes, con el mundo entero. Pero no es la violación en sí la que provoca este cambio. Es la mentira, la traición de los cercanos lo que le destroza. Por esta razón es por la que la escena se trata desde el humor. Los diálogos en los que interviene Kika son los más jugosos, los más gamberros, los menos correctos para un moralista llegado desde tiempos difíciles. Rossy de Palma interpreta un papel divertidísimo. Y lo hace como si lo hubiera estado haciendo toda la vida. Espléndida. El personaje que acumula toda la zona oscura del guión es el que defiende Victoria Abril. Se le acusó, en su momento, de sobreactuar. Algo insólito porque resulta que Andrea Caracortada vive de sobreactuar. La única forma de hacer creíble al personaje era hacer lo que la actriz hizo. Está muy bien en su trabajo. Lo mismo de bien que Anabel Alonso. Graciosa aunque interpretando un papel muy secundario, un papel con un recorrido muy limitado. Peter Coyote, sin embargo, es la apatía personificada. Con él en pantalla se viven los momentos más anodinos de la película. Y Alex Casanovas aparece soso, muy justito.
Es verdad que Kika no es lo mejor de Almodóvar. Pero no es cierto que sea un desastre. Ni mucho menos. El director se reafirmaba en ese momento en una forma de ver la realidad, tendía a exagerar en sus guiones, aún no había descubierto que el mundo es inmenso y que un genio debe echar un vistazo a todo el conjunto.
Kika es una película de Almodóvar en estado puro. Es una película que hay que volver a ver. Porque el paso del tiempo pone todo en su justo lugar.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.