Layer Cake (Crimen organizado): Los bajos fondos desde la elegancia

El año 2004, Matthew Vaughn se estrenaba como director con el thriller Layer Cake. Mafia, droga, asesinatos, malos elegantes, malos bobos y malos muy malos.
El arranque de la película es muy prometedor, pero en el desarrollo presenta algunos problemas argumentales que empañan algo lo que podría haber sido un auténtico peliculón. La cosa se queda en un debut más que interesante.
Lo verdaderamente bueno de la película es esa mirada a las estructuras actuales de los bajos fondos. El cine negro nos mostró en sus orígenes un mundo organizado y compacto. Si conocíamos la base llegábamos a lo alto de la pirámide. Pero la realidad, ahora, es otra. Para poder operar con eficacia, una especie de caos estructural es el que abunda en el hampa. Todo está estratificado. Son tantas capas, situadas a diferentes niveles, las que forman el negocio que podríamos desmontar una de ellas y no pasaría nada de nada. Esto nos lo muestra el realizador con acierto. El otro ingrediente es el personaje principal. No conocemos su nombre aunque sabemos que es culto, educado, elegante, prudente, seductor y quiere abandonar el negocio porque sabe que ese mundo le es ajeno. Eso sí, no duda en ser un ser violento cuando se ve en peligro. Es el narrador de la trama y, por tanto, todo nos llega filtrado desde su punto de vista, desde su forma de enfrentar el mundo. El actor que encarna el papel es Daniel Craig. Muy contenido y disfrutando de su trabajo. Las mejores escenas de la película son para él (hay que pensar, por ejemplo, en la que se arrepiente y dedica todos sus esfuerzos en ahogar su penitencia con alcohol y drogas); bien rodada y un trabajo de montaje excelente. Durante toda la película se alternan planos que buscan la vivacidad narrativa y visual (cenitales y contrapicados fundamentalmente aunque los descuadres, también, son frecuentes).
Las interpretaciones son notables y se deja notar una dirección actoral cuidadosa y firme. Sienna Miller, Colm Meaney, Michael Gambon, Kenneth Cranham y Dexter Fletcher, son algunos de los actores más relevantes además de Daniel Craig.
Y hasta aquí las buenas noticias.
El gran problema es (como siempre ocurre en cine) el guión. La idea del guionista, J. J. Connolly, se queda corta y recurre a giros argumentales bruscos y carentes de un sentido y justificación suficientes. Esto hace que se complique mucho la comprensión por parte del espectador. Demasiadas vueltas de tuerca que hacen inverosímil el argumento en su zona final. Si añadimos que lo que se dice no es nada del otro mundo, la cosa se complica y termina siendo algo decepcionante.
La banda sonora no es la mejor. Al menos no está bien distribuida a lo largo del metraje. No molesta, pero ni aclara, ni matiza, ni aporta tonos a la imagen.
En cualquier caso, Layer Cake, es original, muy entretenida y podemos encontrar en ella cosas interesantes. Esos intentos que hace Vaughn rompiendo la linealidad espacio-temporal no dejan de ser atractivos aunque algo confusos en algunos tramos. La fotografía buscando las tonalidades mínimas, casi monocromáticas, aportan cierto brillo visual. Tal vez, al ser una primera película, el realizador se sintió inseguro y acudió a refugiarse en espacios comunes que empañan algo los logros. Lo peligroso de arrimarse a esos espacios tan sobados es que la cercanía con el tópico en grande (¿qué pinta la chica en todo esto? ¿Está porque en el cine negro siempre debe estar o hay otra justificación que se nos escapa?). Pero para ser justo, diré que sería muy bueno quedarse con lo mejor y perdonar lo menos bueno. Ya habrá tiempo de exigir más al autor.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.