Pactar con el diablo: Quedarse en nada

Por mucho esfuerzo que se haga, algunos asuntos son difíciles de tratar en un par de horas. El libre albedrío, pudiera caber. Pero si añadimos la soberbia como motor del mundo y a Dios, la cosa se hace imposible. Está muy bien ser ambicioso con las propuestas, pero hay que tener los pies en el suelo. Salvo que queramos dejar enunciado el asunto y poco más, es mejor elegir para profundizar en un tema y utilizar la periferia como vehículo. De otro modo, todo es periferia. Todo es vehículo de nada.
Algo de esto tiene Pactar con el diablo. Muchos asuntos a tratar y poca profundidad. A pesar de que el guión está bien armado desde un punto de vista argumental, los temas son diversos y se quedan en casi nada.
Al Pacino es John Milton. John Milton es el diablo. Y el diablo es el rey de un mundo rendido ante el dinero y la mentira. La interpretación de Al Pacino es notable. La zona expositiva de importancia narrativa recae sobre su personaje y eso suma en su favor. A pesar de aparecer tarde, se hace omnipresente. Como el diablo que interpreta. La sensación que deja su trabajo es de seguridad absoluta con un papel así entre manos. Keanu Reeves es Kevin Lomax. Lomax es abogado. Y los abogados según los guionistas (Jonathan Lemkin y Tony Gilroy) son los profesionales capaces de seguir el ritmo al mismísimo diablo. Están en todos los sitios y convierten lo más terrible en algo sin importancia. Reeves está correcto. Poco más. Cuando la situación de su personaje es extrema no termina de contenerse y tiende a exagerar. El resto del tiempo lo gasta entre sosito y adormecido. Charlize Theron es Mary Ann. Mary Ann es la enamorada, es la persona que pasa por allí y le toca vivir una situación asombrosa. Charlize Theron defiende un papel muy complicado, con registros muy diferentes a lo largo del metraje. Sale bien parada del intento. Además de bella es buena actriz.
El director Taylor Hackford filmó la película con eso. Con un buen reparto, un argumento entretenido, muchos asuntos metidos en la misma cesta y los efectos especiales y visuales adecuados. El resultado es una película irregular, con demasiados altibajos. Y es que cuando se quiere hablar de Dios no basta con poner al diablo en pantalla para que diga que Dios, su padre, es más tonto que un cubo y el listo es él. Cuando queremos hablar de libre albedrío no podemos agarrar el suicidio y explicarlo desde ese territorio porque es mucho más que eso. No se puede defender la idea de que todo lo que se mueve por el hombre es el resultado de una gran vanidad y tratar de explicarlo con un personaje vanidoso. Hay otro tipo de personas. No se puede hablar de nada sin saber de qué va el asunto. Demasiados tópicos. Puede quedarte una cosa atractiva, pero como al espectador le dé por pensar el montaje se viene abajo.
Es verdad que la película se deja ver. Es verdad que Al Pacino está bien en su papel y que, si no se presta mucha atención a lo que dice, parece que el discurso es hondo. Pero que el espectador no piense ya es otra cosa.
© Del Texto: Nirek Sabal


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