El irlandés: Una bocanada de aire fresco

Que en una película aparezcan los narcotraficantes haciendo referencias a Berttrand Russell o Dylan Thomas ya es raro y atrevido. Que el sargento de policía que va tras ellos sea un tipo cultivado aunque lo oculte, también lo es. Que aparezca un agente del FBI norteamericano para atrapar a los malos y tenga que enfrentarse con un enemigo inesperado que se llama cultura diferente no deja de ser sorprendente. Si todo eso se maquilla con una estética pop mezclada con la de un spaghetti western y rellenamos el resultado con diálogos mordaces, irónicos e inteligentes, tenemos un producto algo surrealista, muy divertido, distinto y capaz de entusiasmar.
Esto es lo que ha hecho John Michael McDonagh. Primera película. El irlandés (The guard).
Gerry Boyle es el nombre del sargento de policía. Defiende el papel un estupendo Brendan Gleeson que sobresale sobre los demás al interpretar un papel que parece escrito para que sólo él pueda hacerlo . El agente del FBI lo encarna Don Cheadle; siempre correcto. Uno de los narcotraficantes (hay varios, pero este es el más malo de los malos) es Mark Strong que convence y hace que el villano sea tan malo como corresponde.
El guión es excelente. Irreverente, mordaz, irónico, lleno de guiños. Las conversaciones entre el británico y el norteamericano son dinámicas siempre y van destapando las diferencias que hacen crecer a los dos personajes. Son el nucleo que soporta el entramado narrativo. Porque, aunque la trama principal es policial, todo queda en segundo plano para que conozcamos al personaje, su relación con el mundo y, por tanto, la confrontación entre culturas. El director maneja una subtrama en la que el policía y su madre son los protagonistas que no termina de funcionar bien (todo hay que decirlo). Posiblemente, pensó en buscar una arista al personaje que no termina de encontrar. Tal vez no existe.
Que la trama sea previsible en su desarrollo o que se pliegue al conocido y manido los polis se llevan mal y tendrán que resolver sus diferencias si quieren atrapar a los malhechores pasa a ser anecdótico por la potencia de los diálogos y algunos elementos técnicos más que notables.
Lo importante de esta película es el respiro que da a un panorama cinematográfico algo desolador. Y no sólo por la irreverencia o la socarronería de su propuesta. Los encuadres, el uso de la cámara, lo atrevido de este nuevo director al mezclar conceptos diversos y entrar en el análisis de los tabúes contemporáneos, hace percibir buen cine a la vista. Habrá que seguir muy de cerca a este tipo.
La banda sonora de la película es estupenda y casa bien con el desarrollo de la acción. No excede en protagonismo aunque es imprescindible para que todo funcione sin problemas.
El irlandés es una película que nos enseña un mundo oscuro, helado, cruel, en el que no cabe nada que tenga que ver con lo bonito de la vida si es que existe algo así. Pero lo hace desde la zona en la que nos sentimos cómodos porque todo allí se alivia; desde la fina ironía del que cree que existe la esperanza. Aunque sea en un mundo de ficción.
© Del Texto: Nirek Sabal


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