El dictador: Esteso y Pajares, pero más internacionales

Para algunas cosas hay que estar entrenado. Sin una preparación adecuada, una mala película de cine por muy cargada de gamberrismo, humor negro o ironía (burda o fina) siempre parecerá una mala película de cine.
La transgresión está muy bien si no se convierte en una acumulación de frases soeces; la crítica social está muy bien si no se convierte en repetición de lo que otros dicen sin remover la mierda para que aquello huela de pena (se diga lo que se diga la miseria lo es). Y reírse de uno mismo, del mundo que toca habitar, de los males que tenemos alrededor es un ejercicio saludable. Pero para que eso ocurra hay que ser muy fino con el humor y muy inteligente. De cualquier otro modo, la cosa queda pueril, casi ridícula.
La pareja compuesta por Larry Charles (director) y Sacha Baron Cohen (actor principal) ya lo han intentado más de una vez. Lo de ser transgresores y reírse de sí mismos haciendo carcajearse al personal, digo. Ni lo han conseguido antes ni ahora. Sus películas tienen algunas cosas divertidas. Sólo eso. Son como Fernando Esteso y Andrés Pajares en la época del destape en España (aunque Charles no se ponga delante de la cámara). Algo así. Más modernos, más atrevidos al repartir cera, pero como la pareja española. El dictador, su última película, es, además, una especie de suma. Los sumandos son El gran dictador de Charles Chaplin, El príncipe de Zamunda y Zohan: licencia para peinar. Las debieron meter en la centrifugadora, las destrozaron y les salió esto que presentan.
Los cambios respecto a sus trabajos anteriores son las rebajas en el nivel bárbaro (por ejemplo, respecto a Bruno) y abandonan el tono documental. El dictador es una comedia  con aspecto de comedia y no de falso documental (lo que se conoce como mockumentary). La película juega a burlarse de todo. Y con la excusa de pasear a un dictador extravagante todo se convierte en un intento de crítica a los países más desarrollados del mundo, a los que presumen de democracia consolidada y de derrocar dictadores tercermundistas y espantosos.
La interpretación de Sacha Baron Cohen es un monumento al histrionismo. Alguien debería decir a este hombre que, incluso para interpretar estos papeles, hay que contenerse. Los cameos de Megan Fox, John C. Reilly (este es muy divertido) y Edward Norton no tienen la más mínima importancia. Ben Kingsley hace lo que puede para no dormirse en cada toma. Y el resto pasa desapercibido por completo. Todo pasa sin pena ni gloria. La película en su conjunto será olvidada dentro de quince minutos. La trama es una idiotez. Técnicamente no se puede resaltar nada.
Un tostón inaguantable. Eso se lo garantizo. Entrene antes de ver El dictador o está perdido.
© Del Texto: Nirek Sabal


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